EDITORIAL
LA SSH AMALGAMA DE AFICIONADOS Y PROFESIONALES
En nuestra Sociedad Sonorense de Historia, como en pocas instituciones, existen como socios, aficionados y profesionales en el estudio, análisis a interpretación de nuestro pasado.
El aficionado a la historia es aquella persona que en sus horas libres como entretenimiento, como "hobby", lee libros, busca fotos del pasado, lee periódicos y revistas antiguas, asiste a conferencias, platica con "viejitos" para sacarles sus "HISTORIAS" y su conocimiento no es producto de una carrera profesional, ni de cursos académicos sobre técnicas de investigación, ni ha asistido a centros de enseñanza en donde se estudie y analice a "la maestra de la vida".
Sus objetivos son buscar el dato exacto, curioso, único, insólito, pues le da mucha importancia a la fiesta patria, al instrumento en si, al arado, a la máquina, al rifle, a la calle, a quien vivió en ella, a la efeméride, a la fecha y a la anécdota y al entorno donde vive y ha vivido.
Son de su especial gusto el héroe, el individuo, los grandes hombres en el seno de la sociedad, presentando los hechos desligados de las causas, sacando datos de libros, periódicos, entrevistas y museos. Denuncia al perdedor, le interesa el origen, lo fundamental, cita tradiciones, traiciones, batallas, etc.
No presta sus servicios a ninguna Institución relacionada con la HISTORIA, simplemente es aficionado. Se inclina al conocimiento del ayer, por el conocer mismo, por gusto, por placer.
El aficionado es Médico, Ingeniero, Abogado, Estudiante, Sacerdote, Burócrata, Jubilado, pero con una característica muy importante: le gusta la historia. Esta pasión ha hecho el ambiente favorable en los últimos tiempos por el gusto por esta disciplina.
El historiador profesional ha recibido una preparación especializada, ha tomado cursos, ha estudiado y conoce la metodología de la investigación histórica. Se dedica de tiempo completo trabajando en Institutos y Organismos de historia con presupuestos especiales para esta tarea.
Hace análisis histórico, confronta datos diferentes y contradictorios. Analiza directa y personalmente archivos civiles, eclesiásticas, particulares, estatales, nacionales, municipales, regionales, administrativos, judiciales, la propiedad, del comercio, del registro civil, de minas, de notarias, etc.
Para él, lo particular cobra importancia cuando se relaciona con la Historia del estado, de la región, del país, del continente. Aplica el rigerismo académico. Busca entender el pasado en si mismo, no con otra intención de su apreciación completa.
Trata de explicar los fenómenos y los hechos históricos científicamente, buscando el cómo, el cuándo, el porqué. Compara el hecho histórico con otros de la misma y diferentes épocas pretéritas.
Apoya sus datos en estadísticas, censos, gráficas, testimonios, etc., lo mando en cuenta los aspectos políticos, económicos, religiosos, sociales, como un todo íntimamente relacionado.
Trata de reconstruir el pasado como en verdad pudo haber ocurrido y no como se presenta en la leyenda y la anécdota, tratando de compaginar mayor cantidad de elementos para llegar a la historia critica, fiel a los hechos como una realidad plural y compleja, buscando la objetividad histórica, ni mucho menos ocultarlos. Trata de sacar conclusiones en temas del pasado referentes al amor, arte, valores, economía, ocio, trabajo, familia, lenguaje, mitos, sexo, infancia, matrimonio, costumbres, etc.
Los profesionales de la Historia de nuestra Sociedad, participan, difunden sus conocimientos, enseñan, explican, comentan, sin restricciones, sin prejuicios, con actitud abierta, positiva, buscadera de la verdad y de la difusión de la Historia. Asumen, en síntesis, una posición ejemplar, trascendente.
Ambos tipos de socios: aficionados y profesionales, buscan en la Historia. una postura de entendimiento de la vida, de sabiduría, de trascendencia, practicando la tolerancia como una de las grandes enseñanzas de la vida, realizando actos de comunión y de amor a la verdad.
Como en poco organismos de su clase, la SSH presenta esta distintiva característica que la hace singular.
Es obvio que no todas estas cualidades las tienen, en lo particular los socios de la Sociedad Sonorense de Historia, ni son la síntesis de su personalidad, sino que son observaciones generales impersonales y abstractas, que se presentan con la intención de contrastar y unir en una simbiosis úni.ca las dos clases de historiadores.
Así, como en las amalgamas, un metal necesita al otro, y aunque son diferentes, su fusión da mucha solidez a la nueva generación, así, en la SSH los aficionados y los profesionales se fusionan en una perfecta relación, en donde unos transmiten cualidades, características, comportamientos, modos, técnicas, fórmulas, procedimientos, a los otros y viceversa, nutriéndose constantemente en una agrupación ejemplar y que ha llegado a ser una de las mejores de su tipo.
JOSE DE JESUS NAVARRETE ARAGON.
LOS ORÍGENES DEL HOMBRE SONORENSE
Por: Ing. Armando Hopkins Durazo.
En el tomo I de la Historia General de Sonora, nuestro compañero, el distinguido arqueólogo, Julio Montané, nos dice que "los cálculos más conservadores nos llevan a postular que el poblamiento de estas tierras tienen, por Lo menos, 20,000 a 15,000 años antes del presente." Por su parte, el geólogo Jesús Armando Escárcega, en la primera parte del mismo Tomo I de la propia obra, considera que por los restos encontrados en varias partes del estado (Pinacate, Caborca, Sonoyta, Cinobambo, Rio Mayo, Soyopa y Rio Sonora) al hombre de Sonora no se le puede atribuir una edad menor de cinco mil año. Esto significa que aún partiendo de la posición más conservadora posible, existe un período de por lo menos cuatro mil quinientos años en el que prácticamente no sabemos nada sobre qué pasó con el hombre sonorense; desconocemos totalmente su historia. "La historia de los indios no existe, -dice Montané- es como si la historia se hubiera detenido para ellos. No tienen historia y cuando se pretende hacerla, lo único que se hace es relatar los acontecimientos de los conquistadores y sus descendientes en relación con los indios."
Si a ello agregamos que sólo contamos con muy escasa información, y a veces equivocada, que nos dejaron los primeros europeos que tuvieron contacto con nuestros aborígenes, nos encontramos con que el conocimiento que tenemos del indio americano que poblaba nuestro territorio, desde su aparición en el mismo hasta la llegada de los españoles, es prácticamente nulo.
Sabemos de su presencia en nuestro Estado por las pruebas que nos dejaron diseminadas en todo el territorio, desde el Río Mayo hasta el Pinacate, y que consisten en geoglifos, petroglifos, pinturas rupestres, puntas de flecha y otros instrumentos de sus culturas, pero poco nos revelan esas pruebas con la escasa información que las respalda y con los relativamente insignificantes esfuerzos que en materia de investigación se realizan con el fin de interpretarlos mejor.
No creemos que esta situación mejore en un futuro próximo; basto considerar que las mismas grandes culturas mesoamericanas no están suficientemente cubiertas en materia de investigación y que existe un. enorme campo de estudio en todo el territorio nacional.
Aunado a este esfuerzo que requerimos de investigadores y estudiosos de Sonora y de sus hombres, es preciso adentrarnos más en todas aquellas ciencias que puedan arrojarnos mayores luces en la tarea de escudriñar un pasado que se antoja inexcrutable.
A este respecto son esperanzadores los resultados que se vienen obteniendo en el estudio de las lenguas y dialectos de las tribus que pueblan el continente americano y que ha permitido en las últimas décadas conocer más, no sólo de sus lenguas, sino del hombre que las habla.
Gracias a estos estudios sabemos ahora que la familia Uto-Azteca, a la cual pertenecen la gran mayoría de las lenguas y dialectos que se hablan en Sonora, es una de las mas grandes familias de lenguajes que existen en el nuevo mundo.
Las tribus que hablan lenguas de la familia Uto-Azteca habitan desde la zona noroeste de los Estados Unidos, casi en los límites con el Canadá, hasta Centroamérica, e incluye lenguas y dialectos como el Ute, Comanche, Hopi, Pápago, Pima, Opata, Yaqui, Mayo, Tarahumara, Cora, Huichol, Azteca y Zacapoaxtla.
El nombre de la familia proviene de la lengua que se habla (o hablaba en el tiempo de su designación) más al norte y la que se habla más al sur. El Ute lo hablan tribus asentadas en Nevada, Utah y Colorado en los Estados Unidos y el Azteca lo hablan, además de los indígenas del centro y sur del país, algunas tribus centroamericanas en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
La primera vez que se empleo el término Uto-Azteca fué en 1891, pero anteriormente, como a la mitad del siglo pasado, un científico alemán, Juan Carlos Eduard Buschmann, había iniciado trabajos concernientes a la relación genética de estas lenguas. El fue el primero en llamar con el término Sonoran (o sonorense) a las lenguas del noroeste de México y además el primero en ofrecer una hipótesis genética y presentar evidencias de las relaciones entre unas y otras.
Al lenguaje más ancestral de la familia Uto-Azteca, o sea de donde descienden todas las lenguas de la familia, se le da el nombre de Proto-Uto-Azteca y es la lengua madre que hablan los miembros de la tribu original hace cerca de 6,000 años. De todas las lenguas de la familia la que primeramente se derivó y que aún existe como tal desde hace más de 5,500 años es el Hopi. De las que se hablan en Sonora la más antigua es la que hablan los Pápagos con una vida superior a. los 4,500 años. La lengua Cahita, con sus dialectos Yaqui y Mayo, tienen una existencia de casi 2,500 años a igual corresponde al Eudebe. El Opata y el Azteca, son relativamente jóvenes, pues se manifestaron como lenguas separadas hace unos 1,100 y 1,000 años respectivamente.
La familia Uto-Azteca ha sido dividida en dos grandes grupos, las Uto-Aztecas del norte y las Uto-Aztecas del sur. Estas últimas a su vez, se dividen en los subgrupos Sonora y Azteca.
En el subgrupo Sonora se clasifican prácticamente todas las lenguas y dialectos que se hablan en el Estado, con excepción únicamente de la lengua Seri, que se clasifica con el grupo Yuman que se habla en las Californias.
También en el subgrupo Sonora se incluyen las lenguas que se hablan en Chihuahua, Sinaloa, Nayarit y Jalisco, como son, respectivamente, las diferentes clases de Tarahumaras y Tepehuanes de los estados vecinos y el Cora y el Huichol de los dos últimos mencionados.
En el subgrupo Azteca se encuentra la lengua más popular de toda la familia, o sea el Azteca, también conocido como Mexicano o Nahoa o Náhuatl. En 1980 lo hablaban más de medio millón de indígenas en la parte central y sur del país. También se clasifica en el subgrupo Azteca, el Pipil que se habla en algunos lugares aislados de Centroamérica, pero está muy próximo a su extinción. Por último, en este subgrupo se clasifican el Pochutec y Zacapoaxtla en el sur de México y el Nicarao que se habla en una pequeña región de Nicaragua.
Tratar de hacer una clasificación definitiva de una familia partiendo de la lengua madre que se va dividiendo en ramas de un árbol genealógico y éstas a su vez en otras, es prácticamente imposible porque los cambios se van sucediendo muy paulatina y gradualmente dando lugar a una nueva lengua.
Por esta razón, la clasificación de la familia Uto-Azteca sugerida por diversos lingüistas encuentra todavía oposición y dan lugar a argumentos encontrados. Sin embargo, la existencia de la familia Uto-Azteca es ya universalmente aceptada y donde hay aún discusión es en la clasificación de las lenguas que la componen.
La descendencia común de todas las lenguas de la familia permite encontrar en ellas muchas similitudes en sus vocabularios, en su sonido y en sus gramáticas. Sin embargo, esas semejanzas no son muy evidentes y para encontrarlas es preciso recurrir a análisis muy exhaustivos de científicos especialmente entrenados en esta rama de la filología que descubrieran las características que obedecen a un mismo patrón.
Las semejanzas entre diversas lenguas de la familia se encuentran en palabras generalmente aprendidas durante la infancia, nombres de objetos de uso cotidiano, palabras usadas para designar partes del cuerpo o fenómenos y actividades básicas en el hombre.
Las lenguas del subgrupo Sonora empezaron a ser estudiadas desde el siglo XVII por algunos misioneros jesuitas. Natal Lombardo escribió en 1702 un vocabulario ópata y Barbastro también lo estudió en 1792. Sin embargo, los estudios más profundos de los diversos lenguajes sonorenses y sus ligas con los otros de la familia, son mucho más recientes.
De acuerdo a la clasificación de Miller las lenguas Sonorenses se dividen en seis grupos. El más fuerte es el grupo Tepiman que consiste de cuatro lenguas muy relacionadas entre si, Pima Alto, Pima Bajo, Tepehuán del Norte y Tepehuán del Sur. A este grupo algunos autores le conocen con el nombre de Pimano, lo cual ha dado lugar a confusión ya que es el mismo término usado para las dos primeras. El Tepehuano del Norte se habla en la sierra sureste de Chihuahua y el Tepehuano del Sur llega hasta Durango y Jalisco.
Las lenguas Tarahum-ras que conforman el segundo grupo, consisten del Tarahumara propiamente dicho y del Guarijío. El Tarahumara disputa con el Mayo el segundo lugar entre las lenguas más habladas de la familia Uto-Azteca y en 1981 contaba con 50,000 indígenas que se comunicaban mediante ella. Existe una gran diversidad de dialectos en las tribus que hablan Tarahumara pero todas habitan en la sierra chihuahuense.
El Guarijio lo hablaban 2,000 gentes en 1981 repartidas entre Sonora y Chihuahua. Hay también dos dialectos, los llamados de tierra alta y de tierra baja. Un tercer grupo lo constituyen las lenguas ópatas que comprenden el Eudebe, ya extinguido, al que también se le conoce como Heve y Doheme y el Opata mismo que sobrevivió hasta el siglo XX pero también se le considera extinguido, aunque hay mucho material que dejaron los misioneros sobre esta lengua que fue numéricamente la más importante en el área.
El cuarto grupo es el de las lenguas Cahita. En la actualidad es la lengua más hablada en Sonora, y en la familia Uto-Azteca solamente el Azteca o mexicano es más popular; en 1984 la hablaban 83,000 indígenas. Consiste en los dialectos Mayo y Yaqui que se hablan también en algunos lugares de Arizona, debido a las emigraciones de Yaquis.
El Cora y el Huichol también pertenecen al grupo de las lenguas sonorenses aunque presentan muchas semejanzas con la lengua Azteca, lo cual indica que son el nexo más cercano de las lenguas de Sonora con el Azteca.
Por último, entre el grupo de las lenguas sonorenses también se registra el Tubar que era una lengua que se hablaba entre los limites del Tarahumara, el Tepehuano del Norte y el Mayo.
Basta la información anterior para hacernos comprender las posibilidades que encierra el estudio especializado de las lenguas en lo que se refiere al origen de las tribus que las hablan, la forma en que han ido derivando del lenguaje original y las relaciones que unas lenguas guardan con otras. Estos estudios confrontados y combinados con los de arqueología, antropología, etnografía e historia irán arrojando luces sobre los orígenes del hombre americano y, desde luego, del hombre primitivo que habitó Sonora.
Toda la información aquí consignada en relación a las lenguas está tomada del Volumen X, sobre el Suroeste norteamericano, escrito por Wick R. Miller en el "Manual sobre los Indios Americanos", editado por Alfonso Ortiz, y publicado por el Smithsonian Institution, en Washington, 1983.
PROYECTO DE UN RAMAL FERROVIARIO AL FUNDO MINERO "LA CARIDAD"
Por: Epifanio Zamorano Rarnos.
A mediados del año de 1964 fue localizado por Tócnicos del. Consejo de Recursos Naturales no Renovables y otros de las Naciones Unidas, el gran depósito cuprifero "La Caridad", al que se le calcularon inicialmente reservas de 610 millones de toneladas de minerales con ley comprobada en tres distintas oficinas de ensaye, de 0.71% de cobre y 3% de molibdeno.
Para explotar el fundo se organizó la Empresa Mexicana del Cobre, S.A., con un capital de inversión de cinco millones de pesos, para aplicarse en las instalaciones propias de la mina, en la construcción de un aeropuerto a cuatro kilómetros de ésta y en dos carreteras que unirían a La Caridad con Nacozari de García y el Aeropuerto del mismo lugar; pero la obra principal la constituiría la construcción de un ramal ferroviario que se iniciara en El Tajo, kilómetro 100 del ferrocarril de Agua Prieta a Nacozari, que concluiría en las puertas de la mina en La Caridad.
En junio 18 de 1968, el Secretario del Patrimonio Nacional, Ing. Manuel Franco López, envió al Ing. Eufracio Sandoval, Gerente General de los Ferrocarriles Nacionales, un plano en el que se ubica el punto minero La Caridad, que serviría de base para iniciar los trabajos preliminares de localización para construir el ramal del ferrocarril solicitado. Por otra parte, la Empresa Minera proporcionó al Ferrocarril del Pacifico un mosaico fotográfico a escala de 1:20,000; plano de la región de Nacozari con un posible trazo de la vía, y otro con el área de las futuras instalaciones en la mina, incluyendo el Aeropuerto.
Se firmó contrato con la empresa Servicios de Ingeniería, S.A., a quién se encomendó el estudio de anteproyectos, cuyo costo seria pagado al 50% por el Ferrocarril del Pacifico y Mexicana del Cobre, S.A.
En noviembre de 1969 fue entregado a Ferrocarril del Pacífico el primer anteproyecto elaborado; alternativa "A" con una longitud de 28 kilómetros de Nacozari a La Caridad;. y en enero de 1971, los anteproyectos A-1, B y B-1. El primero sin túnel largo; el segundo con túnel de cuatro kilómetros; el tercero sin túnel largo, y el cuarto con túnel de tres kilómetros.
En octubre de 1970, Mexicana del Cobre, S.A., ofreció a Ferrocarriles del Pacifico financiamiento por 50 millones de pesos sin intereses y a pagarse con fletes futuros, para financiar la obra, lo que se interpretó por los directivos del Ferrocarril como una necesidad urgente la construcción del ramal proyectado.
En junta celebrada en las oficinas del Sr. Luis Gómez Z. Gerente de los Ferrocarriles Nacionales de México y del Pacífico, a la que asistió un representante de Mexicana del Cobre, S.A., y Carlos Laguete de Azarco Mexicana, S.A., entregaron una estimación de fletes en escala de uno a diez y de once a treinta años, por 766,000 toneladas anuales. En la propia junta el representante de Ferrocarril del Pacifico sugirió plantear tres o cuatro alternativas más para la construcción del ramal; la que fue aceptada. Y fue así que Ferrocarril del Pacífico comisionó al ingeniero Lauro del Real Caballero, para que presentara otro anteproyecto, y estudiara los ya existentes; mientras tanto Mexicana del Cobre, S.A. presentó el anteproyecto B-2 preparado por el Ing. O. Reilly, y una variante elaborada por el también ingeniero Enrique Fuentes Corzo, ambos pertenecientes al personal de aquella empresa.
El Ing. Del Real se trasladó a la región, y movilizándose en camioneta, a caballo y a pie recorrió la zona y formuló un ultimo anteproyecto, el B3, que junto con sus recomendaciones entregó al Gerente General de Vías y Estructuras del Ferrocarril del Pacífico, el Ing. Francisco Virgil Lagarde, el día 7 de febrero de 1974, en junta celebrada en Guadalajara en las oficinas del mismo, y a la que asistieron representantes de Azarco Mexicana, S.A. y Mexicana del Cobre, S.A. se llevó a cabo la eliminación por costos de construcción y operación de los siete anteproyectos, hasta que dar solo dos de ellos: el B-2 y la variante de Fuentes Corzo.
El B-2 tenía la ventaja de seis Kilómetros menos de longitud en relación con la variante de Fuentes Corzo, pero el inconveniente de una pendiente que alcanzaba el 3% en un tramo de seis Kilómetros al salir de la mina. La variante de Fuentes Corzo aunque de mayor longitud, sólo tenia un tramo que alcanzaba el 2% de elevación, y por lo tanto, aunque la construcción resultaba más costosa; la operación que gravó de por vida un ferrocarril, resultó más baja que la anterior, por cuya razón fue seleccionada.
Los resultados de los estudios fueron terminados y recopilados en un informe general que a finales de diciembre de 1974, le fue entregado al Ing. Virgil Lagarde en Guadalajara, en el que aparecen los siguientes resultados:
Longitud el ramal del Tajo a La Caridad, 36.5 Kilómetros.
Pendiente máxima compensada. 2%
Curvatura máxima 8 grados
Ascenso descenso 428 metros
Altura máxima sobre el nivel del mar en el Puerto del Encinito. 1,505 Mts.
Un solo puente sobre el arroyo Agua Zarca Kilómetro 536 Mts.
Seis túneles que medirán en total 1,600 metros.
163 obras de arte incluyendo el puente ya citado.
155 alcantarillas de tubo corrugado ARMCO dimensiones distintas.
Costo total del estudio hasta su terminación 2'150.00 pesos
Costo de la construcción del ramal calculado a la base de los precios vigentes en diciembre 31 de 1974. 293' 856,836.00 pesos.
Con estos antecedentes, se daba como un hecho la construcción del ramal de vía del Tajo a la. Caridad, pero por razones quizá de finanzas, Mexicana del Cobre, S.A. cambió su proyecto original y determino cancelar la construcción del ramal ferroviario, y en cambio construir una supercarretera de la mina a Nacozari de García, a donde serian conducidos sus productos mediante gigantescos camiones y de ahí a reembarcados por ferrocarril y conducidos a su destino.
FUENTE DE INFORMACION:
Informe rendido por el Ing. Lauro del Real Caballero sobre el estudio que realizó para la construcción del ramal ferroviario El Tajo-La Caridad.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE Año I, No. 4, Sep. de 1985. Sonora 85, Balance Electoral.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE Año I, No. 5 Los Trabajadores al Servicio del Estado.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. 6 La Zona Fronteriza de Sonora.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. 7 La Situación Actual de la Región Yaqui
y Mayo.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Añ0 I, No. 8 Maquiladoras en Sonora y los Trabajadores.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. A Ochenta Años de la Huelga de Cananea.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. 10 Problemas Económicos y Sociales de la Región de Hermosillo.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE Año 1, No. 11 Abastecimiento y Calidad del Agua en Hermosillo.
FORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. 12 Sonora: Modernización Industrial y Crisis Económica.
F'ORO DEL PUEBLO SONORENSE. Año I, No. 15 Estudio Especial.
CIGUATAN. No. 1 Instituto de Investigaciones Históricas de Baja California.
CIGUATAN. No. 3 Mayo de 1985 Idem
CIGUATAN. No. 4 Sep. de 1985 Idem
CIGUATAN. No. 5 Jul. de 1986 Idem
CIGUATAN. No. 6 Nov. de 1986 Idem
NOROESTE DE MEXICO. INAH-CRNO No. 2 Julio de 1978
NOROESTE DE MEXICO. INAH-CRNO No. 3 1979
NOROESTE DE MEXICO. INAH-CRNO No. 6 Julio de 1982
NOROESTE DE MEXICO. INAH-CRNO No. 7 Dic. de 1985
ARQUITECTURA, SONORA 82. Colegio Sonorense de Arquitectos, A.C. 1987 (revista)
ALTERNATIVA. Marzo de 1987 (revista)
CIMIENTOS. N0. 33 Enero-Febrero 1987 (revista)
CAUCES. No. 56 Marzo de 1987 (revista)
SONORA (Investigación y Desarrollo) Enero de 1987 CIDESON-CONACYT (revista)
SONORA MAGICA. Enero de 1987 No. 53 (revista)
SONORA MAGICA. Marzo de 1987 No. 54 (revista)
VINCULACION. CESUES. V. 1 No. 1 febrero- marzo de 1987 (revista)
PASAJES DE LA REVOLUCION MEXICANA EN EL DISTRITO NORTE DE LA BAJA CALIFORNIA.
Instituto de Investigaciones Históricas de Baja California. Varios autores.
BOLETIN. Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos. Enero de 1987. No. 1
BIBLIOGRAFIA SOBRE SONORA EN LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS. 351 citas bibliográficas (revistas, periódicos, tesis, libros.)
LIBROS
LA MUSICA EN LA HISTORIA DE LOS YAQUIS
LETICIA VARELA Nació en Hermosillo y desde muy temprana edad estudió música con maestros sonorenses, pero principalmente con Emiliana de Zubeldia. Impartió clases de la materia en su ciudad natal sobre diversos temas relacionados con sus estudios y, con la inquietud de profundizar en el área, se trasladó a la Universidad Alberto Magno en Colonia, Alemania Federal, para realizar un doctorado en musicologia que la ocupó durante siete años (1975-1982)
Dedicándose durante un año al estudio de la cultura musical de los yaquis, la Doctora Varela realizó este trabajo que representa una aportación inigualable para el conocimiento de este grupo étnico, asentado en el noroeste de México, inconquistado, aún autónomo y que ha llamado poderosamente la atención a estudiosos de la antropología en la última década. Util tanto para especialistas de la música y otras disciplinas como para profanos, en el trabajo muestra la cosmovisión de los yaquis "como fundamento ideológico y estructural de su música", en un acercamiento profundo y sin antecedentes conocidos. El análisis científico de la música del indio yaqui, su religiosidad, ritos, costumbres y la visión que este tiene de sí mismo, permiten al lector situarse en un punto de vista que revela a este elemento entrañable de nuestra identidad sonorense en su postura filosófica, poética y mística respecto al mundo tangible que le rodea.
Fiel a sus raíces y consciente de la responsabilidad social, la autora realiza actualmente sus actividades en el campo de la música y la musicología en la capital del Estado, dirigiendo la Escuela de Música de la Universidad de Hermosillo y la Escuela de Disciplinas Musicales (de la cual es fundadora), en un trabajo claramente orientado a cubrir necesidades básicas para coadyuvar al desarrollo de la música y la educación musical de los sonorenses, así como de su cultura y riqueza humanística.
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CONTRASTES URBANOS
Arq. Adolfo García Robles
La historia de las ciudades no sólo se va formando por los acontecimientos que se registran en los archivos, en los proyectos de su traza, en sus cambios urbanísticos o en el nombre de las calles.
Son también parte importante los edificios que se construyen y que le dan forma.
El solo hecho de trazar en un gran espacio las calles, las manzanas y los solares, no dicen nada; una ciudad lo es cuando construye, se usa y se vive, teniendo para ello, los edificios que la forman.
A través del tiempo las poblaciones van creciendo y su estilo de arquitectura va cambiando. Pero esto no es de la noche a la mañana. Y aunque un mismo estilo puede evolucionar durante pocos o muchos años, siempre habrá y así ha sucedido, un lapso de tiempo representativo de un estilo dado en el tiempo y en el espacio de una época, una nación o, como en ésta ocasión, de una ciudad.
El por que estas consideraciones vienen al caso. Se debe a que no falta la extrañeza cuando se recorren calles de una ciudad, al ver repentinamente una sobria construcción, al lado de otra alegre, desenfadada, y en muchos casos, alocadamente "pintoresca". Y digo pintoresca, por no escribir "pintarrajeada".
Pero dejando de lado la caricatura, es muy cierto que sin ser eruditos en el arte de la arquitectura, nuestro buen gusto se rebela ante las incongruencias estilísticas que nos ofrecen las ciudades en general, salvo raras y honrosas excepciones.
Lo más común es encontrarnos con una antigua, respetable y digna casona de arquitectura pretérita, que tenga ese extraño encanto que nos atrae, aunque no comprendamos del todo sus para nosotros arcaicas formas arquitectónicas, pero que suplimos por su manifiesta belleza, buen gusto o magnificencia.
En éste caso se encuentra el edificio que hoy alberga las oficinas del Registro Civil, en las calles de Obregón No. 58, de esta ciudad de Hermosillo. Edificio que primeramente fungió como sede del Banco de Sonora y que el gobierno del estado rescató evitando así su desaparición.
Don Fernando A. Galaz nos ilustra en las páginas 555 y 556, de su ameno y jocoso libro "DEJARON HUELLA EN EL. HERMOSILLO DE AYER Y HOY", sobre los fundadores del Banco, los que se reunieron para ese efecto el 1o. de diciembre de 1897; haciendo "constar que el C. Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Ives Limantur, había otorgado al Banco de Sonora concesión de veinticinco años exento de impuestos..."
Para el 20 de enero de 1901 el banco ya estaba en operaciones y "Al comenzar sus funciones bancarias, esta institución se alojó en elegante edificio, que dirigió su construcción el ingeniero Ronosk y el albañil Francisco R. Ruiz."
A la quiebra del banco en 1930 por el retiro de los capitales chinos, el edificio fue ocupado sucesivamente por la Alianza Hispano-Americana y por la Agencia Fiscal.
La fachada del edificio es un magnífico ejemplo de la arquitectura porfirista de influencia clasicista afrancesada, proyectada al frente con un elegante corredor porticado, elevándose sobre una plataforma general de 50 a 80 cm.
El pórtico lo forman cinco entrejes de arcos de medio punto ligeramente peraltados, apoyados sobre eclécticos dados moldurados que en conjunto dan la falsa apariencia de ser arcos de herradura.
Las columnas que los soportan están estriadas con capiteles jónicos y por bases unos dados mayores asentados en un plinto más amplio.
El conjunto resulta esbelto aunque los fustes de las columnas estén desproporcionadas. Sobre los arcos sobriamente moldurados, se levanta un muro con sillares simulados hasta el entablamento liso, sobre el cual corre una cornisa la que se adorna con denticulos y pequeñas ménsulas pareadas en el mismo eje de cada columna.
El remate superior lo forma un bajo pretil calado de madera con la figura de una cruz griega, lobulada, o trébol. Apoyados en macizos colocados en el mismo eje de las columnas; sólo el entreje central lo corona un pretil ligeramente curvo para dar cabida a la razón social original, la cual se adivina a pesar del tiempo. (BANCO DE SONORA)
A los lados del pórtico se forman dos remetimientos con respecto al alineamiento oficial de la banqueta, rematando el pórtico con un arco por lado, apoyados en medias muestras en el muro y en una columna esquinera al frente. El resto de los elementos superiores, dan vuelta en escuadra 90 grados
La solución interior se alinea con los cinco entrejes ya señalados del pórtico, dejando para el central la entrada principal, cerrada con arco de medio punto moldurado sobre impostas, pero sin jambas. En cambio en los otros dos entrejes a cada lado, los vanos verticales son rectangulares, cerrados con fina herrería, solamente destacado el cerramiento con un alero.
Se remata el conjunto en las colindancias con la continuación de ésta fachada retrazada, en que las ventanas quedan al exterior, pero para darles mayor realce, sobre el alero va un frontón, recto, decorando en su interior y encima de él el muro con unas cartelas muy elaboradas.
Desafortunadamente la sección poniente está modificada por la colocación de una reja y la eliminación de su ventana para dar paso a las oficinas del actual Archivo de Historia de Sonora.
En el interior aún se conservan muchos de sus elementos estructurales, poco modificados dada la similitud de funciones para lo que fue proyectado el inmueble.
Podemos asegurar que es uno de los edificios Públicos más relevantes del estilo ecléctico, dado al final del siglo pasado en Hermosillo.
En feliz continuidad de estilo arquitectónico, volumétrica contexto y continuidad de alturas con su vecina colindante al oriente (El Colegio de Sonora); no así por la colindancia oriente, en la que un nuevo edificio (1980), contrasta agresivamente, luchando por sobresalir con su discordante arquitectura.
A estos contrastes nos referíamos al inicio del articulo y en este ejemplo se manifiesta el rechazo de dos diferentes estilos y épocas; casos como éste se repiten en el centro de ésta ciudad y de muchas de la República, en que por inconsciencia o prepotencia, se eliminan la arquitectura que si arminizaba, por sencilla o modesta que fuera, pero de EPOCA; para construir impositiva y orgullosamente otro edificio completamente discordante, no importa lo bueno o malo del proyecto, ese no es el tema; que rompe la unidad de paramentos de fachadas contextuales, perdiendo con ello la armonía de estilos, materiales, texturas y, sobre todo, de las características formales de una época que ya es histórica para la ciudad, y por lo tanto, parte de su patrimonio cultural.
Mucho podríamos agregar, pero concretándonos a ser objetivos con nuestro tema de ésta ocasión, "CONTRASTES URBANOS", podríamos finalizar, reconociendo que a pesar de todo, el edificio del Ing. RONOSK y del maestro albañil Francisco R. Ruiz, sigue luciendo por derecho propio, como una muestra de calidad arquitectónica de su época hecha para subsistir a través de las generaciones posteriores, sin que con el tiempo desmerezcan sus valores, todo lo contrario, dignamente perduren.
A nosotros nos toca conservarlos y dignificarlos.
