MENSAJE DEL DIRECTOR DEL BOLETIN DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA
Hemos recibido la estafeta, para continuar con una gran tarea como es la de publicar bimestralmente éste nuestro Boletín. Es un compromiso el que acepto, y del cual habré de corresponder a quienes confiaron en la designación a tan honroso puesto.
Pretendemos ser los portadores de los miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, para que con sus aportaciones al través de estas páginas, continúen enriqueciendo nuestra cultura y sean fuente de motivación para todo aquel aficionado ó profesional de la historia.
Seguiremos manteniendo una alta calidad en la publicación de artículos y reproducción de documentos importantes. El Boletín llegará a más lectores y a las bibliotecas de escuelas y universidades de las principales ciudades del país y del Suroeste de los Estados Unidos, buscando además ampliar el número de intercambio con otras instituciones que editen temas afines.
Vaya desde aquí una cordial invitación, para toda aquella persona que quiera colaborar con el Boletín, se sirva enviar su trabajo al Ap. Postal 1111 en Hermosillo, Sonora.
PALABRAS DEL LIC. JOSE ROMULO FELIX, AL TOMAR POSESION COMO NUEVO PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA
Amigos, Compañeros socios: Es un alto honor recibir en este momento, la presidencia de la Sociedad Sonorense de Historia; se muy bien las responsabilidades que ello conlleva, mismas que serán dignas de todo nuestro esfuerzo y dedicación.
En primer lugar, deseo hacer un público y merecido reconocimiento a mi antecesor el Sr. Ing. Armando Hopkins Durazo, a quien nuestra sociedad debe tanto, y quien en tan poco tiempo supo entender su misión histórica como directivo, y llevar nuestra palabra a todos los confines. A él, le debemos la creación del Boletín que religiosamente cada dos meses depositó en nuestras manos, y del que hoy nos entrega el número 20.
Igualmente le corresponde el mérito de que contemos con una digna casa sede gracias a las magnificas relaciones que lo unen con el Sr. Gobernador del Estado Dr. Samuel Ocaña, quien a su vez nos ha brindado todo su apoyo y comprensión. Continuaremos en la labor cotidiana, de promover constantemente la investigación y la difusión de toda clase de actividades relacionadas con la historia de Sonora en particular, y de México en general. Tendremos un especial interés en motivar la impartición de conferencias, cursos y seminarios, destinados a la obtención de los fines de nuestra Sociedad. Así también, desempeñaremos a nivel colegiado nuestra función de organismo consultor del Gobierno del Estado, como de todas las instituciones educativas y culturales, y de la comunidad en general.
Recuerdo en cierta ocasión haber escuchado a José Fuentes Mares decir, que José Vasconcelos había dicho que los historiadores eran personas que como no sabían de otra cosa, se ponían a escribir sobre historia. Qué bueno que el maestro de América se equivocó, porque nosotros si consideramos que dicha ciencia tiene una validez por sí misma, para ser estudiada y amada.
Deseo hacer un llamado a la buena voluntad y a su amor por la disciplina que todos queremos que es la historia, para que juntos nos apoyemos, para llevar adelante nuestra organización, para que cada día sea más fuerte y prestigiada.
PALABRAS DE DESPEDIDA DEL ING. ARMANDO HOPKINS DURAZO COMO PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA Y DIRECTOR DEL BOLETIN
Tratando de ser sumamente breve, mencionaré a continuación los logros obtenidos por las dos directivas que me tocó presidir durante un lapso de cuatro años, del 14 de marzo de 1981 al 9 de abril de 1985.
En los dos períodos se verificaron en nuestra asociación de Hermosillo, 52 sesiones, habiéndose presentado trabajos por socios en un buen número de ellas. Se crearon las delegaciones de Cajeme, Guaymas, Nogales y Cananea, y se iniciaron gestiones para establecer también nuestra sociedad en Magdalena, Navojoa y Alamos.
Al iniciarse la primera directiva, había registrados 23 socios: a la fecha en Hermosillo se tiene una membresía de 40 socios que cumplen con los requisitos estatutarios y en las delegaciones foráneas hay aproximadamente 50 miembros registrados.
Con el número que hoy estamos entregando, se publicaron 20 boletines de la sociedad, que cuenta con una lista de suscriptores de aproximadamente 300 instituciones a individuos, tanto locales, como nacionales y extranjeros. Desde el inicio de su publicación, con el número correspondiente a Enero-Febrero de 1982. nunca dejó de salir cada dos meses. Desde el número 19 se están imprimiendo 500 boletines, por lo que desde entonces, además de enviar las suscripciones, se ponen a la venta en la librería que funciona en nuestra casa.
Se ha iniciado una biblioteca en la sede de nuestra asociación, con base en los libros que hemos obtenido por donación: de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la Universidad de Sonora y de otras instituciones con las que hemos establecido un sistema de intercambio. Además el CAPHIS nos donó la Enciclopedia de México.
Se hicieron gestiones para obtener copia de los documentos concernientes a la historia de Sonora en la Colección Bancroft y extraoficialmente sabemos que éstas han sido concedidas. Contamos además para fotocopiarlos, con los documentos que el proyecto de Historia de Sonora, adquirió por conducto de la Universidad Nacional Autónoma de México de los archivos: de la biblioteca pública de Hidalgo del Parral. Biblioteca de Antonio Nakayama de Culiacán, Sin., del Fondo de la Real Audiencia de Guadalajara, propiedad de la Biblioteca Pública de aquel un rollo de microfilms de la correspondencia de Virreyes del Archivo General de la Nación.
Se recibieron algunas piezas que formaran parte de la muestra museográfica permanente que de montarse y cuyo retraso se ha debido a la falta de muebles especiales, los cuales ya fueron obtenidos de la Casa de la Cultura por conducto del Gobierno del Estado.
Los logros más grandes que la Sociedad en el período que se informa, se deben sin lugar a dudas al gran apoyo recibido por parte del titular Ejecutivo estatal Dr. Samuel Ocaña García, a quien sin la menor duda he calificado como el Gobernador que en la historia de Sonora, más ha realizado a favor de la historia de Sonora. Los logros obtenidos por nuestra sociedad gracias a su apoyo, fueron: La casa de la Sociedad Sonorense de Historia, la que disfrutamos mediante contrato de comodato en igual, forma que el mobiliario: la monumental obra editorial titulada la Historia General de Sonora donde esta; sociedad participó en la coordinación administrativa del proyecto y nuestros socios Profr. Julio Montane, Profr. Armando Quijada, Lic. Juan Antonio Ruibal, Mtra. Cynthia de Murrieta. Lic. Juan José Gracida y Lic. Gerardo Cornejo en la investigación y elaboración de sus textos. Y, la edición o reedición de un gran número de títulos relacionados con la historia de Sonora que nos benefician directa e indirectamente, a todos los miembros de esta asociación.
Ha sido un gran honor y me ha brindado una gran satisfacción el servir en el cargo de presidente y al entregar el puesto lo hago con un profundo agradecimiento a todos mis colaboradores integrantes de la mesa directiva y a la totalidad de los socios que siempre apoyaron nuestra labor: aprovecho la oportunidad para otorgar un reconocimiento público a nuestro socio el Sr. Don Epifanio Zamorano, quien con su siempre entusiasta y seria participación, sus colaboraciones al Boletín, la donación de valiosas piezas museográficas y su constante asistencia a nuestras sesiones, ha sido un ejemplo para todos nosotros. Muchas gracias.
RECONOCIMIENTO AL SR. ING. ARMANDO HOPKINS DURAZO POR SU MERITORIO DESEMPEÑO COMO PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA DURANTE LOS 4 AÑOS DE SU GESTION
El pasado 28 de Mayo los miembros de la Sociedad Sonorense de Historia en Hermosillo, nos reunimos, invitados por el Gobernador del Estado Dr. Samuel Ocaña, en la Casa de Gobierno, donde departimos y convivimos los amigos del Ingeniero Armando Hopkins Durazo, para rendirle un justo homenaje a su labor desarrollada, en la presidencia de la Sociedad y en la Dirección del Boletín, en los pasados cuatro años.
El Lic. José Rómulo Félix Gastélum pronunció las palabras alusivas a los logros alcanzados en la gestión del homenajeado, haciendo a la vez entrega de un pergamino como testimonio de reconocimiento.
Posteriormente, el Sr. Gobernador Ocaña dirigió palabras de alto contenido humanitario a su amigo y colaborado, por sus logros en la Sociedad, así como por su valiosa participación como coordinador del Comité del Proyecto de la Historia de Sonora.
Así mismo se nos hizo la invitación para en fecha próxima reunirnos los miembros de todas las delegaciones con el fin de ser partícipes de la presentación de tan magna obra llevada a cabo durante su gestión administrativa.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
Por el Lic. Francisco Manzo Taylor
Guía del Archivo Amado Aguirre. Amaya Garritz UNAM. México 1982.
El General Amado Aguirre y Santiago, fue figura importante en la Revolución Mexicana, militando en el Cuerpo del Ejército del Noroeste. Este hombre tuvo la oportunidad de integrar un archivo, que contiene gran cantidad de información sobre las batallas en que tomó parte, comunicaciones personales, copias de artículos, así como una colección de fotografías de Casasola y Abitia.
El Ejército Mexicano Fuentes, Gloria Edit. Grijalbo. México 1983.
Con un breve antecedente sobre el ejército en la historia, que trata más que nada sobre el siglo pasado, el tema principal del libro, es el ejército mexicano en el siglo XX. La autora, con un lenguaje sencillo, nos hace recordar la Revolución Mexicana, el Cuerpo del Ejército del Noroeste, la División del Norte y a partir de 1929, la creación del moderno Ejército Mexicano. Cuenta con un capitulo de información sobre organización de las fuerzas armadas, un breviario de terminología militar y fotografías en blanco y negro. Un excelente trabajo.
Atlas Histórico de México Florescano, Enrique (Coordinador) Cultura SEP Siglo XXI editores, México 1983.
Este trabajo pretende: "ofrecer al lector una secuencia histórica continua de los cambios ocurridos en el territorio, desde los tiempos en que lo habitaron los primeros grupos de cazadores y agricultores, hasta 1980". Obra didáctica, presenta temas de especial interés para los aficionados al estudio del pasado del noroeste de México: Rebeliones indígenas de 1694 a 1699, los cambios en la división territorial de la Nueva España en el siglo XVIII, la Revolución, etc.
José Velázquez, Saga of a borderland soldier. Ives, Ronald. Northwestern New Spain in the 18th. century Southwestern Mission Research Center Tucson, Arizona. 1984.
Ives, científico, cartógrafo, historiador, autor de cientos de fichas bibliográficas sobre Sonora, no alcanzó a ver publicado su único libro: José Velasquez. Producto de investigación bibliográfica, y trabajo de campo, que incluyó el recorrido de los Itinerarios de Velázquez, a pie, o en jeep. Esta obra trata sobre un soldado de cuera, que vio acción en Sonora, la Alta California y la península de Baja California. Cuenta con mapas, fotos, la hoja del servicio militar de Velasquez, varios apéndices y una extensa bibliografía.
Sonora reta al sistema Olais Olivas, Alejandro Edición de¡ Autor, México 1984.
A este libro le han llamado: "Un compendio de información política contemporánea Sonorense", una suma de diferentes entrevistas hechas por el autor, (iniciado en el Diario del Mayo como periodista local desde 1965) a personajes destacados de la política sonorense e interpretaciones que Olais hace sobre el mismo tema, ligando todo con las futuras elecciones de Julio de 1985, en donde se eligirá al próximo gobernador del Estado.
En Sonora se juega la República Estevez, Patricio Editores a impresores FOC, S.A. México, 1985.
Estevez, líder estudiantil durante el conflicto de 1967 en Sonora, nos presenta ahora su interpretación personal sobre el desarrollo de la política sonorense, desde la década de los sesentas en adelante analizando la etapa biebrichista, y arrojando información inédita sobre 1967. Cuenta con fotografias en blanco y negro, así como transcripción de documentos.
BREVE RESEÑA DE LOS PRESIDIOS EN SONORA
PRIMERA PARTE
Dr. Arturo Arellano Romero
Hablar de presidios, es recordar un pasado ligado a todo el norte de México, que abarca desde mediados del siglo XVI hasta principios del XIX. La expansión de España hacia el septentrión, hasta llegar a los ríos Colorado, Gila y Grande, hicieron necesario la formación de las compañías veteranas, las volantes y las compañías presidiales.
Estas últimas de quien Sepúlveda dice "radicadas en territorio hostil, soportaban el peso de la guerra, casi continua, con los bárbaros y estaban integradas por nacidos en la Nueva España, a veces por razas mezcladas, tropas pintorescas avezadas en la lucha contra los elementos y los bárbaros, guarnecían un puesto fortificado, que era el presidio".
El presidio era una especie de fuerte, ubicado la más de las veces en los límites de la corona española de sus diferentes colonias: A decir de Moorhead, el presidio era una versión miniaturizada del castillo medieval, de altas y gruesas paredes de adobe, con unas torres circulares o rectangulares, en su interior tenía un cuadrado, que podía formar parte de la plaza mayor del pueblo.
El presidio, además de servir como defensa y protector del territorio ganado, fue también junto con la misión el centro para la formación de núcleos de población de españoles, mestizos e indios integrados a la nueva "civilización".
PRESIDIO DE FRONTERAS
El primer presidio que se estableció en territorio sonorense lo fue el de Corodéguachi o de Fronteras, siendo una transformación de La Compañía Volante de Sonora, que en 1691 capitaneaba el gral. Francisco Ramírez de Salazar, y de la que posteriormente se hiciera cargo Don Domingo Jironza Petriz de Cruzat, (Al año siguiente en 1692. quedaría establecido lo que fué propiamente el Presidio de Fronteras) que por despacho de 2 de marzo de 1693 fue nombrado Capitán vitalicio de la Cía. Volante de Sonora, con asiento en el mismo presidio. Estaba situado a 60 "leguas" (aproximadamente 240 kms.) del Presidio de Janos, fundado unos años antes y su propósito fundamental era el de proteger las misiones sonorenses del ataque de los apaches, janos, sumas y jocomes provenientes del norte y que por largos años causaron cuantiosos daños a la población recién establecida.
Anterior al Presidio de Fronteras y como único en el noroeste, fué establecido por el año de 1596, el de Sinaloa, situado en la antigua villa de San Felipe y Santiago de Carapoa, que a decir del Capitán Mange, era "para amparar a los indios cristianos de los gentiles y obviar que estos no fueran perturbados en la fe que con fervor abrazaron e impedir que quemasen y profanasen templos .
En si, se puede decir que el siglo XVII fué testigo del nacimiento de los presidios en la Nueva Vizcaya, a excepción hecha del ya citado de Sinaloa: En la década de los 90's, el Virrey Conde de Galve, determinó dos visitas generales de inspección a los presidios para estar mejor informado de su organizacion y de su funcionamiento. El maestro de campo Don José Francisco Marín, al cual el Virrey le dió nombramiento también de "visitador de las armas y presidios de este reino de la Nueva Vizcaya". Para septiembre de 1693, ya se encontraba Marín en San José del Parral, y aunque no consta que recorriera personalmente todos los presidios, recabó importante información que sirvió para normar las actividades militares en los años siguientes. ya que en general, sus sugerencias fueron aprobadas por el Consejo de Indias. Según encontró Marín, las tropas y oficiales de la Nueva Vizcaya se componían de 381 hombres entre los cuales estaban los 50 de la Cía Volante de Sonora.
Don Domingo Jironza estuvo como Capitán del presidio hasta marzo de 1701, en que fué removido del mando por "intrigas injustificadas" del Capitán Jacinto de Fuensaldaña, quien ocupó su lugar "por medio de informe siniestro al Rey" (Almada, 1984). En 1704 se le confirió el mando del presidio a Don Gregorio Alvarez Tuñon y Quirós, sobrino del anterior, estando por 2 años, de 1706 a 1708, se hace de nuevo cargo Jacinto de Fuensaldaña, para que a partir de 1708 lo remplazara en forma definitiva de nuevo Gregorio Alvarez, durando en este puesto hasta 1726 en que fué destituido por el Visitador Brigadier Don Pedro de Rivera por incumplimiento de sus obligaciones militares entre otras causas. El Brigadier había arribado al Presidio de Corodéhuachi el 29 de octubre de 1726, como un punto más en su recorrido por los presidios de la Nueva España. Estuvo por espacio de 33 días en dicho presidio, demorando su salida -de lo que dice con sus propias palabras-: "un temporal de aguanieves, que duró 11 días y por haber crecido todos los ríos y salido su Madre, se experimentaron muchos daños en toda la provincia". Antes de partir hacia el Presidio de San Felipe y Santiago de Sinaloa, el Brigadier había destituido al citado capitán Gregorio Alvárez y nombrado a Don Juan Bautista de Anza, quien fué un magnífico jefe militar, y quien nunca dejó de luchar en contra de los indios rebeldes, hasta que fué muerto en campaña por los apaches en el año de 1739. Anteriormente en 1729. había formado parte de la expedición contra los seris, emprendida el 16 de agosto por el Gobernador de Sonora Don Manuel de Huidobro a la Isla del Tiburón.
Para 1764, el capitán del presidio lo era Don Gabriel de Vildósola. (hijo del que había sido Gobernador Don Agustín de Vildósola) que a decir de Victoria Hernández, se le había nombrado, a la muerte del capitán de Fronteras, "y tiene confirmada su plaza en virtud de Real Título de 20 de Noviembre de 1754". Almada dice que se le nombró capitán del presidio en recompensa a sus servicios el primero de mayo de 1751. puesto que conservó por más de 30 años.
Don Gabriel de Vildósola colaboró en varias campañas que se hicieron para someter a los Pimas altos, ayudando al cap. del presidio de Terrenate Joseph Díaz del Carpio, entre otros. Durante el gobierno de Diego Ortiz Parrilla (1749-1753), se le encomendó buscar un paraje que sirviera para establecer un nuevo presidio, pero esto no habría de realizarse, sino hasta 20 años después, por medio de los dictámenes del Marqués de Rubí, los cuales sirvieron al Marqués de Croix para formular el "Reglamento e Instrucción para los Presidios sobre las Fronteras de las Provincias Internas de este Reino de la Nueva España", y que fueron aprobados por el Rey Carlos III, en cédula del 10 de septiembre de 1772.
Al respecto del presidio de Fronteras decía: "que por hallarse tan mal situado, en que hay un mediano vecindario, que dista 60 leguas, del de Janos, dejando por consiguiente descubierta una gran parte de la frontera más expuesta a las incursiones de los apaches gileños, se ha de trasladar con la brevedad posible al Valle de San Bernardino, a otro paraje inmediato, si lo hubiese más ventajoso, con el preciso destino de que, cruzándose y uniéndose sus destacamentos con los de Janos y Terrenate, contengan las entradas de aquellos bárbaros, cayéndoles con frecuencia sobre sus cercanos aduares o rancherías. Cuando en 1775 el inspector general de los presidios: hacía su segunda visita a los presidios de la provincia describió que: "la compañía establecida en Santacruz, cortaba por el vado de Palominas a la Soledad, de allí a tierras llanas y pasando por la sierra de Chiricahui establecería contacto con el presidio de San Bernardino, a donde se había movido la compañía de Fronteras". No sería sino hasta 1809 en que la compañía de Fronteras volvería a su original asiento.
"LOS INDIGENAS SONORENSES Y SU CONTRIBUCION AL SONORA ACTUAL"
PRESENTADO EN EL
CUARTO SIMPOSIO DE HISTORIA GENERAL
"ANTONIO MELENDREZ" ENSENADA., B.C.
Por Armando Hopkins Durazo.
Sociedad Sonorense de Historia
PRIMEROS ESPAÑOLES Y BATALLA DECISIVA CON LOS YAQUIS:
Los primeros españoles que pisaron tierras sonorenses lo hicieron en los últimos días de septiembre del año de 1533. cuando Diego de Guzmán se internó en el territorio que ahora ocupa el Estado, llegando hasta la ribera del río Yaquimí, ahora Yaqui.
En 1614, ochenta años después, el misionero jesuíta Pedro Méndez estableció las primeras misiones entre la Tribu Mayo, pero fueron las acciones y hechos sucedidos en el período transcurrido entre 1609 y 1617, los que habrán de tener mayor trascendencia en las futuras relaciones entre los conquistadores y nuestras tribus y qué, indirectamente, tuvieron una gran influencia en la formación del sonorense de nuestros días.
Después de dos intentos fallidos de establecer la autoridad española sobre la tribu yaqui, el Capitán Diego Martínez de Hurdaide organizó en el año de 1609 el mayor ejército que hasta entonces se hubiera visto en el norte de la Nueva España, para enfrentarlo a los aguerridos yaquis y de una vez por todas lograr su sumisión.
El ejército del Capitán Hurdaide estaba integrado con 4,000 guerreros indígenas de las tribus de los sinaloas, los ocoronis, los tehuecos y otras que previamente habían sido sometidas militarmente e incorporadas al sistema misional en los ríos Sinaloa, Fuerte y Culiacán. Este ejército se apoyaba con un cuerpo de caballería de 44 soldados españoles bien dotados de armas y de sus armaduras, además de soldados de infantería provistos de lanzas, espadas. arcabuces y un cañon.
Según la versión de los propios españoles relatada por el misionero jesuíta Don Andrés Perez de Rivas, el ejército yaqui se componía de 7,000 hombres que prestos habían acudido de las 80 rancherías que se encontraban al margen de su río y que constituían la nación yaqui, para defender su tierra de los invasores.
La dotación de pólvora, municiones y alimentos con que contaba la fuerza española, la presencia en el combate de la caballería que los guerreros yaquis enfrentarían por primera vez, la coraza defensiva que el guerrero peninsular llevaba en su atavío militar que le defendía con gran éxito de las flechas enemigas, y, en fin, todos los elementos modernos para esa época presentes en el ejército español, incluido el de su organización y el de ser mandados por un jefe militar que había tenido un gran éxito en todas sus campañas, conducían a pensar que eventualmente la victoria habría de inclinarse al lado del conquistador.
Al despuntar el alba los yaquis cruzaron resueltos y desafiantes el rio y atacaron el campamento enemigo con tal ímpetu y frenesí que los defensores solo se sostuvieron a causa de grandes bajas entre muertos y heridos. Cada vez que los defensores lograban recuperarse y pasaban a la ofensiva, los yaquis cruzaban el río utilizándolo como trinchera, pero volvían de nuevo al ataque en cuanto rehacían sus fuerzas.
En el curso de la batalla que duró todo el día, además de algunas escaramuzas nocturnas, todos los españoles resultaron heridos, pero ninguno fué muerto, a diferencia de las fuerzas indígenas aliadas que sufrieron una gran cantidad de bajas. Los guerreros indígenas que reforzaban las armas españolas se desanimaron ante la fuerza de los ataques yaquis y dejando a numerosos muertos y heridos en el campo de batalla huyeron a sus tierras del Sur. Pronto fueron seguidos por la mitad del ejército español que rápidamente, unos a pié y otros montados, se dirigieron al presidio y pueblo de Sinaloa para salvar el pellejo.
La otra mitad de los soldados españoles se agruparon en torno a su jefe, el capitán Hurdaide, quién herido por una flecha que penetró su casco estuvo a punto de morir. Casi toda la noche estuvieron los españoles rodeados por los guerreros yaquis quienes querían la cabellera de Hurdaide para proclamar y celebrar su triunfo, pero éste, en un acto valiente y de ingenio, logró poco antes del amanecer, escabullirse y escapar con su muy deteriorado ejército.
CAMBIOS EN LA ESTRATEGIA DE LOS CONQUISTADORES:
Fué de tal magnitud la derrota sufrida por los españoles y el respeto que les inspiró el arrojo y valentía de los guerreros yaquis que el Capitán Hurdaide no consideró siquiera la inmediata reorganización de sus fuerzas ni realizar un nuevo ataque. y. de hecho, renunció a la pretensión de imponer, con base en la fuerza militar, el dominio español al norte del río Yaqui.
Es plenamente evidente que la derrota infligida por los yaquis a las huestes conquistadoras cambió totalmente la estrategia y los medios que la corona española habría de seguir para conquistar el territorio más septentrional de la Nueva España.
Los eventos que siguieron a la derrota de los españoles, durante seis o siete años hasta la entrada de los primeros misioneros al Yaqui en 1617, son sumamente raros e inexplicables.
Sobretodo porque los únicos testimonios con que contamos provienen de los propios españoles, quienes se negaban a reconocer en nuestros aborígenes actitudes humanas diferentes a las guerreras.
Lo que es evidente es que después de su triunfo los yaquis quedaron en una posición que les permitía imponer condiciones para llegar a la paz y que, en ese período de siete años estuvieron en continuo contacto con las tribus vecinas ya sometidas al sistema misional. Hacían visitas a sus vecinos del sur y por lo menos, se sabe de una delegación yaqui a Sinaloa de 400 miembros que representaban a la mayoría de las rancherías de la tribu. Los misioneros mostraban a los yaquis las nuevas habitaciones, escuelas, la iglesia, las explotaciones agrícolas, el ganado vacuno, caballar, caprino, etc. que debieron despertar en el yaqui un interés por conocer y aplicar en su provecho la nueva cultura.
Es de creerse, pues, que a las instancias de Hurdaide por lograr penetrar el Yaqui en son de paz, respondió la tribu con simpatía y buena voluntad pero imponiendo condiciones. De otro modo no se entiende que los primeros misioneros en tierras yaquis, el propio Perez de Rivas y Basilio, hayan entrado al valle acompañados únicamente de cuatro indígenas de las tribus vecinas, pero totalmente desprotegidos de la fuerzas militar, como era hasta entonces la costumbre.
Los testimonios españoles argumentaban que esta entrada de los misioneros y el subsecuente sometimiento de la tribu fué consecuencia del miedo de los yaquis a los poderes de hechicero que le atribuían a Hurdaide y al poderío de su ejército. Sin embargo. olvidan las derrotas que previamente a su aceptación de la paz habían infligido a las tropas españolas e ignoran la indiscutible capacidad de negociación de la tribu. Spicer dice: "esta negociación no se les impuso por la fuerza, no fué la paz que se alcanza con una tribu vencida, ni con un pueblo sin la organización y cohesión necesarias para resistir su conquista".
No obstante que los primeros aborígenes Sonorenses sometidos fueron los mayos y que su conquista se realizó igual que la de sus vecinos del Sur, es decir, por la fuerza militar ejercida por Hurdaide y que además el Padre Méndez había establecido en tierras de los mayos las primeras misiones, es la entrada de los misioneros Perez de Rivas y Basilio al Yaqui en 1617, la que habrá de sentar las bases y fijar el rumbo y procedimiento para someter a las tribus asentadas aguas arriba del Río Yaqui y en todo el territorio de los que después sería Sonora.
Es decir, desde esa fecha, las tribus sonorenses habrían de ser sometidas por una arma y un método que la Corona Española consideró más efectivos que la espada y la fuerza: la cruz y el evangelio.
Este hecho habría de tener gran trascendencia, no solo por el éxito logrado en la empresa, sino en los efectos que entonces tuvo en los aborígenes y que sigue teniendo en la formación del sonorense actual.
Desde su primera entrada al Yaqui hasta su expulsión 150 años más tarde, los misioneros jesuitas redujeron a los indígenas sonorenses que habitaban en innumerables rancherías, en unos 40 pueblos de misión y otros tantos pueblos llamados de visita. Estos pueblos constituyen ahora la gran mayoría de las poblaciones rurales de Sonora.
Para atender militarmente a la población de las misiones así como a la de los reales de minas, el gobierno virreinal contaba con un presidio militar en el norte del ahora estado de Sinaloa y fue hasta 80 años después de la primera entrada misional que fundó lo que fué la Compañía Volante de Sonora que al asentarse en Santa Rosa de Corodéhuachi, daría lugar al primer presidio militar en Sonora, conocido como el presidio de la Frontera de los Apaches.
Al aceptar los indígenas el sometimiento militar y la nueva cultura por decisión propia y sin sufrir la pérdida de una a la que no estaban fuertemente arraigados. Por el propio atraso en que vivían, no tuvo grandes ni funestas consecuencias, como fué el caso con los aztecas y con los pueblos que constituían su imperio, los que sí se vieron sometidos a un gran choque traumático al serles impuesto un nuevo orden social y político por la fuerza y privarlos de su cultura que sin duda, era incomparablemente más adelantada que la de nuestros aborígenes sonorenses.
La colonización pacífica de los territorios sonorenses derivadas del hecho de armas de 1609, en el cual los yaquis derrotaron a las armas españolas y por el cual se cambió la actitud del conquistador y se suavizó la del indígena, habría de poner de relieve algunos aspectos que fueron trascendentes en la formación de la nueva raza:
La organización social y política de las comunidades misionales que no ponía énfasis en el respeto a las jerarquías sociales, donde la autoridad virreinal y consecuentemente la influencia de nobleza o familias poderosas, se encontraba tan lejana que podía considerarse ausente: el sistema de trabajo impuesto por los misioneros, en el cual el indígena sonorense nunca tuvo que trabajar sin remuneración, a diferencia de los indígenas sometidos en Mesoamérica donde las encomiendas los convertían casi en esclavos: y el autogobierno por los naturales que se hizo presente en cada pueblo de misión, son aspectos que dejaron honda huella en el sonorense de entonces y que no son ajenos al carácter y modo de ser del sonorense actual.
POBLACION INDIGENA A LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES:
Cuando los españoles llegaron por primera vez al noroeste de México, habitaban el territorio de lo que ahora es Sonora, infinidad de tribus que con excepción de los seris. derivan el mismo tronco lingüístico. Estas tribus vivían en pequeñas rancherías diseminadas por todo el territorio siguiendo el curso de los ríos Mayo, Yaqui, Sonora, San Miguel, Magdalena y Altar y todos sus afluentes que forman los pequeños valles de la sierra y los grandes valles de la zona costera.
No obstante el gran número de grupos originales antropólogos los han agrupado en siete principales, cuya población aborigen era la siguiente:
POBLACION ABORIGEN A LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES.
Mayos 25,000
Yaquis 35,000
Seris 5,000
Pimas Altos 1,000
Papagos 3,000
Pimas Bajos 25.000
Opatas 65.000
170,000
A la cifra de 170,000 habitantes aborígenes he llegado después de sugerir algunas modificaciones atendiendo a los nuevos límites políticos de la entidad, a las cifras originalmente propuestas por Carl o. Sauer, en su magnífico estudio
Las siete tribus principales que poblaban el actual territorio sonorense se distribuían en la siguiente manera: En el Sur, las dos ramas de la raza cahíta, mayos y yaquis sumaban 60,000 habitantes de los cuales 35,000 eran yaquis y 25,000 mayos. Estas dos tribus se asentaban en las riberas de los ríos que dan nombre a los valles y su ocupación principal, entonces como ahora, era la agricultura.
En la región occidental se desplazaban por toda la Costa los indios seris que a diferencia de las otras seis tribus principalmente les hablaban una lengua que no proviene del tronco común uto-azteca. Los seris no se dedicaban a la agricultura sino que eran recolectores y cazadores. Sauer estimó que a la llegada de los españoles la población seri, incluyendo las ramas salinero, tiburón, carrizo y la propiamente seri, era de 5,000 habitantes.
En el norte y noroeste del Estado. en el territorio que los españoles conocieron como la Pimería, habitaba en número de 20,000 la tribu de los pimas altos: sin embargo, debido a que una buena parte de ellos vivían en el territorio que después perdimos y que quedó comprendido en el estado de Arizona, para llegar a la cifra total he incluído como pimas altos solo a 12,000 habitantes.
Igualmente sucedió con la tribu de los pápagos quienes ocupaban territorio de la Pimería que en su mayor parte es ahora de Arizona, por lo que en la cifra total se incluyen únicamente a 3,000 indígenas de esta tribu.
Los pimas altos vivían asentados en las riberas de los ríos Magdalena y Altar, mientras que los pápagos llevaban una vida seminómada a que los forzaba la escasez del agua en la zona desértica que habitaban.
De la misma rama lingúistica de los pimas altos pero bastante más sofisticados en la explotación agrícola, la cual practicaban en los pueblos situados en la parte central del estado en las márgenes de los ríos San Miguel, Sonora y Yaqui, vivían alrededor de 25.000 nebomes, conocidos también con el nombre de pimas bajos. Por el sur colindaban los nebomes con la nación yaqui y al norte con la Opatería o nación de los ópatas.
Esta tribu, la de los ópatas o eudeves. era con mucho, la más numerosa de las tribus indígenas cuando los españoles arribaron a territorio sonorense, Sauer le calcula una población de 65,000 incluyendo algunas ramas que como las jovas estaban ya siendo absorbidas por la tribu cuando los primeros jesuítas llegaron a su tierra.
Ahora bien, si hemos de dar como buenos los datos que nos ofrece Sauer, y existen muchos testimonios escritos de la era colonial que ayudan a calificarlos como correctos, sería sumamente interesante analizar al devenir poblacional durante los 450 años transcurridos desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. Ese interesantísimo trabajo, sin embargo, es una tarea mucho mayor de la que esta sencilla ponencia se ha impuesto, y me concretaré en ella, a hacer una simple comparación entre los datos de población indígena del inicio del período y la que hoy existe.
POBLACION INDIGENA SONORENSE EN LA ACTUALIDAD:
No obstante una notable discrepancia entre la información sobre población indígena en Sonora, proporcionada por los inciertos resultados del censo de 1980 y los datos obtenidos del Instituto Nacional Indigenista sobre la población indígena que vive en las localidades del Estado atendidas por los Centros Coordinadores del I.N.I., he obtenido una información basada en ambas fuentes que considero muy cercana a la realidad.
Esta población para los grupos indígenas sonorenses es como sigue:
Mayos 57,000
Yaquis 26,000
Guarijios 1,980
Seris 565
Pápagos 467
Pimas 240
86,252
Este último grupo, el de los Pimas, vive en una pequeña ranchería en el municipio de Bacerac que se encuentra en el extremo noreste del Estado.
Los pápagos viven en 8 localidades de los municipios de Altar, Saric. Caborca y Puerto Peñasco.
Los 1,980 guarijíos se distribuyen en 25 localidades de los dos municipios más al sureste de la entidad, como son Alamos y Quiriego.
Tanto los pimas como los guarijíos, sobretodo estos últimos, viven en condiciones de mucho atrazo cultural y gran pobreza material, pudiéndoseles considerar totalmente marginados del desarrollo de la entidad.
Los pápagos y los seris no pueden considerárseles marginados puesto que participan modestamente pero mostrando buenos adelantos, los primeros en actividades ganaderas y los segundos en la pesca y en las artesanías, en las que han dado fama a las figuras de palo fierro tallado
Pero los dos grupos más numerosos y que constituyen más del 96% de la población total indígena, los mayos y Yaquis, no solo participan en las actividades económicas de la entidad sino qué actúan en varias áreas, como lo son, agricultura, ganadería, pesca y pequeña industria. Especialmente los yaquis cuentan con magníficos agostaderos tierras agrícolas y agua de la presa de su río en cantidades suficientes para que todos los integrantes del grupo pudieran gozar de una regular posición económica. El principal impedimento para lograrlo ha sido hasta ahora, la falta de educación general y la ausencia de liderazgo bien intencionado que se tradujera en una mejor organización.
