PRESENTACION

Con gusto y beneplácito se da a la luz pública el nuevo número del Boletín de la Sociedad Sonorense de Historia. Recordando que el número 73, del ya lejano Invierno de 1994 había sido nuestro último en publicarse. Si que ha sido un largo invierno para nuestro boletín, pero afortunadamente no así para la Sociedad Sonorense de Historia, que para muestra unos botones.

En estos últimos siete años se remodelo la Casa Uruchurto, sede de nuestra Sociedad, ganando nuevos espacios para oficinas y exposiciones. Se continuaron realizando los simposios anuales en el mes de noviembre, habiéndose publicado hasta la fecha las memorias del VI, VIII, IX y XI (en dos tomos) simposios, estando en estos momentos por salir de prensa la memoria del X simposio en dos tomos de mas de 400 páginas cada uno. Se modernizo un poco nuestros equipos de computo. En julio de 2000 abrimos una nueva ventana al mundo al crear la página Web de la Sociedad Sonorense de Historia, aprovechando así todos los beneficios que proporciona el Internet, para dar a conocer la Historia de Sonora y crear nuevos lazos con el público en general y con las instituciones dedicadas a la investigación y difusión de nuestro pasado histórico, en lo particular.

Pero a mediados de este 2001, en el inicio de un nuevo siglo y un nuevo milenio, también una nueva era da inicio en la Sociedad Sonorense de Historia, con la reciente elección de la Mesa Directiva, que en los siguientes dos años encabezará el Arqueólogo César Armando Quijada López, quien había venido participando desde 1993 hasta 1997 como Vocal y de 1997 a 1999 como Vicepresidente. Y el pasado día 19 de junio, en sesión ordinaria, fue electo por unanimidad nuevo Presidente de nuestra Sociedad.

En una sencilla y austera ceremonia, donde se dieron cita los socios activos, así como amigos de nuestra Sociedad, el nuevo Presidente dirigió a los presentes unas palabras, ofreciéndoles continuar con el trabajo realizado por los anteriores presidentes y a preparar a la Sociedad para los nuevos tiempos, invitando a todos a trabajar en equipo en beneficio de la Sociedad Sonorense de Historia.


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NUEVA MESA DIRECTIVA DE LA SOCIE-DAD SONORENSE DE HISTORIA
PERIODO 2001 - 2003


El pasado 19 de junio de 2001, en una sencilla ceremonia tomó posesión la nueva Mesa Directiva de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C., en la que quedaron electos como Presidente, Arqlgo. César Armando Quijada López; como Vicepresidente Profr. Ángel Encinas Blanco, como Tesorero, Dr. Hugo Pennock Bravo, como Secretario Psic. Sara Osuna y como Vocales Mtro Mario Cuevas Aramburu, Dr. Juan José Gracida Romo, Mtro. Nicolás Pineda Pablos y Antrop. José René Córdova Rascón.

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PALABRAS DEL NUEVO PRESIDENTE
ARQLGO. CÉSAR A. QUIJADA LÓPEZ

Miembros de la Sociedad Sonorense de Historia, señoras y señores.

Antes que nada agradecer su asistencia y al mismo tiempo su voto de confianza hacia mi persona y la Mesa Directiva que conformaremos para el periodo 2001-2003. Esperamos seguir contando durante las sesiones ordinarias con su presencia pero al mismo tiempo les pido que sean las células para reactivar de nuevo nuestra Sociedad, volver a invitar a los socios, que por alguna u otra circunstancia poco a poco se han ido retirando, invitarlos a que estén de nuevo con nosotros. Nosotros haremos el mayor esfuerzo por que tanto los eventos como las ponencias y todas aquellas actividades que la Sociedad realice sean atractivas, que vuelvan a llamar al seno de la Sociedad a los compañeros que hoy no están presentes. Pero creo que los más importante, es que ustedes son el núcleo que aun conserva la Sociedad Sonorense de Historia el cual yo les pido sigan manteniendo, Ya que la Sociedad no es nada mas la mesa Directiva, es cada uno de sus socios. No es la administración, no es la presidencia, somos los socios, los que hacemos y queremos a esta Sociedad, entonces yo los invito a que entre todos reactivemos y mantengamos viva nuestra Sociedad

Algunas de las acciones que se han pensado para lograr esta labor son: Continuar con la realización de nuestro simposio de historia regional que se lleva a cabo en el mes de noviembre. Apoyar la publicación de las memorias que faltan de anteriores simposio, sobre el particular menciono que ya esta en prensa el libro de "Sonora: Cuatro Siglos de Minería", esperando que en los próximos meses lo demos a conocer a los socios y el público en general.

Realizar periódicamente mesas redondas donde trataremos, no solo temas históricos, sino algunos que sean de actualidad, pero sobre todo de interés a nuestros socios..

Otra de las tareas es utilizar más nuestra página en internet, que sea una ventana de la Sociedad Sonorense de Historia al mundo También tratar de revivir nuestro boletín trimestral, que como recordarán desde principios de 1995, por motivos financieros se dejo de publicar, quizás cambiemos un poco la modalidad de su impresión, apoyándonos en todos las avances que la computación nos facilita en este inicio de siglo y milenio.

Se hará, por todos los medios posibles, una difusión de los objetivos de nuestra sociedad, invitando a todas aquellas personas que les guste la historia a participar como socios, explicándoles los cuatro tipos de socios que señala nuestro reglamento, el cual reproduciremos, para que cada uno de los socios posea un ejemplar.

Realizaremos, nuestro mejor esfuerzo, porque la Sociedad Sonorense de Historia siga siendo la asociación que reúna y convoque a los amantes de la historia regional, para conocer y difundir el rico pasado cultural e histórico del estado de Sonora.


Muchas Gracias.
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LA LEYENDA DEL HOSPITAL MILITAR
DE TORIM, SONORA
Por: Hugo Pennock Bravo

En las llanuras adyacentes al mar de el Golfo de las Californias, en pleno territorio de la tribu Yaqui y en la rivera norte de lo que alguna vez fue el caudaloso río Yaqui, se encuentra la población de Torim.

Ella forma parte de las siete ciudades o poblaciones reconocidas cono las habitadas permanentemente por la tribu; y en el año de 1617, fue cuando los misioneros aprovecharon para fundar las misiones correspondientes a los pueblos Yaquis, la bautizaron con el nombre de San Ignacio de Torin. Su nombre se deriva del nombre de una especie de rata de campo muy común que era muy abundante en ese lugar y que pertenece a una especie zoológica conocida como Neotoma, constituyendo un platillo delicioso para los yaquis.

Torim siempre ha estado en la historia; pero ingresa con toda su fuerza en el año de 1885 cuando por razones militares y secundariamente políticas se le nombra como sede de la Primera Zona Militar y se convierte en la Capital Militar del Estado de Sonora. Los Comandantes de la Zona eran a la vez, los Gobernadores del Estado y manejaban al mismo por intermedio del Secretario de Gobierno residente en Hermosillo.

Por el motivo de la instalación de la 1ra. Zona Militar, los ingenieros militares iniciaron la construcción del edificio de la Comandancia, de los Cuarteles necesarios y de un Hospital Militar. Se tienen noticias del inicio de la construcción del Hospital Militar del Ejército Federal en el año de 1885, para convertirse en un Hospital de concentración.
Quince años después, en el año de 1900 por ordenes de la Secretaría de Guerra y Marina, extiende una orden para que el Coronel de Estado Mayor, Angel García Peña presente una memoria de la inspección que hace en ese lugar y en esa zona.

El Coronel refiere textualmente: "Torin.- Sigue después el pueblo de Torin, el mas importante por ser el centro de las operaciones militares; el que cuenta con el mayor número de edificios públicos y privados pues tiene; el cuartel Marcos Carrillo que ocupa una manzana y puede valuarse en $17,000.00; el Hospital Militar que ocupa otra manzana y que como no esta hecho mas que la mitad del proyecto, su valor a la fecha es de $14,000.00".

Ese Hospital es el escalón Sanitario de más importancia pues se encuentra intermedio entre el de Guaymas y el de Mazatlán; se convierte en un centro de concentración de los enfermos pertenecientes al Ejército, de los familiares y de los civiles que viven en esos lugares. Existe una organización del servicio Sanidad Militar, radicada en los lugares en los cuales se encuentran destacadas las tropas, que se extiende desde Guaymas hasta Cocorit.

Los primeros datos que se tienen nos los relata en su libro el Mayor M.C. Manuel Balbas, iniciando cuando llega al puerto de Guaymas en el transporte marítimo "El Demócrata" donde desembarca el 17º. Batallón procedente de Mazatlán y que muy recién había sido cambiado del Yaqui a Sinaloa, en el año de 1889.

El Mayor Balbas, nos refiere el relato de un hecho acaecido unos años antes, de el asesinato de un miembro del Cuerpo Médico Militar, el Mayor M.C. Jacobo Cerda, el cual al caer prisionero fue sometido a torturas salvajes, tales como despellejarlos de los pies y herido rematándolo hasta que muere; fue uno de los mártires de las guerras del Yaqui.

En 1900 el Hospital tiene como director al Tte. Coronel. Tereso F. Luna, de origen oaxaqueño; y el servicio de Sanidad estaba estructurado en forma de permitir la atención siguiente:

El Campamento de "Las Güásimas" con destacamento de tropas y donde se encuentra el Mayor M.C. Filiberto Carriles.

Se atiende a las tropas de Guarnición del 12vo. Batallón y cuerpos mixtos de Infantería Yaqui y de Caballería, y se da apoyo a las secciones sanitarias del 19º. Batallón, acantonado en Bacum, cuyo médico es el Mayor M.C. Fernando Ocaranza; al 4to. Batallón estacionado en Potam y cuyos médicos son los Mayores M.C. Arnulfo F. Fernández y Enrique Leal; este último había estado en la Batalla Matzocoba y funda una enfermería militar en el poblado, y hacia el sur en el pueblo de Cocorit esta el 17vo. Batallón con el Mayor M.C. Enrique Aldana, que también funda una enfermería militar en el pueblo. Esos últimos datos se refieren al año de 1900 cuando se inicia el siglo. Existen datos que después de 1910 al inicio de la Revolución, se encontraban en servicio en esa región y por consecuencia asistían al Hospital, el siguiente personal: Mayor M.C. Ramon Terroba y Solares; el Tte. Corl. M.C. Ramon L. Campos, los Mayores M.C. Salvador Quiñones y Francisco Medina; algunos practicantes como Pedro Perez Grovas y Carlos Puig.

El Hospital, tenía mucho trabajo, era uno de los llamados de sangre; los combates nunca cesaban, la cantidad de heridos que se atendían constantemente eran muchos; y se efectuaba la certificación de muertos en combate; para dar un ejemplo, el Dr. Fortunato Hernández adscrito a la Comandancia de la Zona señala que el 18 de enero de 1900, fecha de la batalla de Matzocoba, tuvieron 28 muertos, tres oficiales y 25 de tropa; 52 heridos, siendo 4 oficiales y el resto de tropa. El Hospital ayudaba a solventar las grandes penalidades de las tropas, que era muy común se lesionaran por las condiciones del terreno, sufrieran hambre por falta de provisiones y del tormento de la sed por falta de agua, de las inclemencias del clima que durante las marchas, en ocasiones llegaba hasta los 45 o 48 grados centígrados, y que caían muy frecuentemente insolados, que trataban de reanimar a base de inhalaciones de amoniaco.

En los intermedios mas tranquilos, el Hospital servía también para control de los consignados que se enviaban al Servicio de las Armas; y todos los yaquis que con sus familias eran deportados, los cuales eran concentrados para examen médico; y después remitidos al Puerto de Guaymas donde eran embarcados en el transporte Oaxaca cuyo médico era el Capitán de Corbeta M.C Marcelino Mendoza.

Cabe aclarar que los llamados consignados, muchos eran personas las cuales por cualquier circunstancia tales como faltas leves, vagancias o en determinados casos los padres llevaban a los hijos que les daban muchos problemas, los mezclaban con ladrones y asesinos convictos o con las familias yaquis que deportaban.

El Hospital Militar debe haber sido un edificio hermoso y muy bien construido, aun cuando no se haya terminado completamente, con bastante funcionalidad para esa época; Ocaranza se refiere a él en los siguientes términos: "El Hospital Militar aparecía también como un edificio cuyas dimensiones y calidad fueron superiores a las del pueblo; pero casi de acuerdo con la importancia que tenía la 1ra. Zona Militar por aquellos días". En aquellos años, era la 1ª. Zona Militar , la que más actividad bélica presentaba en la República y que no ceso hasta el año de 1913., cuando desapareció.

Nos proporciona también un dato de la situación geográfica del Hospital, al señalar que el Director del mismo, el Tte. Coronel Luna se lamentara de que buena parte de su obra hubiera sido arrastrada por una creciente del río, obligándolo a reanudarla con grandes esfuerzos. Existen huellas de una acequia que pasa por la parte norte del predio, con una compuerta pequeña construida de ladrillo, para las derivación del agua de uso en el Hospital; era prácticamente una boca toma que venía directo del río

Es indudable que este Hospital era un reflejo del trabajo y la preparación que tenían los médicos militares, que estaban dentro del Ejercito y habían recibido una instrucción más completa en todas las materias, por haberlas cursado en el Hospital Militar de Instrucción y en la Escuela Practica Medico Militar de esa época; desde el punto de vista social, la existencia de un Hospital situado en un punto intermedio de las poblaciones importantes, representaba una seguridad y era un gran beneficio para la población militar, sus familias y también directamente para los pobladores de todas las regiones aledañas; los cuales podían recurrir a recibir una atención médica del más alto nivel correspondiente a esa época. Era el complemento de la idea de desarrollar en ese lugar una verdadera ciudad; el sueño del Gral. Lorenzo Torres.

En 1913 con el licenciamiento del Ejercito Federal, al causar baja desaparece la 1ra. Zona Militar; quedando abandonados todos los edificios; que posteriormente serían utilizados por las fuerzas revolucionarias, hasta en la actualidad en que se encuentran prácticamente desaparecidos

El pueblo de Torim actualmente es un lugar que sobrevive fantasmal en la llanura sonorense; casi igual que cuando lo bautizaron los misioneros. Perdido su caudal del río, ahora ya seco, se niega a desaparecer conservando su fisonomía autóctona; con su comunidad que continúa con los ritos ancestrales, con el gobierno elegido por ellos mismos, con sus rituales y sus bailes, con su silencio y su alegría, rodeados por la madre naturaleza, que no los desampara dentro de sus bosques de palo fierro, entreverados con los palos verdes y los mezquitones centenarios; los acompañan los olores de la chicura y del orégano, de la manzanilla y a veces de la marihuana; al igual que hace más de 500 años de que llegara la llamada "conquista".

El destino, lucha por la libertad y autonomía de la tribu, defendiendo sus tierras y su territorio en las llamadas Guerras del Yaqui, no lo dejaron florecer. Los edificios y las casas que fueron bellas y florecientes construcciones, algunas hasta de dos pisos; con sus calles trazadas a cordel, los Cuarteles y el Hospital Militar, todos fueron desapareciendo con el pueblo. Solo quedaron las Campanas de los Jesuítas, en lo alto de la loma.

Tte. Coronel M.C. Ret. Hugo Pennock Bravo
Cirujano Emerito Colegio de Cirujanos de Sonora.
Miembro de la Sociedad Sonorense de Historia
E mail hpennock@rtn.uson.mex

BIBLIOGRAFÍA:

ACOSTA ROBERTO. "Apuntes históricos sonorenses", La conquista temporal y espiritual del Yaqui y el Mayo. Imprenta Aldina México 1949.

ALDAMA FRANCISCO P. "Diccionario de Historia y Geografía Sonorenses". Chihuahua, Chihuahua. Reeditado Gobierno del Estado de Sonora 1982.

BALBAS MANUEL. "Recuerdos del Yaqui. Principales episodios durante la campaña de 1889 a 1901". Sociedad de Edición y Librería Franco Americana S.A México D.F. 1927.

FABILA ALFONSO. "Las tribus de Sonora, su cultura y su anhelada determinación". INA 1978.

HERNANDEZ FORTUNATO. La Guerra del Yaqui. Crónicas de la Guerra del Yaqui..
Gobierno del Estado de Sonora 1985

INEGI. Planos.

MOLINA MOLINA FLAVIO. "La Cruz y la Flecha Diccionario de Sonora Indígena". Colección Voces del Desierto. Editora la Voz de Sonora 1999.

OCARANZA FERNANDO. "La novela de un médico". Talleres Gráficos de la Nación. México 1940.

PEREZ DE RIVAS ANDRES. "Triunfos de Nuestra Fé entre gentes las más bárbaras y fieras del orbe". Vol. I- III Editorial Layac. Reproducción de la publicación de 1645.

PENNOCK BRAVO HUGO. Torim La Capital Militar de Sonora 1885 1913
Congreso de Historia de la Universidad de Sonora 1999

SPICER. EDWARD H. " Los yaquis. La Historia de una cultura"
UNAM. México..

TRONCOSO FRANCISCO DE P. "Las guerras con las tribus Yaqui y Mayo". Tomo I y II.

URUCHURTU MANUEL R. "Apuntes biográficos de Don Ramón Corral" (1854 - 1900)
Gobierno del Estado de Sonora 1984.



RECONSTRUCCION DEL HOSPITAL MILITAR DE TORIM


RECONSTRUCCION DE LAS FACHADAS OESTE Y SUR DEL CUARTEL


PLANTA DEL CUARTEL DE TORIM, SONORA

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LA GRUTA DEL TABACO
Por: Enrique Ramírez López

Pasaje Histórico Juarista

Saliendo de la Ciudad de Torreón, Coah., hacia el este, por la carretera federal numero 40 que va de Saltillo, a treinta kilómetros se encuentra Matamoros, cabecera del municipio del mismo nombre; y once kilómetros adelante, entronca a dicha carretera la cinta asfáltica que concluye en la Gruta del Tabaco a siete kilómetros al norte.

Un alargado macizo de piedra, llamado sierra Texas, se alza de este a oeste entre la esteparia Comarca Lagunera; serranía conocida anteriormente como Cerro del Tabaco. Lo de Tabaco, al parecer, surgió porque en el siglo XIX esa zona de la Laguna presentaba condiciones propicias para el cultivo del tabaco cimarrón.

Al pie del cerro, frente a la entrada de la gruta, de un momento de base circular, se desprenden hacia el infinito cuatro columnas de concreto de aproximadamente ocho metros de alto por metro y medio de ancho que, como celosos guardianes, reciben al visitante. La columna de la derecha, al este y próxima a la entrada de la cueva ostenta el siguiente texto: "EN ESTE LUGAR SE OCULTARON DESDE 1864 HASTA LA RESTAURACION DE LA REPUBLICA LOS ARCHIVOS DE LA NACION. LOOR Y GLORIA A LOS PATRIOTAS CAMPESINOS LAGUNEROS QUE OFRENDARON EL SACRIFICIO DE SUS VIDAS EN LA CUSTODIA DE LOS ARCHIVOS DE LA NACION Y CON LEALTAD LUCHARON CON JUAREZ POR LA LIBERTAD". En la columna de la izquierda, hacia el oeste y también cerca de la puerta de la caverna, se destacan los nombres de las 22 personas que intervinieron en el secreto de los archivos.

La lista la encabeza el general Jesús González Herrera, seguido por el de Don Juan de la Cruz Borrego, luego el coronel Darío López Orduño; Pablo y Manuel Arreguín; Marino Ortíz; Julián Argumedo; Angel, Vicente, Cecilio y Andrés Ramírez; Diego de los Santos; Epifanio, Ignacio, Telésforo y Jerónimo Reyes; Mateo Guillen; Francisco, Julián y Guillermo Caro; Guadalupe Sarmiento y Jerónimo Salazar".

¿Pero qué fue lo que sucedió?

Se dice que el 4 de septiembre de 1864, los vecinos del rancho El Gatuño (Hoy Congregación Hidalgo), esperaban impacientes la llegada del señor Presidente de la república; según les había enterado el general Jesús González Herrera, jefe militar republicano en la región y que había llegado al amanecer de Viesca, donde platico hasta la madrugada con Juárez y se adelanto a la caravana de la Dignidad para organizar la recepción a tan ilustre visitante.

El general González Herrera les había informado a los lugareños que a media mañana llegaría la partida, sin embargo, el sol acariciaba ya el cenit y nada aparecería por el árido y vasto horizonte del este. De pronto surgió al fondo de la llanura, una pequeña columna de polvo, que por falta de aire, perezosa se elevaba al cielo; su diámetro se iba ensanchando cada vez mas a medida que se prodigaba en el firmamento. Ya entrada la tarde se comenzaron a distinguir entre la polvareda, un grupo de jinetes montando polveados corceles tras ellos, el carruaje en el que viajaban el señor Presidente y su comitiva. Seguidos por una larga fila de carretas de cuatro ejes tiradas por bueyes y hasta el final, otro contingente de jinetes y mulas de carga. La columna se desplazaba muy lentamente.

Al llegar a donde se encontraban los lugareños, Juárez bajo del carruaje seguido por sus acompañantes y saludaron de mano a cada uno de los presentes. Posteriormente don Benito tomó del brazo al general Herrera y, al apartarlo del grupo le comentó que: Había decidido dejar el archivo escogido en la región para agilizar el avance de la caravana; que necesitaba un hombre de absoluta confianza y patriota, para encomendarle la misión; porque como ya le había dicho en Viesca, él, el general Herrera, lo acompañaría por la cuenca del río Nazas para que le mostrara la situación política que conservaba la gente río arriba". El general propuso de inmediato que tenía al hombre indicado, don Juan de la Cruz Borrego, el dueño del rancho La Soledad; que no estaba allí porque no le alcanzó el tiempo para avisarle, pero que enviaría por el, que no estaba lejos el rancho. Juárez inmediatamente ordenó que las once carreteras que llevaban el archivo, se quedarían en el lugar junto con los toros y, las carreteras de logística serían tiradas por caballos y mulas en lugar de los bovinos.

Llegó don Juan de la Cruz y junto con el general González entraron hasta donde descansaba el patricio después de haber comido, quien de inmediato, después de la presentación se dirigió a don Juan con mucha confianza. Juárez, que siempre demostró un sentido muy especial para detectar a los hombres valiosos, le explico el plan; agregando que aquello sería solo por unos quince días, que, de alguna manera le indicaría, donde y a quien debería entregar la documentación. Por su parte don Juan le aseguro que: "Reclutaría pura gente de confianza para cumplir con el encargo y si alguno o varios flaquearan, tendrían que morir, pero que no le fallaría".

Juárez salió de la casa flanqueando por el general González y don Juan de la Cruz Borrego. Como para entonces ya se había cumplido las ordenes del señor Presidente sobre la modificación de la recua, se despidieron de todos y reanudaron la marcha hacia el noroeste. En Matamoros, el general González Herrera, con la anuencia de Juárez, nombro al coronel Darío López Orduña como jefe militar republicano en la zona, instruyéndole que se coordina con Don Juan de la Cruz en la custodia de los archivos.

La misma noche del 4 de septiembre de 1864, don Juan de la Cruz y 19 campesinos de la región, llevaron el archivo hasta una grieta que se abría en una cañada del cerro del Tabaco; acomodaron las cajas y las cubrieron con maleza, regresando las carretas al rancho La Soledad. Antes del amanecer habían borrado, con ramas, las rodadas de las carretas y comenzaron a montar guardia las 24 horas a la entrada del cañón.

Pasados los quince días que Juárez había señalado para instruir a don Juan sobre el destino del archivo, la zona fue invadida por las fuerzas imperiales, quienes buscaban afanosamente la documentación, sabían que habían salido de Visca las carretas donde venia pero que no habían llegado a la Hacienda Santa Rosa (Hoy Gómez Palacios Dgo.) por lo que tenían que haberse quedado en la región. Por lo anterior, aunque hubieran recibido la orden de mudarlos, no habían podido hacerlo a causa de los militares franceses que, inexplicablemente, parecía interesarles mas el archivo que Juárez, quien todavía para el 22 de Septiembre, se encontraba en Nazas, porque esa fecha escribió una carta a doña Margarita desde esa población. Seguramente don Benito deseaba conocer el desenlace de la batalla de Majoma, donde obtuvieron el triunfo los imperialistas y Juárez tuvo que abandonar el Estado y replegarse a Chihuahua; su éxodo lo llevo hasta Paso del Norte (Hoy Ciudad Juárez, Chih.).

Mientras y, dadas las circunstancias, don Juan de la Cruz y el coronel Darío López, decidieron mudar el archivo a otro sitio para protegerlo de la lluvia, se acercaba la temporada de lluvias del otoño y donde se encontraba no había seguridad de su resguardo para tal contingencia. Don Juan sugirió, que tiempo atrás conoció una cueva y parecía no haber tenido visitantes durante muchos años y que como la mayor parte de los lugareños estaban recién llegados a la comarca, seguramente ni la conocerían, que ahí estaría debidamente protegido de la lluvia. El plan fue aceptado y se puso en marcha. Noche tras noche, como hormiguitas, desplazaron en hombros las cajas a la cueva de los Murciélagos, hoy del Tabaco. Cuando terminaron, disimularon bien la entrada con piedras y cactos. Borraron las huellas que dejaron en la trocha por donde transitaron. A partir de esa fecha, la vigilancia se realizaría de arriba del cerro; quien estuviera de guardia tenia la consigna de que, si se detectaba algo sospechoso, bajaría al rancho la Soledad a informar a don Juan de la Cruz, quien a su vez, localizarían de inmediato al coronel López Orduña y entre ambos decidirían que hacer. Hubo necesidad de incinerar las carretas y sepultar los despojos de hierro en algunas casas. Los bueyes fueron dispersados en la sabana entre el ganado local.

Toribio Regalado Rosales, había sido caporal de don Leonardo Zuloaga, terrateniente dueño de esa área lagunera donde se encuentran Matamoros, Congregación Hidalgo y Viesca. Toribio que, posiblemente en ese entonces andaba sin trabajo fijo, porque aparte de jornalero se alquilaba como matón a sueldo. Este torvo individuo fue convencido por la jefatura del ejercito imperial, de que en el archivo no solo había documentos, sino que había barras de oro y moneda de cuño legal y que si encontraba el archivo, el oro y el dinero serian para el, y que además: el emperador se lo llevaría a México y le compensaría con un cargo importante dentro del gobierno imperial. Ambición y codicia se apoderaron del matón individuo, quien se consiguió un compañero, cuyo nombre era Máximo Campos y se dedicaron a rastrear el archivo.

Regalado y compañero supieron que, posiblemente, los hermanos Arreguín, Manuel y Pablo, así como Marino Ortíz, pudieran estar involucrados en al cuestión del archivo. Los secuestraron y en el monte los torturaron. Primero a uno de los hermanos frente al otro, pero como no hablo, lo mataron y posteriormente liquidaron al otro. A Marino Ortíz le quitaron la piel de la planta de los pies y lo hicieron caminar sobre ardientes brasas hasta que el dolor acabo con su existencia. Después supieron que Jerónimo Salazar, pudiera saber algo sobre el asunto y fueron a su casa por él y lo sacaran sin que valieran las suplicas de su esposa e hijos. En un arroyo lejano de la población lo torturaron de varias maneras sin lograr que confesara, por lo que Regalado desenfundo su largo revolver y le disparo toda la carga; ese revolver resultaría importante para el año después. Todo se intento por encontrar los documentos, pero las pesquisas resultaron vanas. Se ofrecieron públicamente importantes cantidades de dinero a quien proporcionara una pista que condujera al sitio donde estaba el archivo. Hubo amenazas, otros interrogatorios, otras torturas, pero todo fue inútil; los que compartían el secreto nunca lo revelaron.

Tres años duró la patriótica labor de aquellos hombres, ocultando el archivo General de la Nación; tiempo en que ni un solo minuto dejó de vigilarse la puerta de la cueva. Hombres que vivieron día a día con la zozobra, la nieve, el frío, la lluvia, el calor y los constantes amagos de las fuerzas francesas, pero no claudicaron.

Una vez restaurada la república, don Juan recibió instrucciones de Juárez de entregar el archivo en San Luis Potosí; el mismo Benemérito se lo recibió y le regalo a don Juan de la Cruz una fotografía autografiada del señor Presidente; no había con que pagar sus servicios a la patria. Sin embargo, don Juan regresó satisfecho del deber cumplido. Murió de muerte natural el 25 de Julio de 1889. El general Jesús González Herrera, murió en una emboscada en 1876 en un lugar llamado La Concha.

El 21 de marzo de 1906, Benito Juárez Meza, hijo del patricio, vino a Congregación Hidalgo a celebrar el natalicio de su padre con los sobrevivientes del grupo. Dicen que comentó "que su papá los recordaba con cariño y proclamaba sentirse orgulloso de ellos. Para entonces ya solo vivían cuatro: Cecilio Ramírez, Epifanio, Ignacio y Telesforo Reyes.

"LOS HEROES LAGUNEROS OLVIDADOS POR LA HISTORIA". La Frase anterior se aprecia por todos los rincones del Museo Juarista de Congregación Hidalgo, Coah. No obstante los lugareños pacientes, conservan con celo patrio: el monumento de la Cueva del Tabaco y la casa donde descansó y comió don Benito Juárez. En un monumento al prócer erguido en Matamoros se encuentran las cenizas de don Juan de la Cruz Borrego y las de Marino Ortíz.

Si los franceses hubieran encontrado el archivo General de la Nación y lo hubieran destruido, la historia de México hubiera quedado irremediablemente mutilada.

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CONVOCATORIA XIV SIMPOSIO "FIESTAS TRADICIONALES Y POPULARES EN SONORA"


La Sociedad Sonorense de Historia, A. C.; Secretaria de Fomento al Turismo del Estado de Sonora; la Universidad de Sonora; el Instituto Sonorense de Cultura; El Colegio de Sonora; Dirección General de Culturas Populares; Instituto Nacional Indigenista; el Centro INAH Sonora; el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo; la Dirección General de Documentación y Archivo del Gobierno del Estado; la Asociación de Cronistas Sonorenses; el H. Ayuntamiento de Hermosillo; el H. Ayuntamiento de Magdalena;


CONVOCAN:


A los historiadores, investigadores y estudiosos de nuestro pasado histórico, así como al público en general, a participar en el XIV SIMPOSIO DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA, A.C.,


que se llevará a cabo del 26 de Noviembre al 1º de Diciembre del 2001, con la siguiente temática:

FIESTAS TRADICIONALES Y POPULARES EN SONORA

Las ponencias podrán versar sobre el tema del simposio comprendido en alguno de los siguientes capítulos generales

I. Festividades Indígenas
II. Festividades Religiosas y Fiestas Populares
III. Festividades Cívico patrióticas
IV. Ferias y Exposiciones
V. Carnavales
VI. Otras Festividades

BASES

1. Los participantes deberán registrarse anexando un resumen de su ponencia de una cuartilla de extensión. El registro se realizará a partir de la fecha de la presente Convocatoria hasta el 15 de octubre del 2001, para lo cual se deberá acudir o enviar el resumen al Comité Organizador del XIV SIMPOSIO DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA, A.C., ubicado en Ave. Rosales 123, teléfono 01 (62) 17-10-64, Hermosillo, Sonora; correo electrónico sshac@rtn.uson.mx

2. Las ponencias deberán ser inéditas y tener una extensión no mayor de 15 cuartillas, presentadas de preferencia en procesador de palabras Word 6 en diskette 3.5" o compatible, así como las ilustraciones referentes al tema.

3. La fecha límite para la entrega de las ponencias será durante el simposio.

4. El tiempo máximo para su exposición será de 20 minutos.

5. El Comité Organizador comunicará a los ponentes su aceptación, a más tardar el 30 de octubre del 2001.

6. Los gastos de hospedaje y alimentación de los expositores correrán por su cuenta. El Comité Organizador se compromete únicamente a realizar las reservaciones de hospedaje correspondientes, si el participante lo solicita.

7. El Comité Organizador se reserva el derecho de seleccionar los trabajos para su publicación.

8. Los casos no previstos en la presente Convocatoria serán resueltos por el Comité Organizador.

ARQLGO. CÉSAR QUIJADA
PRESIDENTE
ANTROP. JOSÉ RENÉ CÓRDOVA
COORDINADOR DEL SIMPOSIO

Hermosillo, Sonora a 10 de julio del 2001

 

 

 

 

¿DESEAS PERTENECER A LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA?


Para ser Socio Activo se requiere:
a) Que el aspirante sea propuesto por dos asociados activos,
b) Que la proposición sea aprobada por la Asamblea y
c) Que a su ingreso presente un trabajo académico.

Los derechos y obligaciones de los Socios Activos son:
a) Formar parte de la Asamblea General,
b) Solicitar la celebración de las Asambleas Generales,
c) Proponer las iniciativas que juzgue convenientes para la mejor realización de los fines de la Sociedad,
d) Ser electo como miembro del Consejo Directivo,
e) Cubrir las aportaciones que fije la Asamblea,
f) Vigilar que los ingresos de la Sociedad se dediquen al objeto que se proponen y con ese fin podrán examinar los libros y demás documentos de ésta,
g) Presentar por lo menos un trabajo académico cada año para mantener su calidad de asociados activos,
h) Acatar los Estatutos y los acuerdos de la Asamblea General,
i) No realizar ningún acto contrario a los fines de la Sociedad que perjudique su buena marcha y prestigio.

Cualquier persona aficionada a la Historia podrá ser Socio Colaborador si su ingreso es propuesto por dos Asociados Activos y aceptado por la Asamblea.

Los derechos y obligaciones de los Socios Colaboradores son:
a) Participar con voz en las reuniones y asambleas de la Sociedad,
b) Proponer las iniciativas que juzgue convenientes para la mejor realización de los fines de la Sociedad,
c) Cubrir las aportaciones que fije la Asamblea y señalar a ésta cualquier deficiencia en el manejo de fondos de la Sociedad,
d) Acatar los estatutos de la Sociedad y no realizar ningún acto que pueda perjudicar su buena marcha y prestigio.

Para ser Socio Estudiante se requiere únicamente ser estudiante de educación superior y ser aprobado por la Asamblea, a proposición de dos asociados activos.

Los derechos y obligaciones de los Asociados Estudiantes serán los mismos de los Asociados Colaboradores con excepción del pago de cuotas, del cual estarán exentos.

 

Presidente
ARQLGO. CÉSAR QUIJADA

Vicepresidente
PROFR. ANGEL ENCINAS BLANCO

Tesorero
DR. HUGO PENNOCK BRAVO

Secretario
PSIC. EDUC. SARA OSUNA

Vocales
MTRO. MARIO CUEVAS ARÁMBURO
MTRO. JUAN JOSÉ GRACIDA ROMO
MTRO. NICOLÁS PINEDA PABLOS
ANTROP. JOSÉ RENÉ CÓRDOVA RASCÓN

BOLETÍN DE LA S.S.H.
ÓRGANO OFICIAL DE LA SOCIEDAD SONOREN-SE DE HISTORIA, A.C. APARECE TRIMESTRALMENTE

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EXCLUSIVA DE SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE EL PENSAMIENTO DE LA SOCIEDAD.