ACTIVIDADES EN LAS DELEGACIONES DE LA SS.H.

La Delegación de la Sociedad Sonorense de Historia en Nogales que publica un Boletín trimestral sacó a luz el número correspondiente a los meses Abril-Junio del presente año. El Boletín presenta como artículo de fondo el titulado "LA ULTIMA CORRERIA DEL APACHE GERONIMO POR EL DISTRITO DE MAGDALENA" escrito por el Ing. Alberto Suárez Barnett. Este es un interesante y bien documentado trabajo sobre "un hombre que luchó para mantener su forma de vida, sus costumbres y la tradición cultural de su nación. La leyenda de su nombre continúa en el Estado, tal vez como homenaje inconsciente de nuestro pueblo a su memoria".

En la propia Delegación de Nogales se inició un curso sobre Historia de Sonora con una magnífica asistencia. El curso es gratuito y se acompaña con apuntes sobre la historia sonorense que pueden coleccionarse. Una magnífica idea que ojalá sea imitada en las otras Delegaciones y en esta capital.

En la ciudad de Navojoa, se han unido varias personas interesadas en integrar la Delegación en esa ciudad bajo la promoción del Sr. Profr: Alfredo Larrañaga, esperamos que al salir a la luz este Boletín ya se haya llevado al cabo el evento formal que se viene programando.

Se recuerda a todos los miembros de la Sociedad que las páginas de este Boletín están a su disposición, Envíenos los trabajos que presentan en sus juntas, con gusto los publicaremos en cuanto tengamos oportunidad.

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NUEVA DELEGACION EN CANANEA
Por: Ana Sylvia Laborín Abascal


En Cananea, ciudad sonorense de gran tradición histórica, asiento del mineral de cobre más famoso del País, y escenario de las primeras luchas sociales que hicieron surgir el movimiento revolucionario mexicano, se constituyó formalmente el día 5 de Julio pasado, la cuarta delegación foránea en el Estado de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C.

Para estar presentes en esta ceremonia se trasladaron desde Hermosillo algunos Socios de nuestra Sociedad, encabezados por el Sr. Gilberto Escobosa G., quien en su caracter de ler. Vice-Presidente llevó la representación del presidente de la Sociedad. De la capital asistieron el Profr. Armando Quijada, la Mtra. Cynthia R. de Murrieta, Epifanio Zamorano, Arq. Félix Uribe y Lic. Juan José Gracida.

El evento de toma de protesta se llevó a cabo en el patio de la famosa a histórica Cárcel de Cananea, convertida actualmente en museo de la Revolución Mexicana. En punto de las 21:30 horas se tomó la protesta a la primera Mesa Directiva de la Delegación Cananea; la cual quedó integrada como sigue:
Presidente: Dr. J. Alberto Durazo
Secretario: Mario Bustamante.
Tesorero: Jesús Rivera Millán
1er. Vocal: Nina Campoy de Acuña
2do. Vocal: Mario Moya.

Entre la distinguida concurrencia se encontraban varios representantes de Asociaciones afines del vecino Estado de Arizona.
Como parte de este acto se proyectó una cinta cinematográfica tomada durante el período Revolucionario 1913-1915, así como algunas diapositivas muy interesantes como pinturas rupestres de la región de Arizpe.

Nuestra calurosa y entusiasta bienvenida a la Sociedad Sonorense a los compañeros de Cananea. ¡ ¡Felicidades y muchos éxitos!!.

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NOTAS BIBLIOGRAFICAS

LAS GUERRAS CON LAS TRIBUS YAQUI Y MAYO. Francisco P. Troncoso. Tomos I y II. Gobierno del Estado de Sonora. Hermosillo 1983. Tercera Edición.
Considerado ya como un clásico de la antropología mexicana, este libro es un valioso elemento de trabajo para aquellos interesados en los Yaquis y Mayos. De mejor presentación que el facsimilar reimpreso por el Instituto Nacional Indigenista en 1977, carece sin embargo del mapa tan importante que acompaña las dos primeras ediciones. Troncoso, militar de carrera, actuando por instrucciones de la Secretaría de Guerra, escribe un excelente reporte sobre los Yaquis, habiendo para ello consultado los documentos primarios disponibles a esas fechas. En su obra, Troncoso aprovecha para hacer descripciones sobre Sonora y sus gentes: los Seris; la Historia de los Yaquis, desde 1529 con Nuño de Guzmán, hasta 1902. Es, en resumen, Troncoso, junto con Alfonso Fabila (Las Tribus Yaquis de Sonora I.N.I. 1978) y Edward H. Spicer "The Yaquis, a Cultural History", The U. of A. Press, 1980, integrante de la trilogía esencial de historiadores que han abordado el tema de los Yaquis.

MISIONES DEL NORTE DE SONORA. Aspectos Históricos y Arqueológicos. Arthur Woodward. Gobierno del Estado de Sonora. 1983.
Este reporte, producto de una visita practicada a nuestro Estado en 1935, por miembros del Servicio de Parques Nacionales de E.U.A. es, en palabras del padre Charles W. Polzer, S.J., "una mojonera relativamente desconocida de un pionero histórico". Tal vez lo más importante de Woodward es que visitó nuestro Estado en una época de la que carecemos de crónicas: de 1930, cuando la persecución religiosa. Aprovechó Woodward para describir la vida de un Sonora somnoliento y preocupado aún por los excesos revolucionarios. Grant, fotógrafo excepcional, rescatado apenas del olvido. Es el responsable de las fotografías que acompañan al texto.

JUAN NAVARRETE. Un Hombre Enviado por Dios. Armando Chávez Camacho. Editorial Porrúa, S.A., México, 1983.
Chávez Camacho, Historiador sonorense, prologuista, (Cajeme, Novela de Indios), de trabajos de Sobarzo y otros, ya se había anticipado a este trabajo con su alocución pronunciada en la celebración de las bodas de oro episcopales del Sr. Arzobispo Don Juan Navarrete y Guerrero, en 1969. (Ver: Padre y Conductor de su Pueblo, Edición patrocinada por Banamex, 1969). Fruto de una tenaz investigación, esta obra nos ilustra sobre aquel oaxaqueño llegado de Aguascalientes, para ser primero entre los sonorenses: Monseñor Navarrete. Chávez Camacho, amigo de Monseñor, aparte de la investigación bibliográfica practicó decenas, si no cientos de entrevistas y de todo ello, resultó este trabajo tan importante sobre un hombre y su obra. Creemos que este libro sobre Navarrete es historia viva.

TALES FROM TIBURON. An Anthology of Adventures in Seriland. Edited by Neil B. Carmony and David E. Brown. The Southwest History Association. Phoenix, Az. 1983.
Esta excelente antología sobre viajes efectuados al territorio Seri desde 1826 hasta 1922, contiene descripciones etnográficas poco conocidas sobre los Seris. Trata este libro desde una exploración al Tiburón en 1826 hasta un relato de cacerías en 1821-22. Notas sobre el diario de MeGee (ver los Seris, INI. 1980), también están incluidas en el texto, que se complementa con excelentes fotografías, así como mapas preparados por el Dr. Ives. Esencial para aquellos interesados en el pasado de los Seris.

HISTORIA DE JALISCO. Gobierno del Estado de Jalisco. Secretaría General de Gobierno, Unidad Editorial. ler. Piso, Edificio "C" Unidad Administrativa Estatal. Apartado Postal 2-324. Guadalajara, Jalisco. México 1980-82, 4 Tomos.
Obra monumental, la Historia de Jalisco, dividida en los siguientes Tomos: I: Desde los tiempos prehistóricos hasta fines del siglo XVII; II: De finales del siglo XVII a la caída del federalismo; III: De la primera república centralista a la consolidación del Porfiriato y IV: Desde la consolidación del Porfiriato hasta mediados del siglo XX. Es doblemente importante para nosotros, no solo por el valioso contenido, excelente presentación del trabajo, extensa bibliografía E íntima relación con la Historia de Sonora. (El Tomo II, por ejemplo contiene lo relativo a la colonización del Noroeste de México, primero por los jesuitas y luego por los franciscanos y los cambios que eso ocasionó en la Nueva Galicia), sino que este trabajo puede considerarse como un antecedente inmediato del proyecto de Historia General de Sonora (Ver Boletines 3 al 10 de la S.S.H.)

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JESUS GARCIA CORONA, HEROE DE LA HUMANIDAD
Por: Epifanio Zamorano Ramos

Desde los más remotos tiempos los hombres han sentido la necesidad de exaltar héroes a quienes honrar, escogiéndolos, generalmente, no entre quienes más lo merecen, sino entre guerreros que al mando de miles de hombres armados y con patente para asesinar, han tornado parte en toda clase de guerras, justas o injustas; pero que han regresado victoriosos y cubiertos de gloria según el concepto popular. No importa que su camino lo hayan dejado cubierto de muertos y traigan sus manos chorreando sangre de sus semejantes. Como ejemplo tenemos, en la antigüedad a Alejandro El Grande y a Julio César. En el siglo XIX a Napolón Bonaparte y de no haber perdido la guerra, hoy tendríamos, asimismo, a Hitler en la galería de los grandes héroes.

Por el contrario permanecen semi-ignoradas destacadas figuras dentro del campo de la ciencia, que jamás pensaron en dar muerte a sus semejantes, y sí, por el contrario, dedicaron sus vidas al servicio de la humanidad, aportando nuevos elementos para la prevención de la salud, unos y más y mejores alimentos otros.

Aquí en Sonora y en nuestros días contamos con ese gran científico y Premio Nobel Dr. Bourlaug, que con sus semillas mejoradas está contribuyendo a que el fantasma del hambre sea eliminado del mundo; y cabe mencionar en justicia a tantos anónimos trabajadores del campo que con su reciedumbre y férrea voluntad, han logrado doblegar al inhóspito desierto, haciéndolo producir en abundancia, hasta convertir al Estado en el granero de México, y creo que estos merecen mas el calificativo de héroes.

Quiso el destino que en esta ciudad de Hermosillo, el día 2 de Diciembre de 1881, viera la luz primera un niño que 25 años después habría de convertirse en el más limpio y puro Héroe de la Humanidad y orgullo del gremio ferrocarrilero; me refiero a Jesús García Corona que el 7 de Noviembre de 1907 consciente de lo que hacía y en forma abnegada, ofrendara su joven vida a cambio de salvar a la de cerca de 4,000 habitantes con que en aquel entonces contaba Nacozari.

El día 7 de Noviembre de 1907 amaneció en Nacozari como en cualquier otro día, sin que nadie pensara en la gran tragedia que se avecinaba. La tripulación del tren minero que hacía el servicio entre Nacozari y Pilares, compuesta por el Conductor de origen Alemán, Albert Biel; el Maquinista Jesús García; el Fogonero José Romero y los Garroteros Hipólito Soto, Agustín Barceló y Francisco Rendón, comenzaron a reunirse en la Casa Redonda para iniciar la jornada del día. Alguno de los presentes hizo la siguiente observación: -¿Qué pasará con el viejo Biel que no llega?- a lo que Jesús García le respondió: -Mandó avisar la Aurora que sigue enfermo, agregando, - Así es que otra vez me toca a mi el mando.

En cualquier otro ferrocarril, al faltar el conductor hubiera sido reemplazado por otro, pero en aquel de vía angosta de tan solo ocho kilómetros de longitud, se había convertido en costumbre que al fallar éste, el maquinista asumiera sus funciones, en adición a las propias. E1 conductor de un tren es el jefe de la tripulación. Es quien recibe las órdenes de sus superiores y las hace ejecutar. Debe observar que el material rodante se encuentre en buen estado. Es quien da la orden de salida y parada del convoy y vigila que los reglamentos sean cumplidos; todo lo cual requiere un examen previo y experiencia.

A su tiempo Jesús aborda la locomotora No. 2 que le fue proporcionada en aquella fecha y ordena la partida. A pocos minutos ya están en Patio del Seis en donde enganchan veinte góndolas vacías que habrán de conducir a Pilares para ser cargadas con mineral.

Aquellas antiguas locomotoras que eran atizadas con leña, contaban con una enorme cabeza, (chacuaco) donde las chispas que despedía el fogón eran capturadas y apagadas por medio de cribas, para evitar incendios; pero aquel día al ascender lo más pronunciado de la pendiente Jesús advirtió que algunas chispas escapaban de ¡a chimenea, y a gritos para hacerse oír le dice al fogonero que habría que reportar aquel defecto para que fuera corregido.

El convoy arribó a Pilares a las 7.45 horas. Colocan las veinte góndolas vacías en las vías de carga y enganchan otras tantas ya cargadas que habrán de conducir a Nacozari. Para las 12.00 horas ya habían efectuado dos viajes redondos, pero aún quedaban por hacer otros dos.

A su arribo al Seis en el segundo viaje, un mensajero trepa a la locomotora y entrega a Jesús el siguiente mensaje:
"Necesitan materiales en la mina. Lleva el tren al Patio de abajo y habla con el Sr. Elizondo. Necesita cinco carros. El sabe lo que van a cargar". Enganchan los cinco carros y descienden al Patio de abajo, donde Elizondo le informa que hay que cargar cuatro toneladas de dinamita del depósito, en dos de las góndolas y el resto del material requerido en las tres restantes.

Mientras los obreros cargan la pólvora y demás materiales, la tripulación del tren se retira a comer, muy ajenos a la tragedia que les asecha.

A su regreso, Jesús se contraría al observar que el encargado de cuidar la locomotora durante su ausencia, desatendió el fuego y la presión del vapor se vino abajo. Se requería tiempo para restaurar la presión mínima de 160 libras necesarias en aquel tipo de locomotoras para poder ponerlas en movimiento y quizá aquel hecho desvió de su mente de otro error de mucha mayor importancia y trascendencia.

El reglamento de todos los ferrocarrileros y la Ley de Vías Generales de Comunicaciones establecen que las unidades conteniendo explosivos e inflamables deben colocarse en la parte posterior del tren. En aquel caso, quizá por premura de tiempo, exceso de confianza o que Jesús no lo advirtió, las dos góndolas cargadas con dinamita, cañuela y detonantes, quedaron justo pegadas a la locomotora.

Con impaciencia Jesús ayuda al fogonero a avivar el fuego y tan pronto como sube la presión necesaria de vapor, mueve el tren fuera del patio para alcanzar el primer cambio de vía, donde el aire invernal procedente del norte hace retroceder el vapor y humo revuelto de chispas despedidas por la locomotora. Abierto el cambio, da el máximo impulso a la máquina para emprender el ascenso de la pendiente que en aquel tramo alcanzaba el 3.5% de elevación. Al tomar velocidad el convoy, se hace sentir más fuerte el viento, y la máquina con su esfuerzo arroja al viento andanadas de humo con chispas de fuego que van a esparcirse sobre las góndolas que conduce, provocando fuego en la dinamita.

Fue un jovencito mexicano que se encontraba por ahí cerca de la vía el primero en advertir el incendio, dando gritos de advertencia que no fueron escuchados; en cambio la tripulación alcanzó a oír las voces destempladas que en un mal español le dirigía un Mayordomo americano de apellido Phelps, el "Panocha", que repetía: ¡Oye mira ahí, humo en el pólvora!.

El garrotero Francisco Rendón que aquel día le tocaba descanso, pero que viajaba de aventón a Pilares, fue quien primero trató de sofocar el fuego sin lograrlo. Grita entonces a Jesús que reduzca la velocidad para tratar de bajar la caja incendiada y apagarla cubriéndola con tierra, ya que por ahí se carecía de agua.

Al coger la caja que humea, las llamas surgen de todas partes y le obligan a saltar del tren, mientras que los otros Garroteros tratan de apagar el fuego sofocando las llamas con sus chamarras. Todo resulta inútil. El fuego aumenta a cada momento, por lo que la explosión se hace inminente.

Jesús sabía que la dinamita arde sin llegar a hacer explosión; pero bajo aquella que ardía hay cañuela y detonadores; de tal manera que si el fuego les alcanza, la explosión resultaba inevitable. Además está enterado que en el polvorín se encuentran otras dos mil cajas, que a su vez harían explosión si las que conduce estallan en el lugar.

Fracasados todos los intentos de a pagar el incendio; Jesús mide el inmenso peligro, y toma una decisión suprema. Sacar cuanto antes el tren de los límites del pueblo, consciente de que con ello se jugaba la vida. Ordena a la tripulación abandonar el convoy, pero aún el fogonero le dice: - Déjame el tren a mí, Tú tienes familia. Yo no. A lo que Jesús le responde: Yo soy el maquinista, tú sálvate. Luego insiste ante sus compañeros. - Déjenme solo. Voy a jugarme mi suerte -, a impulsa al máximo su locomotora hacia el patio del Seis.

Son las 14:00 horas, y apenas arribando el convoy al patio de el Seis se produce la explosión con todas sus funestas consecuencias, pero ya fuera del pueblo y quedando a salvo éste, como Jesús lo deseaba.

Aquel acto de sacrificio heroico fue ampliamente difundido por la prensa nacional y extranjera. Desde el mismo día de su sacrificio le fueron rendidos a Jesús García honores de héroe. El pueblo de Nacozari agradecido asistió en masa a sus funerales. El maestro de la Escuela Local, Profesor Mendoza pronunció ante su tumba una emotiva oración fúnebre, en la que entre otras cosas dijo: "Que lo bravío del mexicano había entendido la ley de sacrificarse por sus semejantes, y que un hijo del pueblo había dado una lección a sus hermanos trabajadores".

En esta época de constantes guerras y tensiones, en Medio Oriente, Centro América y otras partes del orbe, donde se masacra a la indefensa población civil; el acto sublime de Jesús García Corona, debería servir de ejemplo a la humanidad entera.

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DON ROBERTO ACOSTA
Por: Lic. José Rómulo Félix Gastélum. Prólogo en la nueva edición, próxima a aparecer, de
"Apuntes Históricos Sonorenses. La Conquista Temporal y Espiritual del Yaqui y Mayo".

Cuando me fue conferido el honor de prologar esta Edición, me sentí con el ánimo presto a proceder a estudiar a una persona que ha representado algo importante, en el desenvolver de mi vida profesional de banquero. Mi primer trabajo al público en esta actividad fue en Navojoa, y mucha gente conserva fresca la buena imagen de Roberto Acosta como Gerente de Banco Nacional de México, y era el ejemplo para todos los que nos iniciábamos en esta carrera singular. Posteriormente, tuve en suerte colaborar con la Unión de Crédito Agrícola de Navojoa, y durante más de siete años compartí la Oficina, en donde nuestro paisano había pasado los mejores años de su vida.

Con el tiempo, con los azares de la vida, hoy me toca en suerte intentar hablar de su persona, pero ya no como hombre de negocios, sino como historiador muy representativo del Estado.

Nació en Alamos el 30 de Julio de 1900, siendo sus padres Don Natividad Acosta Alvarez y Doña Dolores López. Siendo el segundo de once hermanos, dentro de un hogar honorable, cristiano y modesto. Se distinguió en la escuela primaria por su dedicación, tesón y constancia; habiendo, terminado sus estudios con honores, pasando de inmediato a la docencia, para ayudar, como todo buen hijo al sostén familiar. Dentro del Magisterio, colaboró con el gran maestro Othón Almada en la escuela Bartolomé M. Salido, de la ciudad de Alamos. Incansable lector, desde niño adquirió esta disciplina, la que lo fue poco a poco forjando; como amante de la Historia de México, llegó a compenetrarse en la obra misionera y en la vida pasada de su ciudad natal.

Tuvo la gran oportunidad de convivir con una gran persona, amante del pasado de nuestra Patria, Don Atanasio G. Saravia, quien fuera Sub-Director del Banco Nacional de México, Institución en donde Don Roberto prestara sus servicios por más de 25 años, quien lo impulsó a escribir sobre la Historia de Sonora. Cabe aclarar, que Don Atanasio fue Director de la Academia Mexicana de la Historia correspondiente a la Real de Madrid, así como académico de número desde 1920. A esta honorable institución pertenecieron entre otros, humanistas de la talla de don Alberto María Carreño, don Rafael García Granados, Ing. Vito Alessio Robles, Lic. José Ig nacio Dávila Garibi, Profr. José Bravo Ugarte S.J., Dr. Alfonso Caso; y, a la que Don Roberto llegó a pertenecer como académico de número. Es indudable que estamos refiriéndonos a una persona de formación cultural muy relevante, puesto que el solo hecho de alternar con sus compañeros, nos indica la calidad requerida para ser merecedor de dicha distinción.

Siempre he sostenido, que de la noble y digna competencia entre los humanos, tienen que darse grandes avances en la civilización, prueba de ello es el que una pléyade, produce al campo propicio para el desarrollo de otras. Roberto Acosta, no fue menos en su obra, así fue que publicó en 1946 en las Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, en su Tomo V número I, Enero-Marzo, pp. 36/37, su ensayo "La Ciudad de Alamos en la Epoca Colonial". Posteriormente en la Revista Sonora de Junio-Julio de 1947, "Alamos en la Epoca Colonial". En 1949 publicó en sobretiro de la Academia Mexicana de la Historia por primera vez, la presente obra, "Apuntes Históricos Sonorenses - La Conquista Temporal y Espiritual del Yaqui y Mayo", que a nuestro muy modesto criterio es su mejor trabajo. Lo hizo sin propósito de lucro, ya que a todo aquél que se lo solicitaba, complacido, le obsequiaba un ejemplar. En ésta, plasma toda su admiración por la obra misionera jesuítica, tal y como lo asienta en su Introducción, en donde nos dice "El presente Trabajo, que es una compilación de noticias históricas sobre la región del Sur de Sonora, que riegan los Ríos Yaqui y Mayo, no tiene más objeto que tratar de hacer justicia a sus verdaderos conquistadores y colonizadores; los padres Jesuitas..."

Palabras que sentía en lo más profundo de su ser, porque para nadie es desconocido que fue hombre muy religioso.
Después de esta obra, se concretó a seguir escribiendo ensayos, uno de ellos lo publicó en la Revista Directorio de Sonora en 1951, bajo el título de "Biografías Sonorenses. El General José Tiburcio Otero, Un destacado liberal originario de Baroyeca. Sus campañas al lado de Pesqueira, Uno de los Fundadores "Pioneros" de Huatabampo, Sonora".

Bajo el nombre de "Apuntes Históricos Sonorenses. La ciudad de Alamos en la Epoca de las Guerras de Reforma y del Imperio", publicó en las Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, en su Tomo X número Dos, Abril-Junio 1951, páginas 135 a la 241; en donde nos brinda un brillante resumen del papel jugado por los Alamenses en esa etapa crucial de la Nación. En verdad, un trabajo con mucho mérito, y una fuente de referencias obligada en el presente.

Posteriormente y siguiendo en el genérico título de "Apuntes Históricos Sonorenses", publicó en el Tomo XIV número I, de Enero-Marzo, de 1955, páginas de la 5/17 de las Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, el ensayo "La Hacienda de Beneficio de Santa María Guadalupe de Thobaca y sus Fundadores: La Familia Campoy". De mucho valor, virtud a que es la historia de la familia a la que perteneció el sabio jesuita José Rafael Campoy Gastélum Breve Obra pero que en sí misma, es meritoria para una publicación futura.

Participó en 1949 en el Congreso de Historia de Sonora, auspiciado por la Universidad de Sonora, siendo sus organizadores principales los Sres. Profesores Manuel Quiroz Martínez, Rector de la misma y Don Antonio Pompa y Pompa.

Todo hombre se realiza en el matrimonio, y tuvo Don Roberto la suerte de hacerlo en dos ocasiones, al enviudar de su primera esposa Doña Anita Gutiérrez Rodríguez, con quien procreó a Ana Norma, esposa de Ernesto Gallegos Campoy, Martha casada con Raúl Terminel Villagrán, y Roberto Acosta Gutiérrez, casado con Lourdes Russo. Contrajo matrimonio después con Doña Dolores Rodríguez Araiza, siendo sus hijos: María Dolores Guadalupe de Cerda, Enrique Alejandro casado con Otilia Bórquez, y Margarita María de Cabrera. Todos ellos viven, residiendo la mayoría de ellos en el sur del Estado.

Toda una vida entregada al servicio Bancario, durante 23 años Gerente de la Sucursal Navojoa de Banco Nacional de México, distinguiéndose por su trato amable y profesional; siendo uno de los pilares del desarrollo de la Región del Mayo.

Al cambiar la Gerencia Distrital a Ciudad Obregón, pasó a esa plaza con ese puesto, en donde el 7 de Mayo de 1956 falleció, siendo una muy sentida pérdida para todos.

Dejó inconclusos algunos ensayos, uno de ellos "La Cárcel de Ostimuri", de gran importancia para nuestro solar patio. Es así como en muy breves letras hemos tratado de dar una pequeña semblanza de Don Roberto Acosta; solidarizándome con la opinión de la Profesora Leonor Gastélum, quien durante más de 60 años fue guía de muchos alumnos de la región del Mayo, afirmándome recientemente, "Que el Gobierno del Estado vaya a publicar la obra de Roberto Acosta, no es más que un acto de justicia de la Historia, ya que es de reconocer el esfuerzo de la autodidacta, que se forjó como historiador y llegó a pertenecer a la Academia Mexicana de la Historia, mismo que no se puede llegar a decir de muchos Mexicanos".

Rendimos tributo y reconocimiento a quien fue un hombre de su tiempo, y al que todos los Sonorenses debemos seguir como guía, para así llegar a conocer la verdadera Historia de nuestro Estado.

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A CIEN AÑOS DE LA APARICION EN SONORA DE LA FIEBRE AMARILLA
Por: Dr. Arturo Arellano Romero

Transcurría el verano del año 1883 y este nuestro Estado se encontraba en pleno despegue social, económico y cultural; apenas en Noviembre de 1881 se había inaugurado el tramo del ferrocarril de Sonora: Guaymas-Hermosillo y para Octubre del siguiente año había quedado terminada la vía a Nogales. En lo político desde Marzo de 1883 había renunciado a la Gobernatura del Estado el Lic. Carlos Ortíz Retes, substituyéndolo interinamente Don Felizardo Torres, quien a su vez, hizo entrega del Gobierno del Estado a Don Luis E. Torres, el día lro. de Septiembre que por segunda ocasión se encontraba al frente del Gobierno de Sonora, teniendo como colaborador a Don Ramón Corral.

En el norte del Estado las incursiones de los Apaches seguían causando estragos entre los habitantes de los pueblos y rancherías principalmente en los distritos de Moctezuma, Altar y Arizpe, y en el sur tanto Yaquis como Mayos se encontraban en un receso que no dejaba dé inquietar al Gobierno; pronto habrían de volver a sublevarse ....

Y en este marco hizo su aparición la "fiebre amarilla", traída a Sonora por el vapor americano "NEWBERN" que a su vez procedía de Panamá y los puertos mexicanos de Acapulco, Manzanillo, San Blas y Mazatlán. El barco que periódicamente cubría la ruta de los principales puertos de la Costa del Pacífico había atracado en los muelles de Guaymas el día 20 o 21 de Agosto.

Don Alfonso Iberri en su "Viejo Guaymas" dice que de Mazatlán a Guaymas la trajo un viajero de apellido Foncerrada, nativo de ese puerto.

Las autoridades marítimas no pudieron evitar la entrada de la epidemia, debido a que habiéndose iniciado esa enfermedad en Mazatlán muy pocos días antes de que tocara dicho buque en aquel puerto, en Guaymas no se tenía aún noticias de que la enfermedad, desconocida en esta región, hubiera llegado a Mazatlán, además el vapor traía su patente "limpia" (venía amparado por su guía sanitaria) y no había ningún caso a bordo.

A los dos o tres días de la llegada, dos de los pasajeros que habían venido en el Newbern, fueron atacados por la fiebre, y murieron poco después. Pasaron algunos días y no ocurrió otro caso; de manera que los dos anteriores ni preocuparon la atención del público; después fueron atacados los habitantes de Guaymas, muy especialmente las personas que no eran del lugar, sobre todo extranjeros, a los cuales les daba con más fuerza.

El día 28 de Agosto el Prefecto de Guaymas, Don Andrés Rivera, envió un mensaje al Secretario de Gobierno, Don Ramón Corral, que decía lo siguiente: "Me apresuro a poner en conocimiento de esa superioridad que de cinco días a esta parte se ha comenzado a desarrollar en esta población una especie de fiebre acompañada de vómitos (de allí el nombre de vómito negro) que se ha generalizado bastante en estos últimos días; y aunque hasta ahora no ha ocasionado la muerte a ninguno de los atacados de esta enfermedad, tampoco se cree que en tan pocos días pueda tenerse conocimiento de la gravedad del mal. La opinión de algunos facultativos sobre estos casos, es de que, la enfermedad es una especie de fiebre conocida vulgarmente, con el nombre de "tonto" que en otros años también se ha desarrollado en estos puntos, con solo la diferencia que en esta vez viene acompañada de vómitos, con más fuerza de calentura y con mayor excitación en el sistema nervioso que en los casos pasados anteriormente".

Mientras tanto el Gobernador del Estado informaba a los Diputados en la inauguración del Congreso el día 16 de Septiembre: "En estos momentos la nueva y terrible plaga de una fiebre maligna aflige al puerto de Guaymas y amenaza contagiar a esta Capital. El mal es grave y ha hecho numerosas víctimas en aquella ciudad, antes tan sana. Recomiendo a vuestra liberalidad, que facilite los recursos suficientes para evitar el mal o remediarlo en lo que sea posible" .

En Guaymas con toda oportunidad se dictaron medidas para atacar la epidemia, se nombró una Junta de Sanidad la cual llevó al cabo todas las disposiciones higiénicas posibles, entre ellas el de formar un terraplén de cal y canto en el cementerio donde habían sepultado a las primeras víctimas de la fiebre amarilla, "lugares que según el dictamen de los más eminentes facultativos de todo el mundo, se deben cubrir cuidadosamente, para impedir sus efluvios porque en ellos es donde se conservan los gérmenes de ésta atroz enfermedad..."

Por parte del Gobierno y de la Junta de Sanidad, estos redoblaban los esfuerzos para combatir la epidemia y que sólo en el puerto en los meses de Agosto y Septiembre había causado 153 víctimas. E1 Gobierno envió al Dr. Gabriel Monteverde, al Gral. Carbó, quien a su vez hizo ir allá al Dr. Mateos (médico del 22 batallón que se hallaba en Ures). Se enviaron de Hermosillo medicinas y alimentos para las personas más necesitadas; mientras tanto en la ciudad de San Francisco, California, se hacía una gran colecta para los afectados, que era recaudada por la Junta Arbitradora de Recursos de dicha ciudad, siendo los principales donantes la Pacific Mail Steamship Co. $400.00, la Wells Fargo $200.00, Levi Strauss $100.00, Huntington, Hopkins and Co. $100.00, producto de un baile: $2,080.00 para en total recaudar la cantidad de $6,297.33 Dlls.
Estos fondos fueron remitidos de San Francisco a algunas personas del comercio y se distribuyeron entre las familias pobres por comisiones de comerciantes nombrados para tal efecto, el secretario de Gobierno Don Ramón Corral también hizo entrega de dichos fondos a las Juntas de Sanidad, por lo que a Guaymas le correspondieron la cantidad de $1,303.54 y a Hermosillo $947.00 También de la ciudad de Tucson se recibieron donativos y éstos fueron por la cantidad de $775.30 Dlls.

Para el mes de Octubre el Gobernador del Estado había enviado telegramas a todos los prefectos de Distrito instándolos a tomar las medidas necesarias para evitar siguiera propagándose la fiebre, formando juntas de sanidad, lo cual se hizo en casi todo el Estado; en Hermosillo se nombró Presidente de la junta al Sr. Pascual Camou y en el vecino puerto de Guaymas al Dr. Prisciliano Figueroa.

Las juntas de sanidad efectuaron una gran labor, dado que se encargaron de vigilar las condiciones higiénicas de las casas; el aseo de las calles; efectuaban fumigaciones en los sitios de mayor riesgo de infección; se tomaron las precauciones necesarias con la correspondencia; se nombró un agente en Estación Torres para que no pasara de Guaymas ningún enfermo en el tren, inclusive se prohibió la venta de frutas. Pero a pesar de todas estas medidas no se pudo evitar el contagio y la epidemia atacó a Hermosillo a mediados de Septiembre, causando un gran número de víctimas, los enfermos se contaban por varios cientos o quizá miles en una población de poco menos de 10,000 habitantes.

La fiebre amarilla no respetó edades, sexo, ni clases sociales, al Pueblo de Seris la epidemia llegó en Octubre causando también cierto número de víctimas, aunque no en la proporción de Guaymas y Hermosillo; de Ures se reportaron 7 fallecimientos y de Soyopa solo 4, personas que habían contraído la enfermedad en un viaje a Hermosillo. Se creía que más al norte la epidemia no continuaría, pero en Noviembre fueron reportados de Magdalena 4 fallecimientos.

Con estos antecedentes se puede apreciar la magnitud con que la fiebre atacó al Estado, si se tiene en mente que en aquella época se le calculaban a Hermosillo cerca de 9,000 habitantes, a Guaymas cerca de 5,000 y al Pueblo de Seris alrededor de 1,500.

Como mencionábamos anteriormente, la epidemia no respetó clases ni profesiones, murieron muchos empleados norteamericanos del Ferrocarril de Sonora, así como chinos que habían ayudado al tendido de las vías. En Hermosillo fallecen los doctores N.E. Henderson, americano, Pedro Gelach, médico italiano y Enrique Werner, médico alemán. Esto motivó que solo entre cuatro médicos se atendiera a toda la población hermosillense y ellos fueron: Dr. Gabriel Monteverde con 22 años de ejercicio profesional, Dr. Eugenio Pesqueira con 8 años, Dr. Jesús Gándara con 4 años de haber arribado a esta ciudad y un médico americano, el Dr. Gregory. A todos ellos se les remuneraron sus servicios por concepto de asistencia de enfermos, y así al Dr. Monteverde le correspondieron $28.00, al Dr. Gregory $40.00, al Dr. Pesqueira $100.00 y al joven Dr. Gándara le correspondió la fabulosa suma de $250.00

Con la llegada del invierno, la epidemia fue cediendo, disminuyendo a solo 31 personas muertas en todo el Estado durante Noviembre y Diciembre (en Octubre habían fallecido cerca de 170).

En el periódico "La Constitución" con fecha Noviembre 2 de 1883 leemos: "... La epidemia ha comenzado ha desaparecer y creemos que dentro de pocos días, que la estación esté un poco más avanzada y que haya bajado un poco más la temperatura, desaparecerá por completo.

Ya no se registra sino uno que otro caso de defunción y esto por lo general sucede entre los que han quedado convalecientes y cometen algún desarreglo que de nuevo los postra..."

La epidemia había dejado tras de sí graves consecuencias, como lo fueron la fuga de capitales extranjeros, paralización de las actividades industriales, agrícolas y ganaderas; el Estado se volvía a despoblar; si 30 años antes había ocurrido con la "fiebre del oro" de California, ahora también lo hacía otra fiebre amarilla pero de muy diferentes causas y motivos.

Ha pasado el invierno y en la gente queda el recuerdo de la recién pasada tragedia, pero no se cruza de brazos y a sabiendas de que la epidemia puede volver en los meses de verano se toman todas las medidas necesarias para prevenirla; el Ayuntamiento de Guaymas se dedicó con toda oportunidad a mejorar las condiciones higiénicas de la ciudad, tanto en los parajes públicos como en la residencia de los habitantes y, además, ayudado por los vecinos llevó al cabo la obra de aislar en el cementerio el lugar en donde fueron inhumados los cadáveres de las personas muertas por la fiebre, cubriéndolo con una terraplén de cal, carbón y tierra.

En Hermosillo, el Gobernador se ocupó personalmente en organizar una junta compuesta de los vecinos para que se encargara de las obras necesarias para mejorar la higiene de la ciudad, se hizo la limpia de las "acequias", se limpiaron las casas, corrales y depósitos de basuras, en el cementerio se efectúo una obra semejante a la que se realizó en Guaymas.

Y a pesar de todas estas medidas la fiebre amarilla volvió para cubrir de nuevo con un solo manto de luto a Hermosillo, Guaymas y Ures. En esta ocasión (verano de 1884) la epidemia no atacó con la virulencia del año anterior, pero aún así se registraron 162 fallecimientos en las mencionadas ciudades.

De las 106 víctimas que se registraron en Hermosillo entre los meses de Mayo a Noviembre se cuentan las del Obispo de Sonora, don José de Jesús María Rico, que murió el 11 de Agosto, sucediendo el incidente entre Don Ramón Corral y un grupo de fanáticas religiosas al querer éstas darle sepultura al cuerpo del Obispo en la Capilla del Carmen, impidiéndoseles después de llegar a un entendimiento por ambas partes. También fallecieron los sacerdotes Fray Raúl Moreno y Miguel Orozco, el médico Zeferino Castañeda entre otros; de los sobrevivientes se cuenta al propio Gobernador Don Luis E. Torres que estuvo retirado en su hacienda, fuera de Hermosillo por el tiempo que cundió la epidemia.

Todavía al siguiente año, 1885, se presentaron esporádicos casos, que fueron los últimos habidos en Sonora, habrían de pasar 15 años más para que el comandante norteamericano Walter Reed se cubriera con la gloria de descubrir al agente causal de la fiebre amarilla, hecho sucedido en Cuba en el mes de Diciembre de 1900. El mérito también le corresponde en gran parte al médico cubano Cárlos Finlay que desde 1882 había expuesto basado en trabajos experimentales, a la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, su hipótesis donde atribuía al mosquito "Steomyia" clase Aedes aegypti la transmisión de la fiebre amarilla. ¡Si en ese entonces se le hubiera tomado en cuenta, cuántas vidas se habrían salvado! .

En México el último caso de fiebre amarilla urbana se conoció hace ya 60 años (1923), y con ello se daba fin a otra terrible epidemia como antes lo había sido la del Cólera y posteriormente lo sería la tan temida viruela.

BIBLIOGRAFIA

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