EL GRAN PROYECTO DE LA HISTORIA DE SONORA
E1 Dr. Samuel Ocaña García, Gobernador Constitucional del Estado, esta decidido a que durante el periodo de su administración se escriba y se publique la Historia de Sonora.
En la Junta que la Sociedad Sonorense de Historia celebró con la asistencia del Ejecutivo Estatal en Noviembre 3 anterior, así lo manifestó el Dr. Ocaña y agregó que su gobierno esta dispuesto a patrocinar el costo de la obra.
"No obstante los heroicos esfuerzos de hombres como Don Eduardo W. Villa, Don Laureano Calvo, el Profr. Sandomingo y otros distinguidos y esforzados sonorenses que han tratado de perpetuar las memorias de su tierra y de sus hombres --dijo el Gobernador--, la historia general de Sonora aún no se ha escrito y es necesario hacerlo".
Como puede apreciarse en el facsímil de la carta que aquí reproducimos y que fue enviada por el Dr. Ocaña a nuestro Presidente, el Gobernador ha encomendado a la Sociedad Sonorense de Historia la realización de dicha obra editorial.
En cada número de nuestro Boletín se ofrecerán noticias relativas a la marcha de este proyecto que indiscutiblemente significa una gran responsabilidad para la Sociedad pero también una oportunidad sin precedente en nuestra entidad para contar con una obra histórica, digna de sus hombres y de sus esfuerzos.
DELEGACION CAJEME DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA
Desde el día 9 de Septiembre de año anterior esta funcionando en Cd. Obregón, Son. la Delegación Cajeme de nuestra Sociedad Sonorense de Historia, cuyos socios rindieron la protesta de rigor ante nuestro Presidente el Ing. Armando Hopkins Durazo, precisamente ese día, en sesión-cena celebrada en un conocido resturant de aquella ciudad.
La Delegación Cajeme de la Sociedad Sonorense de Historia está integrada como sigue:
Presidente: Sr. Claudio Daubdoub S.
Vice-Presidente: Sr. Carlos Serrano Tellechea.
Secretario: Sr. Enrique Tirado.
Tesorero: Sr. Dr. Jorge Garcia Sánchez.
Vocales: Sr. Dr. Gustavo Ayala,
Sr. Dr. Oscar Sánchez Márquez, Sra. Lucrecia E. de Hernández, Sr. Ramón Iñiguez Franco y Sr. Dr. Jesus Alfonso Cadena.
Nuestro Presidente, dió la bienvenida a los nuevos socios e hizo votos por el establecimiento de una buena comunicación entre todos los miembros de la Sociedad, pugnando juntos por el conocimiento y difusión de la historia de nuestro querido Estado.
Existen los mejores propósitos entre los socios de ambas ciudades, Hermosillo y Obregón, por establecer un intercambio de trabajos e investigaciones que seguramente mantendrá viva la comunicación y el interés por el estudio de nuestra historia.
La Toma de Protesta realizada por nuestro Presidente se hizo en los siguientes términos:
"Protestan ustedes cumplir, en su carácter de nuevos miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, con los Estatutos que rigen esta Asociación, cumplir asimismo, como miembros y directivos de la Delegación Cajeme con sus estatutos particulares, y, por último, protestan ustedes desempeñar la función de organismo consultor de las autoridades, de las instituciones educativas y culturales y de la comunidad en general, con el propósito único de ampliar y difundir sus conocimientos de la Historia de Sonora y de la Patria, para así amarla y servirla mejor?".
La respuesta unánime, fuerte y prometedora fue Sí, protesto.
AUMENTO DE MEMBRESIA EN LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA
A partir de la modificación que se hiciera a los Estatutos de la Sociedad para que a la misma pudieran ingresar los SOCIOS COLABORADORES Y SOCIOS ESTUDIANTES, nuestro Directorio de Asociados se ha visto aumentado considerablemente.
Se ha obtenido con ello el propósito que la actual Directiva pretendía de, por una parte, exigir al Socio ACTIVO mayor trabajo e investigación, y, por la otra, ofrecer una audiencia mayor a la presentación de dichos trabajos para estimular al Socio en sus estudios e investigaciones.
Sin embargo, no hay duda de que la mayor ganancia obtenida por la Sociedad es el interés que nuestros trabajos han despertado en un gran numero de sonorenses, sobre todo personas jóvenes, que seguramente ayudaran a difundir cada vez mas nuestra história que a su vez ha de redundar en una mayor inquietud por conocerla mejor.
LA MEDICINA EN BATUC
Por: Angel Encinas Blanco
Batuc, río muerto o donde muere el agua en lengua ópata, fue en vida hasta 1964, año en que desapareció víctima del embalse de las aguas de la presa "Plutarco Elías Calles", el más pequeño de los 72 municipios que conformaban la división política de Sonora, pero también uno de los pueblos más antiguos de la Entidad y, por lo tanto gozó de todas las características peculiares a nuestra idiosincrasia mexicana, habiendo de pasar por épocas difíciles al margen de los adelantos de la civilización, en las cuales por no contar con servicios médicos asistenciales, hubo de recurrir a lo único con que ancestralmente disponía para hacer frente a las enfermedades que se le presentaban: la llamada ''Medicina casera", recibida en herencia de sus antepasados y trasmitida oralmente de generación a generación.
Si bien es cierto que esta medicina no siempre era efectiva, era la única que conocía, razón por la cual recurría a ella con sobrada esperanza y con la fe depositada en Dios para que obrara el prodigio de restablecer la salud a quien la había perdido. ¿Cuántas veces habrían tenido desenlaces fatales la práctica de aquellos remediajos aplicados en confusa desesperación?., pero, asimismo ¿cuántas serian las ocasiones en que aquéllos actuaban positivamente para afianzar la creencia en la bondad de los mismos?. Imposible averiguarlo, pero el caso es que aquella práctica continuó en vigor, todavía cuando la Medicina como ciencia tocó a sus puertas, con la llegada al pueblo de los primeros estudiantes que realizaban su servicio social en él, y, a últimas fechas de la vida de Batuc, cuando la Secretaría de Salubridad y Asistencia estableció un Centro Médico, acontecimiento ocurrido en el año de 1950 y cuya vigencia fue corta dado que aquel conglomerado humano ya tenía contados los días de su vida.
No contamos con datos que nos esclarezcan la verdad acerca de la medicina utilizada por los aborígenes de Batuc, los ópatas de la rama Teguis, aunque es de suponerse, estuvo a cargo de hechiceros, quienes con sus métodos que les eran característicos hacían frente a las enfermedades; y, desde luego, debió tratarse de una medicina a base de hierbas.
De las enfermedades epidémicas que han azotado nuestro país, podemos mencionar como generalizadas en todo o casi todo el territorio patrio, las siguientes:
1. En 1975 hubo una Peste general en la Nueva España, que consistía en calenturas muy altas y fuertes dolores de estómago que al quinto o sexto día mataba al enfermo, de la cual murieron las dos terceras partes de la población, sin saberse si afectó o no a Batuc, aunque es posible que no se haya sentido en él. (2)
2. La Fiebre Amarilla, originada en Panamá, de donde fue llevada por barco a Mazatlán y de ahí a Guaymas por uno de los 21 pasajeros del vapor "Estado de Sonora", de nombre P. Foncerrada y que atracó el 26 de Septiembre de 1883, según el parte rendido por el Capitán del Puerto Ricardo Pallás. "No se tenia ninguna noticia de la epidemia --dice Alfonso Iberri en su "Viejo Guaymas"-, el barco venia amparado por su gula sanitaria y tres horas después de haber atracado enfermaron dos pasajeros que fallecieron enseguida. Inicialmente no se tomaron precauciones porque nadie creyó que se trataba de la Fiebre Amarilla; pero como la epidemia cundió y en pocos días se infestaron Guaymas y Hermosillo, se constituyó una Junta de Salud ...."; no obstante, esta epidemia que duró tres largos años, atacó con mayor furia a Guaymas, en donde perecieron a causa de ella: 928 personas y a Hermosillo, en donde la enfermedad cobró 316 víctimas. En el Distrito de Ures los muertos fueron 11 pero no llegó a Batuc.
3.- En 1886 la Viruela Negra hizo su aparición en Guaymas, en donde perecieron algunas personas y pocas en Hermosillo y en el mineral de Las Prietas. La oportuna distribución de la vacuna respectiva a todos los distritos de la Entidad evitó su propagación, razón por la cual no atacó a Batuc.
4. Originada en el Lejano Oriente, la Peste Bubónica pasó a San Francisco y de ahí a Mazatlán, en donde, gracias a la oportuna actuación del encargado del Consejo Superior de Salud de México (antecesora de la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública), el eminente Dr. Eduardo Liceaga, quién desde luego se trasladó al puerto sinaloense, imponiendo severa y rigurosa cuarentena y supervisión a los barcos entrantes y salientes, evitó mayor propagación, pero ya había cundido a Guaymas en donde se dejó sentir en 1903 aunque no muy grave. No llegó a Batuc.
De las siguientes epidemias si hay constancia de haber atacado a Batuc:
a) En 1658, Batuc y todos los pueblos circunvecinos de la región del Río Yaqui, como lo eran Los Nebomes pertenecientes a la familia Pima, divididos en: Altos con asiento en Movas, Nuri y Onavas y Bajos en las misiones de Cumuripa, Suaqui Grande y Tecorpia, se vieron afectados por una contagiosa Peste cuyo foco se localizó en Movas y Nuri. De su paso por Batuc desconocemos sus efectos.
b) El Cólera - Morbus dos veces se dejó sentir en la República y en el Estado durante el siglo XIX, siendo la primera en 1833, la cual no fue de la intensidad de la segunda que apareció en Noviembre de 1850, habiendo sido traída la enfermedad por un barco de pasajeros que arribó a Guaymas procedente de San Francisco, California, y en pocos meses se extendió a todo el Estado, generalizándose en nuestro país a todo lo largo y ancho del mismo. En Culiacán, tan sólo en seis días del mes de Julio de 1851 murieron más de dos mil personas y en la Parroquia de Altar fallecieron 1116 por su causa. "Terribles calambres acompañados de fuertes dolores de estómago y evacuaciones constantes producían en pocas horas la muerte.
En Sonora la epidemia se dejó sentir con rigor y, particularmente en la Prefectura de Oposura (Moctezuma) a la que pertenecía Batuc desde 1829, fueron afectados los pueblos de Moctezuma, Huásabas, Tepache y Batuc, tal como lo refiere el gran filántropo Coronel José Ignacio Terán y Tato a la sazón Prefecto del Partido de Moctezuma, en misiva dirigida al Gobernador fechada el 25 de Marzo de 1851 en la Villa de Moctezuma:" ... De Batuc sabe esta Prefectura que dicha epidemia ejerce su rigor con gran fuerza, después diré a V.S. el resultado, por que hoy no se otra cosa sino es que ha invadido con fuerza terrible..."
Cabe hacer notar que durante ese período de crisis, la Prefectura de Moctezuma recurrió a los únicos medios de solución al alcance de su mano: solicitó un préstamo a manera de impuestos anticipados con el contratista de mezcal Sr. Darío Arbim en la parte económica y al único médico en todo el Partido, el Dr. Marune, quien hizo lo poco que podía dados los exiguos medios disponibles. Dice Terán y Tato con fecha primero de Abril de 1851 " .... Por lo que respecta a facultativos que puedan asistir a la gente y clase menesterosa en esta terrible Epidemia no se que haya otros que el Doctor Marune en esta Villa, en los demás Pueblos no hay ninguno otro Doctor por lo que respecta aquí sea portado y Aorta con buena filantropía y no me es posible menospreciar sus servicios y lo dejo todo a la consideración de V.E. que sabrá apreciar los servicios de un Extranjero Filantrópico..."
c) Vómito Prieto se le llamó en Batuc a la epidemia que habiendo aparecido en Tampico, Tamps., en 1890, se difundió a toda la República y fue sentida en Batuc aunque no causó mayores estragos ya que fue leve su aparición.
d) La Influenza Española. En los últimos días del mes de Diciembre de 1918, hizo su aparición en Batuc, al igual que en el resto del Estado, la terrible epidemia conocida con el nombre de Influenza Española, originada en Europa, al finalizar la Primera Guerra Mundial, y que, entre paréntesis, cobró más víctimas que la misma conflagración, ya que mató a 25 millones de personas. En Batuc se presentó con tanta intensidad que fueron pocas las personas que escaparon a su contagio, contándose entre éstas a mi padre, el Sr. Angel B. Encinas, y quien cuenta por la que pasó mi pueblo:
Contadas fueron las personas que escaparon a tan pernicioso padecimiento; familias enteras cayeron postradas en cama simultáneamente. Como el pueblo carecía de médico en aquella época, la enfermedad era combatida con remedios caseros que no surtían efecto favorable alguno, siendo de advertirse, además, que por tratarse de una enfermedad nueva y desconocida por completo la que intempestivamente se presentó, los médicos --en donde los había-- no encontraron la forma de combatirla.
La escasez de alimentos entre las familias humildes, contribuyó a que la plaga ocasionara más víctimas, pues, imposibilitada como se encontraba la familia entera para proveerse de los más elementales artículos de subsistencia, pasaban grandes necesidades. Era a la sazón presidente municipal, don Joaquín S. Blanco, quien desde el lecho enfermo, dictaba las medidas más urgentes del caso y nombró una comisión que se encargó de repartir, entre las personas más necesitadas, artículos alimenticios, pero que fueron en cantidades limitadas dada la escasez de ellos. Por otra parte, en la mayoría de las familias no había ningún miembro sano que se encargara de la confección de los alimentos, constituyéndose todo ello en el mejor aliado de la enfermedad.
Notable fue el número de defunciones registradas en más o menos 10 días que duró la epidemia. Fallecieron 115 personas, más del 10% de la población (El Censo de 1910 había arrojado 1043 habitantes). Hubo días en que perecieron 15 de ellas. Para dar sepultura a tantos cadáveres, se integró una brigada de voluntarios y heroicos vecinos, compuesta por los señores Ignacio Peñúñuri, Juan Silvas, Pastor Quintana y Manuel Munguía, quienes no sufrieron el menor resfriado, gracias a que "le entraron duro y tupido todo el tiempo al Bacanora", bebida que ingirieron en grandes cantidades y que vino a comprobarse resultó la más eficaz medicina para aquel mal desconocido por completo. Naturalmente, el sepelio se hacía sin ataúdes ya que no había quien los hiciera: se envolvía el cadáver en una sábana o petate y .... ¡al hoyo !.
En Octubre de 1918 se tuvo noticia de que en el sur de los Estados Unidos de Norteamérica estaba cundiendo de manera alarmante la epidemia, por lo que el entonces Gobernador de Sonora, Gral. Plutarco Elías Calles alertó a las poblaciones fronterizas, habiendo penetrado a la Entidad en Noviembre. Medidas preventivas se tomaron de todo género, una de las más importantes fue el cierre temporal de todas las escuelas. Se hizo circular un Manifiesto del Consejo Superior de Salubridad de México, expedido el mes de Noviembre, conteniendo las medidas profilácticas del caso.
Fue hasta el ya avanzado medio siglo XX, cuando se contó en el pueblo con un médico de planta, habiéndose conformado hasta entonces con visitas periódicas o estancias temporales de alguno de ellos en Batuc. El primer médico del que se tiene noticia visitó en Batuc, lo fue el Dr. John Burton, quien después de haber radicado en Hermosillo, se avecindó en Suáqui, a donde debió haber llegado en 1905 ó 1906, pero ya estaba dedicado a la minería en 1910, aunque también atendía enfermos tanto de Suáqui como de Batuc. En 1911 se estableció en Batuc el Dr. Vicente Pedrassi de origen italiano, y en 1913 el Dr. Sáenz, de tal suerte que cuando éste se marchó del pueblo, le hacia visitas periódicas, desde Sahuaripa, el Dr. Wright. En 1929 vivió en el pueblo un doctor de nacionalidad alemana, ya entrado en años y con un defecto en una pierna, por lo que se le conoció como el "Doctor chueco" ya que la gente no podía pronunciar su nombre. Transcurrió algún tiempo sin que ningún médico atendiera en el pueblo hasta que a fines de 1940 llegó a efectuar su servicio social respectivo Narciso Leija Medina. De ahí en adelante ya no faltaron pasantes hasta que Servicios Coordinados de Salubridad inauguró el 3 de Mayo de 1950 un Centro Médico de Salud bajo la dirección del Dr. Miguel Díaz Villanueva y que prestó sus servicios hasta la desaparición del pueblo, a mediados de 1964.
Con médico o no en el pueblo, siempre hubo personas que, sin haber adquirido el más elemental conocimiento alguno de Medicina, se dedicaron a "curar" en Batuc, tales como Ramón Barrios, los chinos Vicente, José Chón y Joaquín. Famosa curandera fue doña Cenobia Sosa de Acosta, de Cumuripa. Aunque nunca lo hizo en Batuc, pero siendo originario de él, Mariano Salido se ha dedicado al oficio de "charlatán - curandero" durante toda su vida por esos pueblos de Sonora tan atrasados que contratan sus servicios.
Sin poder aplicarle el título de charlatán, el Sr. Rosendo Castillo Ortíz sacó muelas con tenazas y como anestesia le data a tomar al doliente un buen "fajo de Bacanora".
A continuación se presentan algunos ejemplos de las enfermedades con el nombre con que se les conoció en Batuc y su cura correspondiente, en aquellos difíciles tiempos en los cuales la gente inocente, por ignorancia todo lo creían para el empleo de remediajos que no siempre fueron efectivos, pero al menos, sirvieron en no pocas veces con magníficos resultados... tal vez por obra de la casualidad o de la magnificencia del Creador.
"Insulto" se le llamaba a la congestión provocada por exceso en el comer y beber y se curaba con una unción de infundia o unto sin sal.
"Caída de Mollera", propio de niños a quienes se les sumía la parte de la cabeza entre el frontal, los parietales y el occipital. Se curaba volteando al infante cabeza abajo y con el dedo pulgar se oprimía el paladar. Caso muy frecuente.
"Se le fue la Tripa" o impresión causada por algo imprevisto o, por mejor decir, un susto mayúsculo. Se curaba tomando un vaso de agua con azúcar y, entre los hombres, con un trago grande de Bacanora.
"Maldiojo" o conjuntivitis, enfermedad que atacaba sobre todo a los niños y que era una verdadera epidemia. Cerraba a tal grado los párpados de los ojos que imposibilitaba toda visión y que era causada, en la inmensa mayoría de los casos, por la falta de higiene: palabra desconocida por completo. Se curaba con Mezquitillo: las hojas más tiernas del mezquite, puestas a hervir en agua y se lavaba con ella los ojos. Y había otra cura que hasta un servidor la usó: con la primera orina de la mañana, lavarse los ojos.
"Alferecía" o calentura alta con convulsiones,' enfermedad que se curaba dándole de beber orines al enfermo.
"Empacho" que no era otra cosa que algún alimento que se quedaba pegado a las paredes del estómago y que formaba un quiste. Se curaba con azar con (óxido de plomo) en polvo, dándole de tomar el contenido de media cuchara al "empachado". Hubo casos en los cuales, ya existiendo médico en el pueblo lo que no pudo sanar los conocimientos médicos lo hizo el azarcón.
"El Malesito" se le llamó a la enfermedad que causaba mayor pavor entre las gentes: la tuberculosis. Se curaba con berros hervidos comidos en abundancia... si es que llegaba a curarse.
"Holguillo" o bronquitis. Se curaba con fomentos calientes y aceite de comer untado en el pecho y manteca de puerco con azúcar dado a tomar, o también con pedazos de cebolla morada aplicados en parches y, después de baño maría, tomado.
A la "Tripona" o embarazada, para tener un buen alumbramiento se le daba a tomar Pajoso (excremento de burro) cocido. Y en los momentos difíciles del acto de dar a luz, a manera de poder soportar el dolor, se le daba a tomar un vaso grande de Bacanora. Quien había dado a luz, debía guardar rigurosa cuarentena, consistente en que durante 40 días exactos no habría de bañarse ni tan sólo mojarse. Pero lo bueno, resultaba cuando se habían tenido gemelos. Para que no se le acabara la leche a la madre, ésta debería traer en todo momento una cobija en la espalda sobre los hombros, en tanto duraba la lactancia del infante.
"Aldilla Reventada" se le llamó a una hernia que se reventaba por la falta de atención a tiempo. Se curaba dándole de beber al enfermo sangre de tortuga recién muerta y con cataplasmas que no se quitaban hasta en tanto no cicatrizaba.
Contra la picada de víbora se le daba de comer excremento humano recién depositado, y para el caso de picadas de alacrán, que eran tan frecuentes: hojas de Colombo (planta de ornato de hojas amarillas) restregada y luego lavados y quien podía adquirir una medicina:
"Alacranina", la usaba para heridas y cortadas con vidrios o clavos por mohosos que fueran, se usaba el petróleo.
A una persona a quien le abrieron la cabeza de un botellazo en un pleito de cantina, le aplicaron Garnasa de Baqueta (pelusa de la parte no fina de los cueros curtidos) para calmar la hemorragia y se le untó Pajoso (excremento de burro) para que cicatrizara.
Para combatir las úlceras se les daba de comer "cuacha" (excremento de gallina), pero tenía que ser de color café. En 1931, murió Manuel Molina Molina a los 21 años de edad, víctima de una úlcera cancerosa, por más cuacha de todos los colores que le dieron. .
Hasta para un simple dolor de cabeza, había su cura muy peculiar: se aplicaban hojas de parra o de higuerilla calentadas en aceite de comer y se liaba la cabeza con un "melindre" o pedazo de tela bien ajustado, y una vez desaparecido el dolor, decíase: "Ya absorvió la fiebre".
"El Hermano Juan" (Juan Arvizu) lo recomienda: tomar grillos cocidos para quitar el hipo.
A una señora a quien se le iba a amputar una pierna debido a la infección provocada por una herida que se había gangrenado, se le aplicó de víbora de cascabel y éste puesto a secar y convertido en polvo, se le aplicó a la herida hasta que cicatrizó, recobrando la pierna el movimiento normal.
Contra el reumatismo a Manuel Romero (a) El Patato, se le sometió a lo siguiente: en un costal lleno de abejas se le introdujo la pierna dolorida de Manuel y se cerró herméticamente para que le picaran sin piedad: quitándosele el dolor reumático, pero le quedó el dolor provocado por tanto piquete. Al parecer, resultó peor el remedio que la enfermedad.
Como remedio contra las enfermedades venéreas, a los hombres que la padecían, Francisco Encinas que era el experto, les daba a tomar zopilotes cocidos.
No se crea que en todas las curaciones salía a relucir la más elemental asepsia, habiéndose dado pocos casos en cuales campeó aquella palabra que no conocían la mayoría de las personas. E1 Sr. Serafín Colsa Diego, de Santander, España, llegado a Batuc en la juventud y en donde radicó hasta su muerte, en cada uno de los alumbramientos de su esposa y de sus hijas, exigía, con no cierta reticencia de las matronas, el que no fumaran, se cortaran las uñas, utilizaran, bastante agua, sábanas y toallas limpias y se esterilizara, mediante el fuego, las tijeras a utilizar. ¡Es que nadie observa estas elementales reglas de higiene!. Esta palabra brillaba por su ausencia y observancia y como único desinfectante se utilizaba una sartén con brasas en donde se colocaban azufre, café tostado, cáscara de granada (cuando la había, de tal suerte que cuando llegaba a comerse este fruto, se guardaba su cáscara como si fuera "oro molido") y cáscara de naranja; dichos sartenes se colocaban en los rincones de las piezas cerradas con sus puertas y ventanas. Y para evitar epidemias, ya fuera de sarampión, viruela a otras, esos sartenes se usaban como fumigantes enfrente de las puertas por donde habría de pasar la gente.
Uso generalizado desde la noche del olvido, fue la utilización de hierbas medicinales, de cuyo use no podemos decir hayan sido producto de la ignorancia, pues es bien sabida las propiedades terapéuticas de muchas de ellas; además, si no se conocían otros medios de cura, pues se explica fácilmente su empleo. Veamos algunas:
Hierbas del Pasmo, remedio contra todo género de pasmos o hinchazones. Se usaba frita en aceite y sebo y se untaba.
Hierbas de la Víbora para calenturas o fiebres: bebiendo su cocimiento.
Hierba del Manzo cocida aplicando un sorbo sobre las muelas para combatir su dolor. Bebida, quitaba las "congojas" o ansias; frita en sebo, servía al "buen parir" y también curaba heridas frescas. Pero sobre todo, para las hemorroides en baños de asiento, muy útil.
Hierba de la Flecha, cuya leche abría tumores difíciles.
Hierba del Indio para bajar la temperatura alta o cualquier dolor. Se daba molida en agua tibia o, bien, masticada.
Hierba Colorada, en gárgaras, cocida para dolores de amígdalas, muy eficaz.
Chicura. Sus hojas calentadas en brasas y puestas sobre el vientre quitaba los dolores del parto.
Flor de Obelisco tomada cocida contra la tos.
El Palo del Brasil cocido y tomado como agua de use contra las várices y para activar la circulación de la sangre en las extremidades inferiores.
La Hediondilla contra reumatismo: tomada, untada y preferentemente, baños de ella.
Para la presión alta, el te de la hoja de zapote; el te de la hoja de olivo para combatir el colesterol en la sangre; el té de Orégano para la tos; el té de las Barbas de Elote contra el Mal de Orín; el de la Cáscara de Lima contra la disentería; el de Estafiate contra la diarrea.
Masticado, el Sangrengado, para fortalecimiento de las encías.
Malva cocida se utilizaba en lavados como desinfectante en las parturientas.
Tomada cocida la flor de la Rosa de Castilla contra el estreñimiento. Las flores del Micle, arbusto de flores rojas, tomadas como te para controlar la presión.
Al guaje del Ayal, hecho un orificio al que se le ponía Bacanora y se tomaba para arrojar las postemas. Había que cambiarle el agua cada tres días, a lo máximo, por ser demasiado fétido el olor que despide.
Las Tres Hierbas (Albahaca, Hierbabuena y Epazote) contra los cólicos o dolores de estómago.
La Pionilla como te para infecciones de la garganta y molida y untada, para cicatrizar llagas, las que al crecer se les llamaba "causas".
Cocido y tomado el Cadillo (bolas espinosas en forma ovalada que se adhieren a las colas de los cuadrúpedos), servía para arrojar las piedras del estómago.
Dos hijos de Bartolo Othón se envenenaron al comer Toloache y los curó Ramón Barrios con Malva tomada en agua hervida con sal y baños con Gallinita (planta enredadera silvestre de color amarillo, semejante a una gallina clueca y cuyos huevecillos pueden comerse). Ya en la convalecencia, se les aplicó baños de agua con salvado.
La chúcata del Torote para curar llagas y su película que tiene alrededor el tallo, se aplica como tela adhesiva.
El Batamote untado para las inflamaciones y la Cabeza de Viejo para el dolor de oído.
La corteza del Guamúchil en gárgaras para las amígdalas y de Cilantro para las postemillas.
La Balladona contra el asma: La abuela materna del autor, Sra. Francisca Peñúñuri de Blanco, padeció de asma desde los 18 años de edad, y a base de una buena dieta de alimentos sin grasa y sin sal principalmente y tomando unas pastillas que le recetaba y pedía a "la Gran China", Joaquín de origen oriental radicado en Batuc, logró sanar por completo una vez pasados los 60 años, habiendo fallecido, ya libre del padecimiento que la aquejó por espacio de unos 45 años, a los 89 de edad.
Una planta muy completa por su uso, el Mastuerzo: como ornato toda la planta, las hojas tiernas para ensaladas y como quelites, la flor en te para "rejuvenecer" y fortificar la decadencia en el hombre, y la semilla verde machacada y hervida con azúcar para la bronquitis, sobre todo en los niños.
A la Damiana, raíz hervida en agua y tomada, se le atribuyen poderes "milagrosos" para la fecundidad en mujeres estériles, habiéndose contado infinidad los casos en los cuales su buen resultado ha servido para propagar su utilización siempre y cuando "se le tenga fe". Se le han atribuido, además, poderes afrodisíacos.
En Batuc crecía profusamente en los jardines la Amapola, planta que era utilizada como ornato por sus flores rojas tan aromáticas, y para calmar dolores se untaba molida en la sien (parietales) para adormecer al enfermo, razón por la cual se le llamaba Adormidera. Sólo los chinos que vivieron en el pueblo se aprovecharon de ella para el use de todos conocido: como estupefaciente. Uno de estos orientales, durante mucho tiempo la estuvo sembrando y cuando alguien le preguntaba qué era, respondía: "Tú, no pregunta" y continuaba siembra que siembra para use personal. Al chino Josesón (José Chón), siempre se le veía muy coloradito y la sonrisa a flor de labios, recargado en el respaldo de la silla a la puerta de su casa, "tronándose su macucho" feliz, viendo la vida pasar.
Ni el mismo autor de este trabajo pudo sustraerse al hecho de tener que recurrir a esta clase de remedios que hoy en día causan alarma a cualquiera persona sensata. Siendo muy niño (1939), se cayó del mostrador de la tienda propiedad de su padre, Angel B. Encinas y se le formó en la frente una bolita del tamaño de una canica, demasiado blandita. Una señora de Tepupa de apellido Franco, le abrió con una navaja de afeitar y le aplicó un emplasto de buñiga (excremento de vaca) calentada. ¡Y hay que ver lo bien que cicatrizó la herida!, de tal manera que es casi imperceptible. Y pensar que de ello han transcurrido 41 largos años, de los cuales tenemos algo que contar
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
(1) Pbro. Flavio Molina Molina; Nombres Indígenas de Sonora y su Traducción al Español, Hermosillo, 1972 pág. 18.
(2) Cartas Annuas de los misioneros jesuitas a sus superiores. Manuscritos del Archivo General de la Nación.
(3) Cartas Annuas de los misioneros jesuitas a sus superiores. Manuscritos del Archivo General de la Nación.
(4) Carta del jesuita Juan de Mendoza a sus superiores. Manuscrito del Archivo General de la Nación.
(5) Carta del jesuita Juan Fernando Cabero a sus superiores. Manuscrito del Archivo General de la Nación.
(6) Francisco Almada: Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorense; Chihuahua, 1952.
(7) Roberto Acosta: Apuntes Históricos Sonorenses; Págs. 148-150.
(8) Francisco Almada: Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorense; Chihuahua, 1952.
(9) Archivo Histórico del Estado de Sonora. Manuscritos de 1883.
(10) Archivo Histórico del Estado de Sonora. Manuscritos de los años 1883, 1884 y 1885.
(11) "La Constitución", periódico del Gobierno del Estado de Sonora; Agosto 27, Septiembre 24 y Noviembre 26 de 1886.
12) "La Constitución", periódico del Gobierno del Estado de Sonora: Abril a Octubre de 1903.
VISITA DEL C. GOBERNADOR A LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA
En la reunión ordinaria de la Sociedad Sonorense de Historia celebrada el día 3 de Noviembre de 1981, contamos con la distinguida presencia del Presidente Honorario de la Sociedad, el Dr. Samuel Ocaña García, Gobernador Constitucional del Estado, de quien recibimos muy alentadoras palabras.
Nos participó e1 Sr. Gobernador los valiosos proyectos que su administración está realizando en apoyo del estudio y conocimiento de la historia de nuestra Patria Chica. Así, nos dijo que el Gobierno del Estado adquirió en propiedad la famosa Casa de la Familia Salcido en la pintoresca ciudad de Alamos y que se dispone a instalar en ella, utilizando su mobiliario y valiosos objetos que la adornan, el Museo Sonorense de1 Siglo XIX.
Así mismo en la ciudad de Cananea se está estableciendo el Museo Tecnológico de Sonora, contando para ello con la valiosa colaboración de la Cía. Minera de Cananea que cederá equipo y maquinaria que estuvieron en operación en principios del siglo.
Acerca del Museo de la Historia de Sonora que había planeado instalar en los terrenos conocidos como "Vado del Río" en esta ciudad y que resultaron inconvenientes para la construcción proyectada y por lo tanto desechados, se está aún en busca de un terreno apropiado, pero se tiene también la firme voluntad de llevar al cabo dicho proyecto.
Nos dió a conocer también el Dr. Ocaña que ya son 13 los títulos de libros de autores sonorenses o relativos a la historia de Sonora que su Gobierno ha ordenado reimprimir. Así que libros cuyas ediciones se encontraban totalmente agotadas han vuelto a la circulación.
Pero indiscutiblemente que la noticia ofrecida por el Sr. Gobernador que más regocijo causara entre nuestros asociados fue la exposición que nos hiciera de su idea de patrocinar la elaboración de la Historia General de Sonora, de cuyo proyecto damos cuenta en nota por separado en este mismo número.
Nuestro Presidente, el Sr. Ing. Armando Hopkins Durazo, agradeció al Sr. Gobernador el magnífico respaldo que su Gobierno viene otorgando a la cultura histórica y en reconocimiento a su labor le impuso el escudo de nuestra Sociedad.
EXITO DEL VII SIMPOSIO DE HISTORIA DE SONORA
Con gran éxito se celebró, los días 25, 26, 27 y 28 de Noviembre anterior, el Séptimo Simposio, de Historia de Sonora que organiza el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Sonora.
Este fue sin duda el más concurrido y lucido de los siete eventos hasta ahora realizados y el primero en el que se aceptaron trabajos relacionados con la historia de todo el Noroeste de México y no solamente de nuestra entidad.
Oportunamente la Directiva de nuestra Sociedad extendió una calurosa felicitación a sus organizadores, el Lic. Juan Antonio Ruibal Corella y Profr. Armando Quijada, Director del Instituto de Investigaciones Históricas y Director del Museo de Historia de Sonora, respectivamente y ambos valiosos miembros activos de nuestra Sociedad por el magnífico trabajo realizado.
En esta ocasión nos complace reiterar dicha merecida felicitación y hacerla extensiva a cada uno de los 17 miembros de nuestra Sociedad Sonorense de Historia que colaboraron al lucimiento del evento con la presentación en el mismo de valiosos trabajos sobre hechos o personalidades de la historia de Sonora.
Esas 17 intervenciones de nuestros compañeros significaron casi el 50% del total de exposiciones o ponencias presentadas en el Simposio, lo que habla muy bien de la colaboración que nuestros asociados brindan a este evento ya tradicional y de cuya celebración nos sentimos tan orgullosos.
PRESEA A NUESTRO SECRETARIO
En una ceremonia muy lucida que tuvo lugar en el Auditorio del Instituto Tecnológico de Sonora en Cd. Obregón, el día lo. de Diciembre anterior, se entregaron los "Yaquis de Oro" con que se distingue a las personas que durante el año sobresalieron en una actividad cultural, periodística, deportiva etc., a nivel estatal.
El Sr. Gilberto Escoboza Gámez Secretario de nuestra Sociedad Sonorense de Historia, quien además es Cronista de la Ciudad de Hermosillo, recibió la citada presea, en mérito a sus amenas documentadas crónicas histórica que con periódica asiduidad presenta por televisión y en la prensa local, sobre personajes y hechos relacionados con la vida hermosillense.
Por este conducto enviamos una calurosa felicitación a nuestro compañero y amigo, congratulándonos de que su valiosa labor haya sido reconocida y deseándole éxitos futuros similares en su actividad.
INSOLITO CASO EN EL F.C. SUD-PACIFICO
Por: Epifanio Zamorano Ramos
Allá por el mes de Junio de 1946 acaeció en Sonora un hecho insólito, quizá único, en la historia de los Ferrocarriles; un furgón cargado con madera se desprendió de un convoy en preparación y corrió sin control una distancia de 73 kilómetros, pasó sobre un cambio de vía cerrado, y, sin llegar a descarrilarse, fue a detenerse por sí mismo en la estación a que venía consignado.
Por los primeros días de Junio de 1946, cuando aún cruzaban los campos sonorenses haciendo oír sus agudos y musicales silbatos, las inolvidables locomotoras de vapor que llenaron toda una época de la historia de los Ferrocarriles y cuando todavía la Estación Carbó ostentaba la categoría de Terminal de Distrito del F.C. Sud-Pacífico de México, llegó a aquella Terminal de tránsito en uno de los trenes procedentes de Nogales, el furgón N.W. 47319 conteniendo madera documentada en Springfield, Missouri,. consignado a Carlos V. Escalante, en Hermosillo, Son.
El día 8 de Junio al entrar en servicio el turno de 2 a 9 horas de la tripulación de patio, compuesta por el Jefe Francisco Reyna Terán, y los Garroteros José Arreola C., Jorge Félix Gómez V. y Francisco Saralegui M., dieron principio a sus labores con la formación de un convoy que sería movilizado aquella misma mañana por el Tren Extra 1761 Sur.
Por ser de reglamento y costumbre en estos caso, fueron colocándose los furgones por orden de estación de destino, tocándole ser colocado en la parte sur al vagón de referencia y ya sea por la falla de los frenos, o que éstos fueron indebidamente aplicados, el hecho es que aquella unidad se desprendió de las demás y empezó a desplazarse hacia el sur, primero casi imperceptiblemente, y poco después tomando velocidad, lo cual ocurrió como a las 3:15 horas.
El primero en advertir aquel deslizamiento fue el Telegrafista J. Liborio Arvizu, quién lo comunicó al Jefe de Patio, y aunque se trató de darle alcance con la máquina de patio, no dió resultado por falta de presión del vapor y fallas de los inyectores.
De inmediato se dió aviso por la vía telegráfica al Despachador de Trenes de Empalme, quién con la urgencia del caso giró por la misma vía las instrucciones pertinentes tendientes a evitar un choque. Se comunicó a Estación Pesqueira para que colocaran el descarrilador, pero cuando logró la comunicación, el furgón sin control ya había traspasado aquel lunar y se desplazaba como bólido hacia el sur, dándose después el rarísimo caso de que aquella unidad loca entrara por la pierna norte de la "Y" que existía en Unión, cerca de la actual Central de Autobuses de Hermosillo, brincara sin descarrilarse el cambio de vía en aquel sitio, perdiendo velocidad continuara rumbo a la antigua Estación del Ferrocarril en esta ciudad, y dócilmente, como obedeciendo una orden, llegara a pararse en la vía principal, frente al Molino Harinero La Fama.
Quien esto escribe ocupaba en aquella fecha el puesto de Ayudante del Jefe de Tomadores de Tiempo en la División Sonora, del F.C. Sud-Pacífico de México, con residencia en Empalme, por razón de mi trabajo me servía de los hojas usadas por los Despachadores para registrar los movimientos diarios de trenes, para, a mi vez, confrontar tarjetas de tiempo de salidas y llegadas de trenes etc., y por ello, tuve la oportunidad de ver en la hoja correspondiente a la fecha citada que la Oficina de Despachadores registró corriendo entre Carbó y Hermosillo el Tren Extra N.W. 47319-Sur; o sea que en alguna forma debieron considerar aquel extraño desplazamiento, y se le dió el carácter de Tren Extra.
