EL PLACER DE "EL MESQUITE"
Por: Armando Hopkins Durazo
Los cronistas de la época de la Colonia que se ocuparon de describir el territorio de lo que ahora es Sonora, hacen numerosas menciones de hallazgos de oro y plata que ocurrían prácticamente a flor de tierra y que dieron lugar a explotaciones mineras importantes pero muy breves en su influencia económica, social y política de la Provincia. Ejemplos muy claros de estos efímeros asentamientos mineros fueron San Juan Bautista de Sonora y la CieneguiIla, que en su tiempo fueron considerados los centros más importantes de Sonora y el primero de ellos cabecera de la provincia y asiento del Alcalde Mayor en 1660.
Conforme los suelos de Sonora fueron siendo explorados por extranjeros y mestizos venidos del centro del país buscando las grandes riquezas que se le atribuían a esta comerca, fueron desapareciendo los metales de la superficie de su territorio y fue necesario prospectar y buscar en las entrañas del suelo los preciados metales. Así surgieron otras explotaciones más estables y duraderas, como Cananea, Alamos, La Colorada, etc., etc.
Sin embargo, los gambusinos y prospectadores de metales finos nunca desaparecieron de nuestras tierras. Todavía hoy siguen obteniendo su preciado producto de las arenas de nuestros arroyos y eventualmente topan con un depósito de oro que les ofrece la posibilidad de asentarse por un tiempo para beneficiar su producto y obtener, por fin, las pingües ganancias que han soñado.
Cuando esto, sucede el beneficio no lo obtiene una sola persona o familia. Inmediatamente corre la voz y en unos cuantos días surge un poblado de hombres y mujeres que viven impulsados por una extraordinaria fuerza que les hace trabajar y soñar intensamente: la ambición de fortuna, representada en una o muchas grandes pepitas de oro.
Lógicamente estas explotaciones, comúnmente llamados "placeres", han venido paulatinamente desapareciendo para dar lugar a grandes operaciones mineras que excavan con medios mecánicos siguiendo las ricas vetas, o a las nuevas explotaciones a tajo abierto como Cananea y La Caridad.
Posiblemente los últimos placeres que en Sonora alcanzaron gran movimiento y colmaron la ambición de algunos gambusinos, o hicieron vivir a muchos otros una temporada de sueños y de pasión desenfrenada, fueron el Boludo y El Tiro en el distrito de Altar y El Mezquite, también llamado El Pozo, en el municipio de Cucurpe.
No sé a qué se deba el nombre de "placer" que se da a estos depósitos de oro nativo, casi puro, que se encuentran generalmente entre las arenas de río y arroyos arrastradas de las montañas o tierras ricas en el áureo metal, pero estoy seguro que debe estar relacionado con la sensación que produce el encontrarse con pepitas o granos de oro al lavar las últimas arenas, por lo general negras que contrastan con el hermoso y resplandeciente color dorado del metal. Si el placer que esa visión produce al gambusino no tiene relación con el nombre que se da a esos depósitos auríferos, no sé de otra razón más justificada que ella.
El placer de El Mezquite se inició en el año de la expropiación petrolera, 1938, en el municipio de Cucurpe, Sonora, en una zona situada a lo largo del camino vecinal que une a la localidad del mismo nombre con la ciudad de Magdalena de Kino. Los primeros gambusinos que se asentaron en la zona de El Mezquite, precisamente ese año, fueron los integrantes de una familia de apellido Marroquín.
A mediados de 1939 acudieron al lugar muchos gambusinos y mineros que habían estado trabajando en El Boludo, El Tiro y la Ciénega, localizadas en el distrito de Altar, cercanas al municipio de Trincheras, que por esas fechas habían agotado las existencias de su metal.
En unos cuantos días nació y creció un pueblo de unos 2000 habitantes compuesto de gambusinos, sus familias, comerciantes de víveres y artículos de consumo, cantineros y las "muchachas" que les acompañaban para ofrecer un placer más a quienes podían comprarlo y también los fonderos, músicos y trabajadores para lo que se ofreciera y un etcétera tan largo como la actividad económica lo fuera requiriendo.
El nombre de "Mezquite", según lo asevera Don David Fernández, informante de todos los datos relativos al placer en este trabajo, era el que llevaba entonces una pequeña posesión que se encontraba arriba de la Cuesta de la Zorra, donde habitaba en una pequeña casita un señor a quien le apodaban el Mocuruzi.
La región de El Mezquite se extendía a todo lo largo del camino Magdalena-Cucurpe posible plano desde la Cuesta de la Zorra hasta un lugar que le decían Las Pompitas donde estaba el pozo de agua que surtía a la improvisada población. El negocio del agua lo hacía un particular, el Sr. Vicente Terán, quien fue presidente Municipal de Magdalena y persona muy respetada hasta su fallecimiento en esa ciudad.
La parte más activa y principal del placer de El Mezquite estaba localizada en el rancho El Pozo, propiedad de Jesús Ma. Valenzuela (El Indio) y de su esposa Paulina Contreras, quienes eran sumamente estimados y muy populares en toda la región, no solo entonces, sino en todo el tiempo que duró su hospitalidad e influencia bienhechora desde Cucurpe hasta Magdalena.
Durante el tiempo de mayor auge de El Mezquite la población alcanzó unos 2,500 habitantes, que vivían en tiendas de campaña, viviendas construidas con ocotillo y lodo, jacales y todo tipo de instalaciones improvisadas y sin ninguna pretensión de duraderas.
Además de los gambusinos que acudieron de todas partes, hasta de los Estados Unidos, la actividad económica de El Mezquite ofreció trabajo y esperanzas a muchas gentes de las localidades cercanas, principalmente Magdalena. Su actividad fue poco a poco decayendo, al irse terminando el metal, hasta que en 1944 ya prácticamente no quedaban más familias gambusinas.
La extensión del placer era de unos 3.5 kilómetros, a lo largo de los cuales surgían las "labores", pozos que se excavaban para llegar a los antiguos cauces del arroyo subterráneo y seco, que contenía las pepitas de oro.
El terreno a explorar era asignado por la autoridad, que estaba entonces constituida por el Comisario, Don Juan Cantú, y el Presidente Municipal de Cucurpe, el Sr. Joaquín Soto, quien muriera ahogado en 1940 al querer atravesar montado en su caballo uno de los arroyos de la región durante una fuerte creciente.
Una labor tenía una superficie de 49 metros cuadrados, 7 metros lineales por cada lado. Para hacerse de una labor bastaba que el denunciante clavara una estaca en una área no ocupada, con lo cual hacía el "cleme" (que seguramente proviene del inglés "claim" que en términos mineros significa denuncia o pertenencia). La operación de "clemar" consistía propiamente en clavar la estaca y señalar los límites de la labor, la cual posteriormente se registraba ante las autoridades.
Una vez con el registro en mano se procedía a perforar el pozo, lo cual se hacía a pico y pala y se ayudaba a la extracción de la tierra con un malacate, con el que diariamente extraían la tierra que después lavaban para buscar el oro.
La profundidad de las labores era muy variable pues si encontraba el gambusino oro a cierta profundidad procedía a excavar hacia los lados. Obviamente, muchas labores se comunicaban unas con otras a través de sus túneles, lo cual daba lugar a conflictos y arreglos especiales.
El material extraído de las labores se llevaba alas máquinas polveadoras que utilizaban el viento producido con un fuelle para limpiar de tierra el metal. Esta operación se hacía también en máquinas que utilizaban agua en lugar de viento para lavar el metal.
Una vez concentrado el material por cualesquiera de los dos sistemas, se procedía a su lavado en las bandejas de los gambusinos que es donde por fin se ve el oro. Un oro tan brillante como el más puro de cualquier alhaja, contrastante con el negro del mineral de fierro que le acompaña y del color oscuro de la bandeja del gambusino. La vista y hallazgo de cada pepita de oro inyecta de nuevo ánimo al gambusino y le hace soñar y renovar esfuerzos.
El oro que se obtenía del placer de El Mezquite, era prácticamente puro pues daba 980 finos. Hubo labores que llegaron a dar hasta 10 kilos de oro en un solo día. El Sr. Fernández estima que pudieron extraerse de este placer unos 1500 kilos de oro en el tiempo que duró su explotación.
Al iniciarse la operación de El Mezquite el precio del oro era de $3.60 M.N., por gramo, o sea, el equivalente a un dolar. Durante ese tiempo el peso sufrió una devaluación que llevó el precio del oro a $4.80 M.N. el gramo, lo mismo que costaba un dólar. Durante el tiempo de operación de este placer, el precio del oro siempre fue de un dólar y su precio en moneda nacional el equivalente.
Como a unos 7 u 8 kilómetros al sur de El Pozo, en un pequeño rancho de un señor a quien apodaban El Capitán del Bajío, también se desarrolló en esos mismos tiempos otro placer que se le conoció con el nombre de La Higuera.
El oro de este placer se pagaba a un peso más barato el gramo en virtud de que su calidad era de menos finos. El Placer de La Higuera duró poco porque sus labores tenían el problema que las invadía el agua, cosa que no sucedió en El Mezquite que tiene un subsuelo muy seco.
Los compradores de oro que operaban en El Mezquite lo vendían unos a los comerciantes establecidos en Magdalena como A. Fernández y Cía. y Lauro Grijalva y otros lo llevaban a vender por su propia cuenta a Nogales, Arizona. Los que compraban oro en el placer eran los señores Dabdoub, de Nogales, Luis Yepiz, comisionista de Magdalena y David Fernández, también de Magdalena pero quien operaba por cuenta propia.
Este último recuerda que él solo compraba entre un kilo y kilo y medio diariamente. El valor de ese oro equivalía entonces al valor de 3,750 salarios, aproximadamente, los cuales en la actualidad costarían más de 7 millones de pesos.
Las labores que más oro obtuvieron del placer El Mezquite pertenecieron a los señores Javier Gómez y Abraham Ozuna quienes formaron una sociedad y explotaron la labor más rica de la región. Otras labores importantes pertenecieron a la familia Marroquín quienes fueron los primeros en asentarse en el placer y a Pedro Trujillo, de Hermosillo.
Se dice que a los trabajadores de las labores ricas se les obligaba a trabajar desnudos dentro de la labor para evitar que escondieran en sus ropas las grandes pepitas de oro que se podían encontrar a simple vista.
El señor Javier Gómez era ensayador y prospectador y un hombre muy emprendedor, el señor Ozuna era jalisciense y tenía una panadería en Magdalena en un lugar conocido como "los cuartos del francés". El Sr. Trujillo llegó al placer procedente de Hermosillo.
Ellos fueron los más afortunados y a quienes el placer de El Mezquite colmó sus sueños de riquezas que una vida de trabajo y de contacto con la mágica actividad minera les había ido forjando. Pero hubo muchos otros que fueron testigos o protagonistas principales de episodios vividos al paso fugaz del placer de El Mezquite.
Yo fui testigo del surgimiento y apogeo del placer El Mezquite y trabajé en sus labores y en el lavado de la tierra extraída. Sentí la emoción muy singular de ver surgir de entre las arenas negras una pepita resplandeciente del dorado metal y comprendí la razón y la fuerza que empuja a tantos hombres desde la época de la Colonia, a buscar y extraer sus riquezas a la tierra sonorense... soñando... y haciendo planes... y endeudándose... con la sola esperanza de encontrar al día siguiente su bonanza.
INSOLITA CONSTRUCCION FERROVIARIA
Por: Epifanio Zamorano Ramos
Corría el mes de febrero de 1914 en que la Revolución Constitucionalista avanzava triunfante en todos los frentes. El Primer Jefe Don Venustiano Carranza se encontraba en Hermosillo haciendo preparativos para trasladarse vía Cañón de El Púlpito al vecino Estado de Chihuahua que controlaba el General Francisco Villa, e instaba al General Obregón que se encontraba en Culiacán para que continuara su marcha hacia el sur, que llevaba como meta la ciudad de México.
El General Obregón después de haber derrotado a los federales en Santa Rosa y Santa María y dejarlos aislados en Guaymas mediante un núcleo de fuerzas al mando del General Salvador Alvarado, había marchado con el grueso del Ejército del Noroeste del cual era Jefe, al sur, y después de ir derrotando a los Huertistas, en su trayecto, se apoderó, tras un duro combate, de la plaza de Culiacán, Sinaloa, donde se encontraba semivarado ya que le hacían falta locomotoras, pues sólo contaba con la grande No. 207 del C.F. SudPacífico; dos chicas del F.C. Kansas City México & Oriente, y otras dos también chicas del F.C. Occidental de México, (El Tacuarinero) así como otro material rodante y ante todo municiones.
En Maytorena que se encontraba ocupada por la Revolución, había tres locomotoras grandes del F.C. Sud-Pacífico, otro material rodante y un furgón con municiones, que no podían movilizarse al sur, ya que Empalme por donde tendrían que pasar, se encontraba dominada por los federales que ocupaban los cerros aledaños Y, al alcance de los disparos de los cañones instalados en los Barcos de Guerra surtos en la Bocana del Puerto de Guaymas
Tomar Empalme por parte de los Revolucionarios y dejar expedita la vía al sur, resultaba una empresa difícil y costosa en vidas y en municiones, que el General Obregón necesitaba para continuar su campaña; y aún cuando se lograra, subsistía el peligro; la amenaza de los cañones de los barcos de guerra federales, que dominaban el lugar, así que se deshechó el proyecto.
Para ilustrar la situación geográfica Maytorena-Empalme-Cruz de Piedra, se impone decir que Maytorena está a unos 15 kilómetros al Noreste de Empalme, y Cruz de Piedra a otros tantos al Sureste de ese último lugar. Ahora, si trazamos ángulo Maytorena-Empalme-Cruz de Piedra-Maytorena, encontraremos que en línea recta hay aproximadamente 15 kilómetros de distancia entre Cruz de Piedra y Maytorena.
A fin de que diera solución al problema del paso de locomotoras y municiones de Maytorena a Cruz de Piedra, el General Obregón comisionó al Mayor J. Lorenzo Gutiérrez, Jefe de Trenes Militares, lo que fue un reto para el Mayor, quien echó a andar su imaginación, y aplicando su experiencia como ferrocarrilero concibió un proyecto que puso a consideración del General Obregón quien le otorgó su aprobación y expidió las órdenes para su realización. El Mayor Gutiérrez había hecho una evaluación de los materiales de construcción de que disponía, con el resultado de que sólo contaba con rieles, durmientes y clavazón para tender 500 metros de vía; llevó a cabo además un estudio de la topografía del terreno directo de Maytorena a Cruz de Piedra, por el Valle, dejando de lado a Empalme, donde localizó terrenos planos y fáciles para el tendido de vías.
El proyecto en sí consistía en tender el medio kilómetro de vía con los materiales disponibles, uniéndola a la principal en Maytorena; meter en aquel tramo las locomotoras, tanques con agua, plataformas con leña para alimentar las máquinas, y otro material rodante en el que iba incluido un furgón con municiones; conducir todo el convoy al extremo sur donde sería inmovilizado, levantar seguidamente la parte de la vía que fuera quedando desocupada al norte, cuyos materiales serían usados para seguir tendiendo la vía al sur, movilizar lueqo el convoy a la parte sur; y, así sucesivamente hasta alcanzar la vía principal en Cruz de Piedra.
Toda la construcción de este trayecto de vía, (que bien pudiéramos llamarlo en cadena) se llevó a cabo a la vista y ante los constantes ataques de los federales que se encontraban posesionados de los cerros que se extienden desde Batamotal hasta "Tres Hitos", y de la Planta de Bombeo localizada a cuatro kilómetros al Sureste de Empalme; no obstante ello, se concluyó en aproximadamente quince días, o sea que hubo un avance de un kilómetro diario, lo que resulta sorprendente si se toma en cuenta el propio trabajo de construcción, movimiento del convoy que se conducía, y ante todo los constantes ataques de los federales.
Concluída felizmente aquella maniobra, un tren especial condujo aquel importante convoy hasta Culiacán, con cuyos elementos, el General Obregón estuvo en condiciones de reanudar su marcha al sur.
Fue pues, gracias al ingenio del Mayor Gutiérrez, y al esfuerzo de trabajadores Ferrocarrileros que ante la constante amenaza de los federales llevaron a cabo la construcción, que el General Obregón pudo avanzar al sur de Culiacán aumentando sus triunfos, hasta alcanzar la Estación de Teoloyucán al norte de la ciudad de México, donde el 13 de Agosto de 1914 se firmaron los Tratados que llevan ese nombre, en que se aceptó por el antiguo gobierno la rendición de la ciudad de México y la disolución del antiguo Ejército Federal.
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¿DIJO REALMENTE VASCONCELOS QUE EN SONORA TERMINA LA CIVILIZACION Y COMIENZA LA CARNE ASADA?
Por: Hector Rodríguez Espinoza
José Vasconcelos (1882-1959) nació en Oaxaca, de niño vivió en Sonora, Coahuila y Campeche, por desempeñar su padre un cargo aduanal.
Estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, se consagró apasionadamente al estudio de la Filosofía y de la Literatura, recibiéndose de abogado en 1907. Fundó y presidió El Ateneo de la Juventud en 1909, al lado de otros intelectuales, y participó en el movimiento revolucionario, afiliado al Maderismo.
Al triunfo de la rebelión aguaprietense de 1909, el presidente Adolfo de la Huerta lo nombró Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, cargo que desempeñó en los años 1920-21. En 1921 logró que el Gobierno restableciera la Secretaría de Educación Pública, y Obregón lo nombró Ministro de la misma, desempeñándose en el período 1921-24.
Organizó el Ministerio en tres departamentos: Escolar, de Bellas Artes y de Bibliotecas y Archivo. Invitó al país a Gabriela Mistral y Pedro Henríquez Ureña. Impulsó la escuela y misiones rurales y promovió la pintura mural. Editó la revista El Maestro y el semanario La Antorcha, y una serie de clásicos de la literatura universal.
Por diferencias con el régimen se alejó del país, regresó en 1928 y al año siguiente lanzó su candidatura para la Presidencia de la República.
Después de la derrota, aunque persuadido de haber ganado legítimamente las elecciones, volvió a exiliarse y regresó hasta 1940.
Fue Doctor Honoris Causa por la UNAM y en Puerto Rico, Chile, Guatemala y El Salvador, miembro de El Colegio Nacional. Perteneció también a la Academia Mexicana de la Lengua.
Su vasta obra fue recogida por la editorial Libreros Mexicanos Unidos y comprende cerca de un medio centenar de ensayos y libros sobre Derecho, Filosofía, Historia de México, Metafísica, Etica, Sociología y cultura en general (1).
LA EDICION DE LOS CLASICOS ANTE LA IGNORANCIA DEL INDIGENA. UNA ANECDOTA.
Precisamente de su labor desarrollada al frente de la Secretaría de Educación Pública, existe una anécdota que, al margen del irónico sentido del humor del Presidente Obregón, sintetiza la tragedia educativa del medio rural mexicano de entonces, y la incomprendida visión civilizadora de Vasconcelos, entre muchos, otros elementos socio-históricos que reflejan un momento interesante del proceso cultural de la Nación:
"En una ocasión, Obregón y su comitiva estaban esperando un tren en una pequeña y desierta estación de ferrocarril. Hacía mucho calor. Obregón estaba de buen humor. De pronto se dirigió a un indio que pasaba. "¿Cómo se llama este pueblo?", preguntó el Presidente. El indio contestó flemáticamente que no conocía el nombre del pueblo. "¿De dónde eres?", preguntó Obregón. " De aquí siñor ", "Pero es extraño, ¿es que acabas de llegar a él?","No siñor. Aquí nací; aquí murieron mis padres, siñor". Obregón movió tristemente la cabeza. Había encontrado mucha ignorancia, pero era espantoso encontrar a un nativo a tal punto ignorante que no sabía ni siquiera el nombre del pequeño pueblo en el que había pasado su vida, y en el que posiblemente muriera. Dio una moneda al indio y se despidió amablemente.
"Después, cuando el indio se hubo alejado, Obregón llamó a uno de sus compañeros. En un tono serio le dijo: "Que mi Secretario anote la observación: en cuanto regresemos a México, que se envíen a este individuo los DIALOGOS de Platón y LA DIVINA COMEDIA que editó Vasconcelos para la desalfabetización del indio". (2).
"DONDE TERMINA EL GUISO Y EMPIEZA A COMERSE LA CARNE ASADA,
COMIENZA LA BARBARIE".
En 1925, como ya es frecuente recordarlo (con un raro afán masoquista), el maestro Vasconcelos, en una de sus colaboraciones para el Diario Nacional "El Universal", reproducida en su libro autobiográfico La Tormenta, se refirió a la alimentación en ciertas regiones del norte del país, prácticamente como frontera de la civilización nacional. La versión es ya recurrente y lugar común cuando se trata el punto, incluso en publicaciones científicas (3). Por ello, creemos conveniente y justo citar, textual y contextualmente, al filósofo oaxaqueño.
En efecto, la reflexión mencionada le fue inspirada y motivada a Vasconcelos en el descanso de una travesía serrana de Querétaro a Guanajuato, acompañado de un grupo de amigos, cuando entraron una tarde a una ranchería del valle de Tolimán, donde se hospedaron y les sirvieron alimentos, anécdota que relata así:
"Nos echamos otra vez al camino. En tramos una tarde al Valle de Tolimán, todo verde con cebada tierna. A la orilla de la senda las casas de los rancheros son de mampostería, espaciosas y sólidas... Tolimán, bello nombre y panorama riente: Allí nos hospedó la maestra: mató pollos y los sirvió guisados en buena salsa. Nos sentimos en tierra civilizada. Donde termina el guiso y empieza a comerse la carne asada comienza la barbarie". (4).
Esta es, textualmente la frase que escribió el filósofo, y sobre la que se ha hilado una red nacional de interpretaciones y hasta mitos.
QUINCE AÑOS DESPUES, EN QUEROBABI
Relacionado directamente con lo anterior, y a manera de anécdota, también resulta interesante referir aquí el relato del comentario que sobre esa expresión hizo Vasconcelos años después, según una carta que envió su yerno Hermino Ahumada, a Marte R. Gómez, el 4 de agosto de 1960, en respuesta a una solicitud anterior de éste de localizar "la cita de la acusación, hasta cierto punto con razón, de que éramos vulgares comedores de carne asada", para un trabajo sobre Gastronomía Tamaulipeca. La carta aparece en las Memorias y Epistolario de Marte R. Gómez, y su contenido -que por sí solo se explica- es el siguiente:
"Por los años 1937-1938 me tocó actuar como Magistrado en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Sonora, siendo Gobernador el General Yocupicio. El profesor y general Jesús María Suárez, entonces diputado local, con quien cultivamos relaciones políticas y amistosas desde 1929, nos invitó al rancho de él y de su familia, en Querobabi. Allí conocimos al padre de Jesús María, quien llevaba el mismo nombre que él, un viejo ranchero de esos chapeados a la antigua, es decir, de gran rectitud, honorabilidad y dotado de gran agudeza e inteligencia naturales. Para honrar la presencia del maestro Vasconcelos en el rancho, ordenó se matara una preciosa y gorda vaquilla, para que disfrutaran, el maestro y sus acompañantes, de la magnífica y famosa carne asada sonorense. Al lado de la vaquilla destazada se hizo, a la costumbre de allá, una hoguera que después sé convirtió en brasas, en las cuales se empezó a asar la carne cortada directamente del animal. El maestro Vasconcelos, como todos nosotros, empezó a saborear la deliciosa vianda con fruición y placer; comía y comía y nunca dijo que no a cada ofrecimiento que se le hacía. Todos nos pudimos dar cuenta de que el viejo ranchero don Jesús María contemplaba con gran sonrisa irónica, pero al mismo tiempo con un gesto de entusiasmo y de placer, cómo el filósofo y escritor tan leído por aquellos rumbos, principalmente en sus famosas Memorias, devoraba la carne al igual que todos los demás vulgares mortales que lo rodeábamos. Y el viejo ranchero, sin poderse contener más y a pesar del respeto y admiración que tenía por el maestro, de quien había sido decidido partidario en la campaña política de 1929, ante todos sus familiares y todos los amigos que rodeábamos al maestro y compartíamos la amable tarea de saborear la sabrosísima carne asada, le espetó lo siguiente: 'Maestro ¿no nos dice usted en su libro que somos unos bárbaros porque comemos carne asada? No veo que le haya hecho usted asco, y antes creo que le ha gustado a usted mucho, pues ha comido usted igual que nosotros'. Aquella ocurrencia del viejo ranchero fue acogida por nosotros con una sonora carcajada, que en verdad fue iniciada por el mismo maestro Vasconcelos, quien celebró la ocurrencia y, como de costumbre, cuando se hacía alusión a alguna afirmación de él, le dijo a don Jesús María: 'No tome usted a pecho lo que yo escribo, pues jamás lo vuelvo a leer ni a acordarme de lo que dije, y sobre todo, la carne está muy buena, así es que no haga usted caso de eso de la barbarie y esas tonterías y de todas maneras celebro la lección que me ha dado usted'.".
"Permanecimos tres días con aquellos encantadores amigos rancheros y durante esos tres días, como es natural, no se comió más que carne en las tres comidas del día, y nunca ví comer con más deleite al maestro Vasconcelos, quien al comentar conmigo la cantidad de carne que había comido en esos tres días, me dijo: 'Herminio, la verdad es que yo había comido la carne en el norte más que asada y en la forma de machaca, pero estos guisos que ha hecho la señora de don Jesús María son deliciosos y pueden con el más refinado guiso europeo'."
"Espero, mi querido amigo don Marte, que estos datos le sirvan a usted para su futura obra sobre la gastronomía tamaulipeca, por ser una anécdota absolutamente verídica!, y en cierto modo la reivindicación de nuestra cocina norteña, y además, la rectificación, no sólo de palabra sino de hecho, que hizo el maestro Vasconcelos, de su opinión a priori acerca de nuestra barbarie norteña, en el aspecto alimenticio. La anécdota es absolutamente verídica y están como testigos el mismo Jesús Suárez hijo (el gran viejo ya murió, don Jesús María), el Licenciado Gilberto Suárez, hermano de Jesús María, los licenciados Andrés y Alfonso Pedrero y el Licenciado Salvador Azuela, que había ido a pasar vacaciones con nosotros a Hermosillo, y que fueron también invitados a aquel convite norteño". (5).
(En realidad, Vasconcelos tuvo siempre un acentuado prejuicio respecto del norte de México, derivado de sus vivencias, como se desprende de algunas citas tomadas, como ejemplo, también de La Tormenta).
En efecto, relatando su estancia en Nogales, Sonora, después de su regreso de Europa, en su encuentro con los revolucionarios sonorenses cuando andaba en busca de Carranza a quien apoyaba en contra de la usurpación de Victoriano Huerta, escribió la siguiente impresión referente a la ausencia de flora, arquitectura, urbanización y estética del Nogales de principios de siglo, al que comparó con "el ejemplo del otro lado", lo que atribuyó e imputó a las autoridades porfiristas y a su ilegitimidad democrática: "En vano buscaba los nogales que sin duda le habían dado nombre. Apenas uno que otro árbol en calles apartadas y el centro de una fealdad sin alivio de casas pequeñas, de ladrillo; interiores sórdidos, polvo en todas partes, descuido y no por pobreza: por incultura. El ejemplo del otro lado, bien urbanizado, flamante, no había servido de nada en treinta años de porfirismo. Toda la frontera era así bochorno por el contraste; pero la explicación resulta sencilla: del lado yankee nunca había habido Santa Anas, Napoleones ni Porfirios Díaz, héroes de la paz... ni futuros jefes máximos de ninguna revolución. Del otro lado sólo había autoridades elegidas regularmente y sujetas a responsabilidades, desde las más altas a las más ínfimas" (6).
De su estancia en San Antonio, Texas, con el mismo propósito anterior, escribió la insatisfacción que le produjo esa ciudad; la incultura de ' `todos los que se crían en aquellos pueblos del sur... primitivos en la cultura":
"Como centro de informaciones revolucionarias, San Antonio resultaba insuperable. Como sitio para vivir era un desastre. Ni el cuerpo ni el alma hallaban allí satisfacción completa. Sin embargo, la presencia de un amigo puede transformar a nuestros ojos la apariencia de un desierto. Mi amigo de San Antonio era Samuel Belden, Mexicano-Yankee, grandote, bonachón, inteligente, sagaz en política, buen abogado, pero inculto como todos los que se crían en aquellos territorios... El mismo Nueva York parecía una metrópoli refinada en comparación de aquellos pueblos del sur, enormes y mecanizados, pero rudos en el gusto, primitivos en la cultura. Los ha acabado de aplastar el cine .... No sólo lo norteamericano, también lo mexicano se volvía absurdo, bajaba la categoría en la híbrida ciudad que ha hecho negocio de revolver tamales con enchiladas, frijoles con carne, todo en un mismo plato" (7).
OTRO PAR DE ACOTACIONES; NUESTRO MESTIZAJE ALIMENTICIO:
EL MITO ¿ESTIGMA O ACICATE?
En alguna otra oportunidad habría que hacer acotaciones sobre el verdadero valor y validez de aquella primera y desvirtuante sentencia Vasconcelista. Por ahora bástenos decir que la alimentación -componentes y proceso culinario- de una persona o de un pueblo, es uno de los resortes de su cultura.
Con lo anterior no queremos decir que aceptamos la tesis del intelectual positivismo del porfirismo, Francisco Bulnes, quien pretendió justificar la inferioridad del indio americano a partir de factores raciales que resultan de los distintos procesos de alimentación: "Bulnes --según cita Félix Baez Jorge--, distingue tres tipos de razas: la del trigo (Europa y Estados Unidos de Norteamérica). Dentro de este esquema, atribuye con rango de exclusividad, carácter progresista únicamente a la raza blanca. El arroz, esto es la raza "amarilla": fundó `tenebrosos imperios', animalizados por su espíritu conservador como por instinto de tortuga irracional...". El maíz, por su parte, produjo una raza débil, taciturna, tan débil que fue vencida por insignificantes gavillas de bandoleros españoles Bulnes ve en el mestizo, alejado de los livicios del indígena y suficientemente europeizado, el núcleo a partir del cual habrá de lograrse el progreso del país". (8). Lo anterior no influyó -al parecer- en la inspiración tan íntima, provinciana y nacionalista del poeta zacatecano Ramón López Velarde (1888-1921), iniciador de la poesía contemporánea mexicana, quien con motivo del primer Centenario de la consumación de la Independencia Nacional, y el mismo año de su muerte, escribió su poesía más popular, la Suave Patria: "Patria, lo superficie es el maíz".
En nuestro caso, no debemos olvidar que el propio origen del nombre de nuestro Estado -Sonora- le viene de sonot-sonota, que en lengua ópata significa hoja del maíz. Pero tampoco debemos desconocer que, en los tiempos modernos, el sonorense medio incluye en su dieta cotidiana tanto el trigo y sus derivados, como el arroz, lo que conforma nuevos elementos alimenticios a nuestro mestizaje cultural.
Sea lo que fuere, seguramente sin proponérselo, Vasconcelos hizo una afirmación -ahora aclarada con el testimonio original- de cuya parcial deformación (que en su esencia no varió) se derivó un mito cuyo hecho generador es, para unos, una verdad y estigma fatal, mientras que para otros es un acicate, el cual, a partir de la cabal comprensión de nuestras particularidades geográficas e históricas, debe impulsarnos a desarrollar a plenitud nuestra innegable vocación humanista, vocación cultural.
ARIZPE ¿CIUDAD EPISCOPAL?
Por: Lic. Oscar Armando Palacios Saguchi
NOTA: En los pasados números 25 y 26 se publicaron "LA ERECCION DE LA DIOCESIS DE SONORA" y "TRADUCCION DEL TEXTO LATINO DE LA BULA DEL PAPA PIO VI DE LA ERECCION DEL OBISPADO DE SONORA EN LAS INDIAS" respectivamente como primera y segunda parte de un trabajo sobre la BULLA INMENSA DIVINAE PIETATIS.- En este número presentamos la tercera parte de esta Traducción.
NOSOTROS, por lo tanto, después de haber pensado seriamente todas y cada una de las consideraciones arriba mencionadas, queriendo satisfacer el celo del eximio REY CARLOS y sus religiosos deseos, motu propio, a ciencia cierta y gozando de la plenitud de potestad apostólica, teniendo en consideración el consentimiento de nuestros venerables hermanos los obispos de Guadalajara y Durango, en acto de aceptación de dichos obispados respectivamente para efectuar de este modo la desmembración y eregir el nuevo obispado, a tener de las presentes letras y con la autoridad apostólica, separamos y desmembramos para siempre del obispo de Guadalajara, la península de California con todos los nuevos presidios de Monterrey SITUADOS EN EL LITORAL occidental de Océanos, y del Obispado de Durango las provincias de Sonora y Sinaloa, y establecemos para la Diócesis de Sonora a la misma tierra de Arizpe en Ciudad Episcopal con todos los derechos, honores y prerrogativas de que gozan y usufructan todas las otras ciudades de la India Occidental, distinguidas por la Santa Sede con la personalidad pontifical, instituimos la predicha Iglesia no sujeta a colación, situada en la dicha tierra de Arizpe como iglesia catedral de Sonora, denominada bajo la invocación de la Bienaventurada Virgen María de Loreto, destinada para un obispo de Sonora sucesivamente, que presida de la misma iglesia, a su ciudad y a toda la diócesis de Sonora, la constituya en forma de iglesia catedral y establezca en ella tantas dignidades, canonjías, prebendas, capellanías y el número competente de todos los ministros, sujetos de derecho a nuestro venerable hermano, el actual y por el tiempo de su regencia, arzobispo metropolitano arz. de México, establezca también todas las cosas y personas que, para el decoro del culto divino, de los sacramentos de la Iglesia, administración de las almas parezcan disponer, previa, sin embargo para la dicha iglesia de Sonora la congrua sustentación de los predichos ministros y de los que obtengan de este modo las dignidades, canonjías y capellanías, del mismo REY CARLOS según su deseo, los diezmos de dichos territorios desmembrados, como es manifiesto, o los obtengan de los capitales del erario regio, según el mismo lo hace frecuentemente e hicieron sus predecesores, los gloriosos reyes de España con la cual habrá de disponer, arreglar y ejercer en lo futuro mientras exista el obispado de Sonora la autoridad, la potestad y todas y cada una de las cosas que pertenecen al orden, jurisdicción y cualquier otro asunto perteneciente al rango episcopal y las demás cosas de que gozan tanto los mismos obispos sufragáneos del obispo mexicano, y demás obispos de las mismas Indias cuanto los privilegios de que gozan los demás obispos en sus Iglesias ciudades, diócesis, bien por derecho, bien por costumbre, o como quiera, que se encuentre, y además las que son señaladas por medio de estas letras apostólicas, las concedidas por especial autoridad, y con facultad de hacer en su Diócesis de Sonora aquellas cosas de las cuales suelen usar, e igualmente pueden usar sin ninguna diferencia, como si hubieren sido concedidas en forma especial y determinante como abajo se ha de consignar, para que pueda y deba hacer, determinar y ejecutar libre y lícitamente, y permanezca sufragáneo al Arzobipso mexicano. Y le permanezca sujeto por derecho a él como metropolitano, durante todo el tiempo que subsista.
Con la misma autoridad apostólica y para siempre, respectivamente erigimos y establecemos a la predicha península de California con los mencionados nuevos presidios de Monterrey, y las dos provincias de Sonora y Sinaloa, separadas y desmembradas por Nos., como está indicado, con su sede, mesa episcopal, con todas sus insignias pontificales y preeminencias, privilegios, inmunidades, gracias espirituales y temporales, personales, reales, y mixtas, de las que de este modo usan, tienen y gozan y pudieron tener y gozar por plenitud de la autoridad apostólica las demás catedrales de las Indias, por derecho, costumbre o privilegio especial o por indulto apostólico y otros medios, y en virtud de nuestra misma autoridad apostólica, desunimos y eximimos de la jurisdicción ordinaria (pero no de la jurisdicción metropolitana de Arzobispo mexicano) de la potestad y superioridad de los actuales obispos y de por el tiempo que existan los obispos de Guadalajara y Durango, a todas las personas que existan allí, de ambos sexos, tanto laicos como clérigos, a los presbíteros con beneficios, los religiosos de cualquier estado y condición, etc. y con la mencionada autoridad apostólica, asignamos para siempre a la ciudad de ARIZPE como sede episcopal para Sonora, erigida en diócesis por Nos. y sujetamos a las provincias por Nos., también separadas y desmembradas, la Península de California a las dos provincias de Sonora y Sinaloa, y a las personas anteriormente mencionadas que viven en aquellas regiones de la mencionada Iglesia Episcopal de Sonora; e igualmente, con la autoridad apostólica mencionada, destinamos para siempre al que será Obispo de ella, para su ciudad, territorio, diócesis, clero y pueblo, de tal modo que sea lícito a la misma persona, que ha de ser puesta al frente de la Iglesia de Sonora con la referida autoridad apostólica, tanto ahora con motivo de su reciente erección e institución hecha de este modo, cuanto después, por el tiempo, que de cualquier manera que esté confiada al cuidado de su pastor, por sí, o por otro a otros en su nombre, puede libremente tomar, por propia autoridad, posesión verdadera, real, actual y corporal, así como del gobierno espiritual, de acuerdo con toda la forma del derecho canónico y diocesano, en la mencionada ciudad de ARIZPE y en el mismo territorio separado y desmembrado por Nos. como se ha dicho; y puede retener esa posesión, una vez que la haya tomado, sin que necesite para ello la licencia del acta y durante el tiempo de su existencia, Arzobispo Mexicano, o de cualquier otra persona.
Más queriendo proveer a las sede episcopal de Sonora, como dijimos con respectiva sustentación temporal, y con dote conveniente y suficiente, tanto del predicho futuro Obispo de Sonora, como de los futuros miembros del Capítulo de los canónigos y de los capellanes y de los otros ministros de la dicha Iglesia Catedral, por Nos., como dijimos, erigida e instituida y por el tiempo que lleven la carga (ministerial) al predicho Obispo de Sonora que exista en ese tiempo y por el capítulo en los (tiempos) futuros, y a los canónigos de dicha Iglesia Catedral que para ese tiempo existan con el debido respaldo, (concedemos) los diezmos provenientes concedidos y asignados subordina de los dichos territorios, desmembrados y separados para la diócesis episcopal de la dicha Iglesia de Sonora, también por Nos., como asentamos, erigida e instituida y los que respectan al mismo Rey Carlos, así como para los predichos capitales del dicho erario real por el mismo Rey Carlos en cuanto deben ser bien dispuestos y distribuidos para la obra; así que (es lícito) a la misma dicha persona de la Iglesia Catedral, como dijimos erigida e instituida, tanto ahora por la reciente erección de ella y de este modo por la institución, como después cuando estuviese el obispado destituido del cuidado del Pastor, como dijimos, de poner al frente de ella y de la misma mesa Episcopal en nombre de los (dichos) diezmos de dichos territorios, como se dijo, desmembrados y separados, para que el verdadero, real, actual y corporal posesión de los provenientes sean respectivamente concedidos y asignados, o también (puedan) libremente apoderarse otra a otras con propio autoridad y adjudicada también retener en perpetuo, y aquellas respectivamente arrendar, dividir, tomar, exigir, quitar y recuperar el use y utilidad; y velar para el sostenimiento de los cargos antes dichos, de los futuros miembros del capítulo y de !os canónigos, y de los capellanes, y de los ministros predichos de la Iglesia Catedral de Sonora y concedemos por la autoridad apostólica predicha en forma semejante para siempre, la licencia de cualquier, mínimamente requerida arriba, así como en las otras semejantes erecciones de Iglesias Catedrales hechas en las Indias de manera que con el tiempo se hizo costumbre; así mismo aplicamos y concedemos a los mismos futuros por el tiempo en que existan capítulos y a los canónigos de dicha Iglesia Catedral de Sonora, por Nos., como dijimos erigida e instituida, para que los mismos en ella (usen) rectamente de los vestidos corales, signos o cualesquiera insignias, tanto en dicha Iglesia Catedral de Sonora por Nos., como dijimos erigida e instituida, como fuera de ella, tanto en las procesiones como en los otros actos, o cualesquiera de las funciones públicas y privadas, también fuera de dicha ciudad de Sonora y en cualquiera de los lugares, también en los sínodos provinciales, generales y en los concilios ecuménicos y también en presencia de los cardenales de la Santa Iglesia Romana, también ante la presencia de los legados "ad Latere", de los vicelegados, de los Arzobispos, de los Obispos y de cualquiera de los demás, y también en el coro de la misma Iglesia Catedral de Sonora erigida e instituida y en el capítulo en cualquiera de los tiempos del año, y en cualquiera de los días, llevar y tener otros indultos, privilegios, excepciones y gracias, también concedemos aquellas cosas que ya hemos concedido a los otros cabildos y canónicos de otras Iglesias Catedrales sujetas por derecho al mencionado arzobispo mexicano, tanto en los límites respectivos de la erección de ellas, cuando también las concedidas nominalmente y específicamente por medio de cartas apostólicas o aún en el caso de que igualmente requieran alguna nota o mención especial, para que puedan gozar lícita y libremente de la autoridad apostólica predicha.
ADEMAS, al mismo REY CARLOS y a los reyes de España, sus sucesores, damos e impartimos facultad en perpetuo y en cuanto sea necesario, y por nuestra misma autoridad, de acrecentar en la dicha Iglesia de Sonora erigida e instituida por Nos., según se ha dicho, el canonicato, las prebendas y capellanías, erigidos también por Nos., como es manifiesto, y al mismo REY CARLOS también y a los reyes predichos de España, concedemos el derecho de patronato y de presentar a Nos., o al Romano Pontífice que hubiere, cuando se ofrezca, a la persona idónea para la misma Iglesia de Sonora, erigida e instituida por Nos., como sea ha dicho, tanto en esta primera vez por su reciente erección, cuanto después, cada vez o de cualquier modo que suceda que .... no tenga pastor, nos hagan la presentación, ante la Santa Sede predicha o la que estuviera en ese tiempo, y ante Nos., o el Romano Pontífice que hubiere entonces, del obispo y pastor de la Iglesia de Sonora, erigida e instituida como se a dicho, y damos también el otro derecho de patronato de presentar ante el ordinario del lugar a las personas igualmente idóneas para la dignidad mayor después de la pontificación y para los canonicatos, prebendas y capellanías, erigidos por Nos. y para los otros oficios y beneficios eclesiásticos en la misma Iglesia de Sonora, y para los que en el futuro y a su debido tiempo se erigieran por el obispo que estuviere, por su propia autoridad ordinaria siempre que ella, ellos y ellas se encuentren en estas circunstancias y que se escojan de los que se crea conveniente aún de nuestras personas, de las del Romano Pontífice reinante, o de los cardenales de la Iglesia Romana que entonces vivan, de los familiares, de los allegados, o de los oficiales de la curia romana, o de aquellos que tienen otras cualidades que inducen afecto y reservación, o bien hechos los trámites respectivos de la causa del cambio, espontáneo y libremente, o fuera de ellas ante un notario público y testigos; también reservamos, constituimos y asignamos, en perpetuo, por la misma autoridad apostólica, la consecución de los otros beneficios eclesiásticos reunidos por cualquier autoridad, o de cualquier otra licencia, reservado, permiso, ingreso de religión, pérdida de profesión en ella, contrato de matrimonio a otras de cualquier manera ante la Santa Sede; y las vacantes a partir de la reciente erección e institución de ellos, observando los trámites, y en fin a las que toque las vacantes a partir de la reciente erección e institución de ellos, observando los trámites, y en fin a las que toque estar vacante en dignidad, canonicados, prebendas y capellanías, por Nos., erigidas como se dijo, con la predicha autoridad ordinaria, proponiendo de este modo para la misma autoridad ordinaria y así mismo para otras que vayan a establecerse canónicamente por el predicho Rey Carlos y los predichos reyes de España, sus sucesores.
Considerando que existe patronato regio y aún de presentar tanto a la mencionada Iglesia de Sonora, erigida e instituida por Nos., como consta, cuanto a dicha diginidad mayor después de la pontifical, por Nos., erigida, el canonicato, prebendas y capellanías, también, como es manifiesto, erigidas por Nos., y los beneficios, oficios, eclesiásticos erigidos con la autoridad mencionada; y que al mismo Rey Carlos, y a sus sucesores los mencionados reyes de España corresponde obtener la fuerza, el deseo, la naturaleza, sustancia, esencia, cualidad, validez, fortaleza y firmeza del patronato regio, y usar de tal patronato en cualquier derogación, aún con cualquier cláusula eficacísima y embarazosa y bajo los decretos, en cualquier disposición, aún por vía de costumbre legal, de regla de la cancillería apostólica, u otras hechas en cualquier forma y al punto comprendidas y ni el uno ni el otro, alguna vez en el tiempo, y por cualquier causa o por cualquier razón, aún por medio de la Santa Sede o aún consistoriamente pueda derogar, y no podrá ser derogada, sino a juicio del mismo REY CARLOS y los mencionados reyes de España, sus sucesores, y que él expresamente se adhiere a tal asentimiento; y si otro, por cualquier modo deroga, las mismas derogaciones con las consecuencias que de ellas se deriven, no tendrán ningún valor de importancia; y por lo demás, cualesquier concesiones y provisiones para la predicha dignidad mayor después de la pontifical, los canonicatos prebendas y capellanías, erigidas por Nos., y otros beneficios eclesiástico que deban erigirse de este modo por la dicha autoridad ordinaria, excepto las que necesiten presentación al mismo REY CARLOS y sus sucesores, o que por un acuerdo temporal sean anulados, invalidados, inutilizados y carezcan de valor y a nadie debe pagarse por los compromisos contraído por ellos, aunque el señalado le conceda poder poseer. (Continuará).
UNA INTRIGA CONTRA UN FUNCIONARIO PUBLICO EN 1925
Por: Gilberto Escoboza Gamez
Con fecha 25 de enero de 1925, el Jefe de Defensores de Oficio, Sr. Bernardo Cabrera, dirigió su oficio No. 1303 al Secretario General de Gobierno, en el que le comunicaba que el Sr. José Esperjencio Montijo había renunciado al puesto de Defensor de Oficio adscripto a los Juzgados de Primera Instancia de Nogales, "por haber sido agraciado con el cargo de Notario Público No. 2, con residencia en el mismo lugar"; y a la vez que le comunicaba lo anterior al Ejecutivo, presentaba una terna para substituir al Sr. Montijo, por las siguientes personas: -MIGUEL A. CAMPILLO, JOSE MARIA DUARTE y RICARDO MORENO.
Con fecha 29 del mismo mes y año, se envió el nombramiento al Sr. Miguel Campillo, quien enseguida se hizo cargo de la Defensoría de Oficio de Nogales; pero hete allí que el 6 de abril siguiente, se recibió en Palacio el siguiente escrito:
"Al C. Walterio Pesqueira,
Secretario General del Gobierno del Estado.
P r e s e n t e".
"Los suscritos, el total de reclusos en esta Cárcel Municipal, procesados como presuntos responsables de diversos delitos del orden común ante los Juzgados de Primera Instancia de este Partido Judicial y Local de esta población, muy respetuosamente nos permitimos exponer:
"Que con motivo del reciente nombramiento expedido por el Gobierno del Estado, para Defensor de Oficio de este lugar, y en favor del señor Miguel O. Campillo, nuestras causas se han visto afectadas gravemente, por razón de la impericia y falta de voluntad con que desempeña su cometido el actual Defensor de Oficio Sr. Campillo."
"Las razones fundamentales que nos mueven a dirigirnos a usted, señor Secretario, son las de que el pueblo, a quien no digamos bajo sino pobre, ha tenido en muy alta estima a la persona de usted, porque siempre se ha caracterizado como protector decidido de esta clase citada a la cual pertenecemos, de que además del gran sufrimiento a que estamos sujetos en nuestra triste situación, nuestras desventuradas familias que lloran la ausencia del ser querido que gime tras la reja de la prisión, se encuentran en la espantosa situación a merced de la horrible miseria, carentes no sólo de unos cuantos centavos con qué cubrir honorarios a quien se encargue de nuestras defensas, sino que carecen del pan con qué alimentar a nuestras inocentes criaturas y nuestros ancianos padres."
"Por eso nos permitimos elevar ante la consideración de usted nuestra queja del desamparo en que se encuentran nuestras causas en los Juzgados, por falta de conocimientos del actual Defensor de Oficio; y como una justísima aclaración diremos a usted, Señor Secretario, que desde hace algún tiempo nos vemos favorecidos en nuestras defensas, gratuitamente, por un señor Agustín Antúnez, quien desinteresadamente ha puesto sus servicios en beneficio nuestro, siendo actualmente quien diariamente se encarga dignamente de nuestra defensa en las causas respectivas; sin remuneración alguna."
"En esa virtud, señor Secretario, muy respetuosamente solicitamos de usted la ayuda que esté a su alcance, a fin de que se extienda nombramiento de Defensor de Oficio en favor del expresado señor Antúnez, de quien recibimos el grandísimo beneficio de defensa".
"Protestamos a usted nuestros humildes respetos, y le anticipamos nuestro profundo agradecimiento por lo que se sirva hacer en favor nuestro y de infinidad de familias que hacen votos por su felicidad".
"Cárcel Municipal de Nogales, a seis de abril de mil novecientos veinticinco" "MANUEL VELAZQUEZ, ENRIQUE BARRAZA, RAFAEL RODRIGUEZ, ANTONIO MARTINEZ, RAFAEL VEGA, ANTONIO CUAMEA, TOMAS MACEDO, JOSE M. CUEVAS, FRANCISCO S. AGUIRRE, J.M. GARZON, SEVERO OCHOA, RAMON MORENO, MAURICIO PERAZA"... Etc., con sus firmas.
Enseguida que se enteró del contenido de esa comunicación el Gobernador del Estado, Sr. Don Alejo Bay, ordenó que se transcribiera al Jefe de Defensores de Oficio, quien dispuso que se realizara una investigación sobre el asunto; y mientras tanto, el Sr . Walterio Pesqueira transcribía la misma carta a quien se acusaba.
En una carta fechada el 19 de mayo, un mes y trece días después de que los presos de Nogales habían elevado su queja ante la Secretaría General de Gobierno, el Sr. Miguel O. Campillo se dirige al Jefe de Defensores de Oficio, con oficina en el Palacio de Gobierno, manifestándole que no conoce a los reos firmantes del memorial, en virtud de que cada uno de ellos tiene su defensor particular, por ser personas de buenos recursos particulares; y que menos tiene algo que ver con el reo Severo Ochoa, porque está sentenciado a muerte; y terminaba su comunicación en la siguiente forma:
"Me permito manifestar a Ud., que la petición hecha por los procesados en mención y según informes que ellos mismos me han dado se debió a que el señor Agustín Antúnez los sorprendió haciéndoles firmar, una petición en todo falsa y haciéndoles creer que el Gobierno podía nombrar a dos Defensores de Oficio en la localidad para activar sus causas"...
Después de que las personas que investigaron la acusación rindieron su informe y se vió que todo era una intriga maquinada por quien deseaba ser Defensor de Oficio, sin tener los merecimientos para ocupar el puesto, la cosa quedó como dicen los juristas: SUBIATA CAUSA, TOLLITUR EFFECTUS (Suprimida la causa, desaparece el efecto).
Desgraciadamente el Sr. Campillo estaba destinado a salir de su puesto en una forma penosa, porque si en la primera Investigación que se le hizo logró vencer a la calumnia, al año siguiente la acusación en su contra vino de parte de dos presidentes municipales de Nogales, el Dr. Fernando E. Priego y don Guillermo Mascareñas, por "la explotación de los mexicanos que tratan de pasar la línea divisoria, extendiéndoles al efecto certificados falsos por los que cobra cantidades excesivas"...
El 30 de abril de 1926 don Miguel O. Campillo fue cesado de su puesto. Los hombres que gobernaban el Estado desde Hermosillo, consideraron que los acusadores de esta ocasión eran personas muy respetables y no se podía dudar de ellas.
En el número anterior (26) de nuestro Boletín en la sección de Efemérides apareció una pequeña imprecisión que fue comentada por el socio Gilberto Escobosa Gámez quien afirmó: ... "en la efemérides de fecha 27 de Junio de 1879 aparece una imprecisión, pues la capital estaba en Ures y por decreto 57 de 26 de Abril de 1879 se trasladó la capital de Sonora, provisionalmente, a Hermosillo, y definitivamente se declaró a Hermosillo Capital del Estado al promulgarse la Constitución Política del Estado de Sonora el 15 de Septiembre de 1917".
Esta observación fue aclarada por el autor de las EFEMERIDES en Carta que textualmente dice:
Julio 2 de 1986.
Sr. Lic. José de Jesús Navarrete Aragón,
Director y Editor
Boletín de la Sociedad Sonorense de Historia.
CIUDAD:
Estimado amigo y consocio:
Sobre la impugnación que hizo en la sesión llevada a cabo anoche nuestro consocio y amigo Escobosa, a la efemérides respecto al decreto No. 57 que declaró a Hermosillo definitivamente Capital del Estado, debo hacer las siguientes observaciones:
La nota que al respecto proporcioné a Usted para ser publicada, habla de Abril 26 de 1879. Es de suponerse que el Linotipista o la persona que ordenó el orden en que deberían aparecer las notas proporcionadas por mí sufrió un error, cambiando la fecha señalada a decir Junio 27 de 1879.
Por otra parte, a mi nota original, por economía de espacio, le falta ampliarla con la cita que aparece en la página 345 del Diccionario Sonorense de Historia del Prof. Don Francisco R. Almada, que se transcribe:
"La integridad del decreto No. 57 de Abril 26 de 1879, se convirtió en definitiva, pues los Poderes Locales se quedaron en Hermosillo, y el Art. 28 de la Constitución Política del Estado expedida en Magdalena el 15 de Septiembre de 1917 dispuso que los poderes del Estado deben tener su residencia en Hermosillo".
Le suplico hacer las rectificaciones pertinentes en el siguiente Num. de nuestra Revista.
Soy vuestro atento y seguro servidor.
Epifanio Zamorano Ramos
Una resistencia india: Los Yaquis. Autor Cécile Gouy-Gilbert. Editorial del Instituto Nacional Indigenista, en coedición con el Centre d'Etudes Mexicaines et Center Americaines. Colección INI, Serie de Antropología Social, México, 1985.
Entre los grupos étnicos del México actual, probablemente es el yaqui al que con mayor frecuencia se ha calificado de rebelde. Tal fama podría llevar a observador exterior a considerar la historia yaqui como simbólica de las luchas indígenas contra la dominación colonial o neocolonial que se inició con la Conquista y puesta en práctica por la sociedad nacional de la Independencia. Sin embargo, y esto es una de las principales aportaciones del libro de Cécile Gouy-Gilbert, el caso de los yaquis es totalmente atípico dentro de la historia del México indígena. Desde su primer encuentro en 1533, las relaciones entre los yaquis y el mundo yori, que en realidad no siempre fueron conflictivas, siguieron un curso alejado tanto de la lógica de conquista-control que prevaleció en lo que fue Mesoamérica como de la otra lógica de conquista-destrucción impuesta a las tribus de la América árida.
Superando la complejidad de los acontecimientos, el trabajo realizado por la autora tiene la virtud de aclarar perfectamente bien la sucesión de los hechos. Pero la calidad del estudio se aprecia aún más en los comentarios con los cuales concluye la presentación de cada fase del proceso histórico de resistencia. Es aquí donde los métodos de la resistencia, que muchas veces han tomado un camino indirecto, se hacen explícitos.
El primer capítulo estudia todo el período colonial hasta la expulsión de los jesuita: en 1767. Desde el inicio, con los contactos entre los yaquis y los españoles se establecieron según un esquema poco común. Victoriosos en el campo de las armas los yaquis solicitaron el envío de misioneros. En el transcurso del siglo y medio de "paz jesuita", al mismo tiempo que se realizó cierta aculturación, se reforzó la identidad del grupo.
Con la Independencia se inició un largo y complejo proceso de agresiones por parte de la sociedad nacional que culminó con el intento de genocidio más severo de la historia moderna de México: la deportación de 15 mil indios a Yucatán. Pero antes de este episodio, detenido por la Revolución, la resistencia, a la vez armada y política -el oportunismo en ambos campos fue entonces todo un arte-, no sólo aseguró a los yaquis cierta autonomía sino que también les permitió adaptarse poco a poco a las nuevas características de la sociedad dominante.
Acerca del periodo revolucionario, la presente obra tiene un resultado muy saludable: descarta el riesgo de confusión de cierta historia oficial que, bajo el pretexto de la participación de los indios en los movimientos revolucionarios (¿cuáles?, ¿por cuál motivo?), sugiere que se hubiera sellado la reconciliación entre el grupo yaqui y los yoris. Estando todo el estudio enfocado hacia el fenómeno de la resistencia no es; sorprendente constatar que las últimas páginas del libro, dedicadas a la actual situación de los yaquis, se repartan entre los polos de preservación e integración.
La doctora Cécile Gouy-Gilbert, egresada de las universidades de Grenoble y de la Sorbonne-París V (Francia), dedicó cinco años al estudio de los yaquis. Desde 1983 forma parte del grupo de investigadores del Centre d'Estudes Mexicaines et Centra méricaines, con el apoyo del cual realiza nuevos trabajos de antropología social en Michoacán.
