PRESENTACION

En esta ocasión se presenta el trabajo de Enrique Ramírez sobre el misionero jesuita Henrich Ruhen, donde se mencionan los datos biográficos más importantes de este personaje, su llegada a la Nueva España, su arribo al Septentrión Novohispano, así como su breve trabajo misional en San Miguel de Sonoytag en 1751, debido a su violento fallecimiento. Esta población actualmente se le conoce simplemente como Sonoyta, siendo desde mediados del siglo XIX un punto fronterizo, no solamente con el vecino estado de Arizona, en los Estados Unidos de Norteamérica, sino también con el bello e impresionante Desierto de Altar.

El trabajo "Alamos en la Historia de Sonora", del profesor Armando Quijada Hernández, es un resumen sobre los primeros años de esta población del sur de Sonora. También se menciona el papel que jugaron los habitantes de Alamos en la división, en el siglo XIX, del joven Estado de Occidente y el deseo de los pobladores de esta región de permanecer en Sonora. También se habla de su prosperidad minera, tanto que existió en la segunda mitad del siglo XIX, una Casa de Moneda, asi como dicha riqueza aun se ve reflejada en su arquitectura civil, como ejemplo, el Palacio Municipal, símbolo del período del Porfiriato cuando Álamos era la tercera ciudad más prospera del estado.

En los inicios del otoño de 2001, se llevó a cabo la presentación de la obra "Sonora: Cuatro Siglos de Minería", producto final del X simposio de nuestra Sociedad Sonorense de Historia. Esta publicación pudo llevarse a cabo gracias al valioso apoyo del Dr. Víctor Galindo Sánchez, Secretario de Educación y Cultura del Gobierno del Estado de Sonora y el interés del Dr. Guillermo Salas Piza de la Dirección General de Fomento Minero. Esta publicación consta de dos tomos, en el primero de ellos se ordenaron los trabajos de forma cronológica, mientras en el segundo tomo, están agrupados de forma temática.

En este número encontrará la presentación, que sobre "Sonora: Cuatro Siglos de Minería", realizó el Dr. Juan Manuel Romero Gil destacado historiador de la Universidad de Sonora, donde hace un análisis de los cincuenta trabajos de que consta la obra, además de señalar los hilos conductores en que le dan unidad a la obra. Señalando también que "vetas" historiográficas han sido ya explotadas y cuales aun faltan por explorar tanto por investigadores, estudiosos y cronistas.
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RUHEN, MARTIR SONOYTENSE
Por: Enrique Ramírez López1


De 1749 a 1753, gobernó el territorio de las misiones del Golfo de Cortés, el coronel D. Diego Ortiz de Parrilla, que tomó muy a pecho ensalzarse a sí mismo. Así lo pinta un informe del Provincial P. Ignacio Calderón: un hombre sin experiencia, recién tenido a las Indias, cuyas costumbres cristianas desconocía y que no practicaba, entregado por completo a sus personales intereses, incapaz de pensar libremente, actuar con discernimiento y determinar imparcialmente en justicia. Las protestas por su actitud no se hicieron esperar de parte de los misioneros y los colonos mineros, principalmente; por lo anterior, se propuso desprestigiar a los misioneros. El gobernador en cuestión, creyó haber encontrado en el cacique pima Luís Opiguachi, ladino y licencioso, un instrumento invaluable para su propósito de poner a los indios en contra de los misioneros con la falacia de que, éstos los esclavizaban y explotaban.

Con tales propósitos alabó y declaró de toda su confianza a Luís, a la vista, no solamente de los indios, sino también de los soldados, agregando honras, premios y galardones por sus proezas. Desoía Ortiz de Parrilla con desprecio cualquier sugestión en contra de su favorito, Luís, valiéndose de su autoridad y del apoyo del gobernador, empezó, con gran habilidad y secreto, a maquinar la rebeldía de pimas y pápagos en contra de los jesuitas y colonos mineros.

El padre Visitador Jacobo Sedelmayer pasó por Sonoyta en 1743 y se propuso reconstruir la misión de San Marcelo. Sus gestiones llegaron hasta el testamento del marqués de Villapuente, don José de la Puente Peña Castrejos y Salzines, quien había muerto en Madrid en 1739, pero dejó recursos para, entre otras cosas reconstruir dos misiones de la Pimeria Alta, la de Sonoyta y la de Sáric. Para Sonoyta el filantrópico marqués, había dejado como condición, que se le cambiara el nombre, en lugar de San Marcelo, San Miguel; las razones para dicho cambio las desconozco; pero su condición fue aceptada y el proyecto se realizó, concluyéndose, supuestamente, en los primeros meses de 1751.

 

El padre jesuita Henrich Ruhen (ENRIQUE RUHEN), nació en Borsum, Condado Hildesheim, Estado de Baja Sajonia del Bajo Rhin, Alemania el 16 de junio de 1718. Era de cuerpo y estatura mediana, conforme al tipo europeo, tez blanca, nariz afilada y lunares en la parte izquierda de la cara. Ingresó a la Compañía de Jesús el 22 de octubre de 1736. Se ordenó sacerdote en 1748. Fue seleccionado para venir a México en apoyo a la obra que los jesuitas estaban realizando en este país; por lo que a finales de enero de 1749, llego al puerto de Cádiz, España, enrolado para el nuevo Continente.

Salió del Puerto de Cádiz en una expedición de 44 jesuitas, cuyo superior era el padre Francisco Javier de Paz. Salieron de Cádiz el 15 de junio de 1750 y llegaron a Veracruz el 25 de agosto del mismo año. De Veracruz salió hacia México en compañía del padre Vicente Ripoll, mismo que se enfermó en Jalapa y Ruhen se dio a la tarea de cuidarlo y curarlo. Finalmente el padre Ripoll falleció el 7 de septiembre del cincuenta. Después de sepultar al padre Vicente, continuó su viaje a la capital de la Nueva España, de donde lo enviaron a Guadalajara; finalmente fue nombrado para dirigir la nueva misión de San Miguel del Sonoytag. Llego a Sonoyta en los últimos días del mes de junio de 1751. Antes nunca tuvo la misión de San Marcelo un misionero de planta; solo se había promulgado el evangelio en las visitas que a dicha misión hiciera el padre Kino y sólo fueron 13 veces en nueve años.

El 15 de agosto de 1751, el padre Ruhen se desplazo hasta Tubutama y en la iglesia de los Santos Apostoles San Pedro y San Pablo, hizo la profesión de los cuatro votos que le faltaban bajo el oficio del padre Sedelmayer. Un detalle curioso: según el jesuita Ignacio Pfefferkorn, le dijo el padre Ruhen al Visitador Sedelmayer: " (que la pases muy bien. ¡No volveremos a vernos nunca más!

Los misioneros de la Pimeria Alta habían contribuido con limosnas suficientes para el apoyo de la nueva misión; recursos que el padre Ruhen guardaba con mucho celo; supuestamente contemplaba un proyecto de grandes proporciones; proyecto que no conoceremos nunca, si es que realmente existía.

El 20 de Noviembre de 1751, el misionero jesuita Juan Nentuig se encontraba tomando su desayuno en la pequeña iglesia de Sáric. Bruscamente es interrumpido por dos mujeres y un niño que habían sido enviados por el padre Jacobo Sedelmayer de la cercana misión de Tubutama para informarle del inminente ataque de Luís del Sáric. Nentuig había notado esa mañana, y le llamó mucho la atención, el extraordinario concurso de gentiles en el poblado. Luís recibió en su casa, que había desalojado previamente, a los españoles que citara con anticipación y, pretextando ocupación urgente, los dejó solos. Rodearon al instante los pimas rebeldes la casa de Luís y, él mismo, prendió fuego al aposento donde perecieron todos los españoles entre las llamas y golpes de macana. Pasaron de allí a la misión, pero el misionero iba ya rumbo a Tubutama. Los jefes ya juntos, Luís del Pitic y Luís de Sáric, acometieron contra la misión de Tubutama donde, dice Gerard Decorme: "los padres Nentuig y Sedelmayer, con algunos pocos soldados y colonos españoles se habían refugiado. En la iglesia se quedaron muertos y heridos cuando, cubiertos por las sombras de la noche, los sitiados lograron huir por el río rumbo a San Ignacio, misión a la que mediaban 16 leguas. En Tubutama y Sáric pasaron de cien los españoles muertos; el padre Nentuig sacó una fuerte contusión en la cabeza, y dos heridas en un brazo el padre Sedelmayer".

Por la distancia no fue posible dar noticia a los padres de Caborca y Sonoyta. Al día siguiente 21 de noviembre, los alzados cayeron de improviso sobre el padre, también jesuita, Tomás Tello de Caborca a quien asesinaron cruelmente. A Sonoyta llegaron el 22 de ese noviembre negro. Al parecer, primero mataron a un español que se encontraba al servicio del misionero. Al padre Ruhen lo jarearon a través de la ventana de su alcoba y creyéndolo muerto lo abandonaron en un charco de sangre, entrando luego a la iglesia en aras del pillaje. Las heridas del jesuita eran mortales pero haciendo un esfuerzo sobrehumano salió de su cabaña, quizás intentaba esconderse, pero no lejos de su vivienda se arrodilló y asió al tronco de un mezquite para mantenerse erguido y esperar su fin. Al romper el día unos indios lo encontraron en esa posición y uno de ellos le destrozó el cráneo con una piedra, cayó a tierra y expiró. Los rebeldes se llevaron el dinero que los jesuitas de la Pimeria habían enviado para terminar de acondicionar la misión.

El padre misionero Ignacio Pfefferkorn se hizo cargo de la misión de Atil en el año de 1756, no establece la fecha en que visitó Sonoyta y encontró los despojos del padre Ruhen aún sin sepultar y se abocó a la tarea de hacerlo y, según él, hacía seis años que lo habían asesinado, por lo que se establece su visita a esta misión en el transcurso de 1757.

El indio que le asestó el último golpe al padre Ruhen, se refugió después en Tubutama, se convirtió y permaneció por mucho tiempo en la misión. Cuando se le preguntaba el porqué había matado a su guía espiritual, el decía: "Lo hice porque vi que el buen hombre estaba sufriendo mucho y no podría vivir más".

Al llegar el gobernador Juan Antonio de Mendoza a San Miguel del Sonoytag, quien tampoco precisa fecha, se enfureció tanto que desensangrentó la memoria del difunto, a quien el gobernador Diego Ortiz de Parrilla le achacara varias crueldades, entre éstas la muerte de un paje; infamia que en el mayor grado extraño a todos los que lo conocían, protestando que ningún otro más que su reverencia era incapaz en lo natural, no sólo de cometer, sino aún de pensar en semejante exceso. También fue acusado de no haber cumplido con los cuatro votos que le faltaban. El gobernador volvió a condenar aquel hecho e instruyó un proceso de lo acaecido en la muerte del padre Enrique, declarando algunos indios que habían participado en el ataque a la misión y que se encontraban presentes; no podía hacer más porque existía un tratado de paz, que firmaron, aparte de Luis del Saríc, los jesuitas, los mineros españoles, el gobernador Ortiz Padilla y el gobernador virreinal José Luis del Carpio, autoridad militar con la representación de Su Majestad el Rey de España, dado en San Miguel de Horcasitas el 18 de marzo de 1752. E1 tratado establecía, entre otras cosas, amnistía total para los pimas y pápagos, sin que importara lo que hubieran hecho.

Por el contexto del proceso llevado a cabo por el gobernador Mendoza, quedó desvanecida la calumnia, la malignidad y ligereza del calumniador y aclarado y restituido el crédito de la religiosidad del padre Ruhen. Y para que se hiciese más sensible a los indios su pasada maldad, ordenó el gobernador la más solemne procesión que se haya visto en este confín del mundo; llevando uno de los padres que lo acompañaban, enarbolada una cruz que se había de colocar en el lugar donde murió el padre Enrique. Los soldados milicianos y auxiliares, puestos en dos hileras con los indios todos de aquel pueblo y los pápagos recién agregados, a quienes acompañaba el gobernador, se encaminaron cantando en voz alta las letanías penitenciales y otras devociones. A1 llegar al paraje señalado encontraron una piedra teñida todavía de sangre del mártir y la quijada de éste. Todos al ejemplo del gobernador, se postraron reverentes y besaron la piedra ensangrentada y la osamenta de la quijada; la devoción sacó a los indios sacrílegos tiernas lágrimas de arrepentimiento. La quijada y la piedra ensangrentada, como testimonio, fueron remitidas a Madrid.

A instancias del gobernador Mendoza, fueron encontradas las limosnas reunidas para esta nueva fundación en un paraje muy distante de Sonoyta; que no se ha podido identificar.

Aunque la misión de Sonoyta fue destrozada durante la revuelta pima de 1751, el sitio fue reconocido por los indios pápagos y medianamente reverenciada por éstos. Pero, un rico negociante de Ajo, Arizona, mister Levy, aseguro un permiso para excavar el lugar en busca del tesoro jesuita; que si acaso existió, no puede haber sido más que las limosnas que guardaba el padre Ruhen, pero ¿quién las pudo haber enterrado? Si las encontraron los hombres del gobernador deben haberlas entregado al gobernante. Pero mister Levy encontró un labrador mexicano de nombre Ignacio Quiroz, quien era un observador experto y que desarrollaba un interés inmenso en la historia de la misión sonoytense. De los, conocimientos de Quiroz, adquiridos por medio de la tradición oral, mister Levy se tradujo en erudito sobre la misión de Sonoyta. Al excavar se encontraron arios esqueletos, uno muy grande, de cabello blondo y fueron encontrados debajo del sitio probable del altar. El esqueleto grande de cabello rubio, fue identificado sin duda alguna, como el del padre Ruhen; quedó duda sobre la identificación de los otros; como la mayoría de los documentos contemporáneos indican que cuando el padre murió estaba solo, no se pudieron reunir datos sobre las otras personas a quienes correspondían aquellos esqueletos. Un esqueleto posiblemente haya sido el del español que lo acompañaba, el otro el del mayordomo indígena de Ruhen.

Todos los huesos encontrados en las ruinas de la misión, se volvieron a sepultar en el sitio que hoy día consiste en un apilamiento de basura con una pequeña cruz encima, que periódicamente se recuerda con una corona.

Los moradores de Borsom, Alemania, alentaron el proyecto de impulsar la construcción de una capilla como monumento al hechos que aún duele en su recuerdo del venerable hijo de aquel pueblo europeo.

El 21 de abril de 1932, un señor de nombre Cipriano A. Estrada, solicitó al gobierno del Estado un permiso para realizar excavaciones en las ruinas de la misión de San Miguel de Sonoyta, Sonora, en busca de un supuesto tesoro y expone que ya lo había hecho al gobierno federal pero que la Secretaría de Gobernación, mediante oficio número 3440, de fecha 29 de enero de 1932 y firmado por el Lic. Andrés Landa y Piña, Jefe del Departamento de Migración, dijo al solicitante, que no correspondía a dicha Secretaria otorgar esa clase de permisos.

Con base en lo anterior, el C. Gobernador del Estado, envía al Presidente Municipal de Caborca el oficio número 4014 de fecha 29 de abril de 1932, exhortándole a que le informara si dichas ruinas no estaban comprendidas dentro de la Ley 3, expedida por el Congreso Local el 23 de mayo de 1931 (firma el Gobernador del Estado de Sonora Rodolfo Ellas Calles).

El Presidente municipal de Caborca, en escrito de fecha 7 de mayo de 1932, contesta al Gobernador: que considera que dichas ruinas no son del interés público. Por lo anterior el Gobernador, en oficio número 313/0/1, del 10 de mayo del mismo año del 32, concede permiso a Cipriano Estrada, para excavar en las ruinas de la misión de Sonoyta y le agrega: qué en caso de encontrar dicho tesoro, deberá dar al estado, la participación correspondiente establecida por la Ley.

Sé desconoce el paradero del señor Estrada, por lo que no se sabe qué fue lo que encontró pero fueron totalmente destrozados los vestigios que aún sobrevivían de la misión.

Con la reconstrucción de la capilla, las nuevas generaciones de Sonoyta y de Borsum, recordarán el martirio de uno de los hombres que con su afán de evangelizar, abrieron brechas a la civilización hacía este desértico rincón de México

Sonoyta, Son, Noviembre 22 del 2001.


FUENTES CONSULTADAS:

- DICCIONARIO DE HISTORIA, GEOGRAFIA Y BIOGRAFIA SONORENSES;
Francisco R. Almada
- EUSEBIO KINO, PADRE DE LA PIMERIA ALTA.
Charles Polzer
- DESCRIPCION DE LA PROVINCIA DE SONORA;
Ignacio Pfefferkorn
- LA OBRA DE LOS JESUITAS MEXICANOS;
Gerard Decormes
- MISIONES NORTEÑAS MEXICANAS DE LA COMPAÑIA DE JESUS;
Ernest Burrus
- MISION DE SAN MARCELO DE SONOYTA;
Ronald L. Ives
- LUIS DEL SARIC;
novela histórica de Enrique Rodríguez Mota Velasco.

- ARCHIVO GENERAL DEL ESTADO DE SONORA
- APUNTES; proporcionados por el profesor Franz R. Wicker Ditsch

1 El 22 de noviembre del año 2001, se cumplieron 250 años de la muerte del misionero jesuita Enrique Ruhen de origen alemán. Por lo anterior, los habitantes del pueblo de Borsum donde naciera el misionero, formaron en Sonoyta un Patronato para edificar una replica de la capilla donde ofició el padre Ruhen; esa capilla fue inaugurada precisamente en la celebración de los 250 años del homicidio de tan singular misionero y a quien esta dedicado este trabajo.

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ALAMOS EN LA HISTORIA DE SONORA
Por: Armando Quijada Hernández

Sobre la fundación de Alamos

En el libro Alamos de Sonora, don Manuel Santiago Corbalá asienta como hipótesis, tomada de un manuscrito del licenciado Francisco Elenes Almada, quien dice que Alamos fue fundada el 8 de diciembre de 1684, día de 1a Purísima Concepción .

En el mismo libro, el autor manifiesta, que:

".. .Fray Francisco de Carrissosa (comentario sobre el presbítero Francisco Sáenz de Carrizosa) da fe de que el día 13 de octubre de 1687, se votó por todos los mineros que fuera cabecera el Real Nuevo de Nuestra Señora de Guadalupe, que administraba el general Domingo Therán de los Ríos ....Mas se estima que este Real se levantaba en las márgenes del arroyo El Tábelo, donde se han encontrado ruinas de construcciones; sin embargo (dice Corbalá), voces autorizadas como la de don Fernando Almada,...afirman que la fundación de Therán de los Ríos fue en terrenos de lo que hoy es la ciudad de Alamos, en el lugar conocido como Loma de Guadalupe, de donde tomó el nombre el Real... " . (Comentarios).

Otro autor, con más méritos historiográficos que el señor Corbalá, el profesor Don Francisco R. Almada, dice:

Alamos (Fundación de), "hasta hoy no se ha podido precisar la fecha de fundación de la ciudad de Alamos, ni quién fue la autoridad real que dictó la orden respectiva. Estos acontecimientos se remontan al año de 1684, en virtud de que en el primer semestre del año siguiente, la concentración de vecinos demandó los servicios de un sacerdote que les impartiera los auxilios espirituales, siendo comisionado el presbítero Pedro de Barzelón, quien inició los registros parroquiales el día 12 de mayo de 1685. Siendo estos los documentos más antiguos que se han podido localizar, son importantes porque dan a conocer los nombres de algunos de sus primeros pobladores...

El misionero jesuita Eusebio Francisco Kino, en carta a la Duquesa de Aveiro, su protectora, fechada el 13 de febrero de 1687, describe la riqueza mineral de la nueva fundación que estaba realizando el general Domingo Therán de los Ríos. (Comentarios).

En mayo de 1769 llegó a Alamos el Visitador General de la Nueva España, Don José de Gálvez. Durante su estancia en este lugar autorizó la apertura del puerto de Guaymas, el establecimiento de una Oficina Superior de Hacienda, que estuvo a. cargo de Don Esteban Ventura de Beleña, para hacer efectivas las contribuciones, controlar los estancos, imponer los tributos y ejecutar toda clase de pagos.

El obispado de Sonora fue establecido en consistorio de 7 de mayo de 1779 por el Papa Pio VI. Su primer obispo, Antonio de Los Reyes, fue preconizado por el mismo Papa, el 11 de diciembre de 1780; fue consagrado en la parroquia de Tacubaya, el 15 de septiembre de 1782, por el arzobispo de México, Don Alonso de Haro y Peralta y tomó posesión de la mitra en el Mineral del Rosario, el 25 de febrero de 1783. Llegó a Alamos el 13 de mayo de aquel mismo año. Aunque el asiento de la sede episcopal le había sido concedido a Arizpe, entonces residencia del Gobierno de las Provincias Internas de Occidente, el obispo de Los Reyes determinó quedarse en Alamos. Con el obispo llegó a Alamos su sobrino Antonio Almada y Reyes, fundador de la emprendedora familia Almada. .

Por iniciativa del obispo de Los Reyes y el apoyo del intendente Don Pedro Corbalán, se inició la construcción de la iglesia de Alamos, siendo su primer arquitecto don Juan Ross, originario de Querétaro. La obra se interrumpió a la muerte del obispo. Se reanudó en 1793 con el patrocinio de Don Bartolomé Miguel Salido, Don Juan Manuel Ortiz y otros vecinos, bajo la dirección del arquitecto San Martín, originario de Durango.

Fray Antonio de Los Reyes fundó la primera escuela elemental de Alamos en 1784, siendo el precursor de la educación pública en lo que hoy es nuestro Estado. También fundó aquí en Alamos una cátedra de Gramática Castellana y Latina, con la ayuda de los presbíteros José Almada y Reyes y Migael Antonio Cuevas.

La residencia del obispo de Los Reyes en Alamos ,pasó a ser propiedad de don Joaquín Urrea; posteriormente la habitó don Vicente Ortiz, padre del licenciado Carlos Rodrigo Ortiz Retes, gobernador de Sonora del lo. de septiembre de 1881 al 29 de octubre de 1882, y del doctor Alfonso Ortiz Retes, quien fuera el progenitor del famoso médico y cantante Alfonso Ortiz Tirado. Hoy, en esta propiedad se encuentran las instalaciones del Hotel Casa de Los Tesoros.

Por decreto del Congreso General del 4 de febrero de 1824, las antiguas provincias de Sonora y Sinaloa formaron el Estado Interno de Occidente, con capital en la villa de El Fuerte.

Los movimiento indígenas del yaqui y del mayo, entre 1825 y 1827, obligaron a trasladar los poderes del Estado de Occidente a Cosalá y después, por decreto del Congreso del Estado, se cambiaron al mineral de Los Alamos, dándosele categoría de ciudad, donde se instalaron el 10 de enero de 1828.

El vigor de aquellos movimientos indígenas y la influencia de las ideas liberales de la época y fueron causas determinantes para que el Congreso del Estado de Occidente, radicado en Alamos, el 30 de septiembre de 1828 decretara la Ley para el repartimiento de tierras de los pueblos indígenas reduciéndolas a propiedad particular, ley que fue sancionada por el vicegobernador, en funciones del Ejecutivo, Don José María Almada y Alvarado, rico minero y terrateniente de este lugar.

Aunque el espíritu de aquella ley aparentemente trataba de proteger a los indígenas, dándoles en propiedad tierras comunales, la experiencia demostró, que poco a poco, aquellas tierras fueron pasando a manos de propietarios blancos.

A propósito de tierras, la Tesorería General del Estado publicó en 1889 la obra: Títulos de terrenos correspondientes a Sonora y Sinaloa, donde encontramos que el más antiguo de los títulos consignados perteneció al rancho Bacamaya, en Jurisdicción de Alamos, con una extensión de 2 sitios, aproximadamente 3510 hectáreas, otorgado en 1718 a favor de Francisco Javier Valenzuela .

Volviendo a Don José María Almada y Alvarado, en 1833 propuso al Gobierno del Estado, admitir en el laborío de sus minas a presidiarios, aduciendo como ventajas, darles una ocupación útil con el menor gravamen posible para la Hacienda Pública. Esta propuesta dio motivo para que el Congreso del Estado decretara:

"Que se declaraba provisionalmente lugar de detención para los reos condenados a presidio, la mina Balvanera o Promontorio, perteneciente a Don José María Almada, cita en La Aduana, Jurisdicción de Alamos".

" Que los jueces de primera instancia que tuvieran reos sentenciados a esta pena los remitieran al indicado lugar, debiendo Don José María Almada otorgar el correspondiente recibo por cada uno que se le entregara, quedando desde luego bajo su inmediata responsabilidad".

"Que de los tres reales diarios ofrecidos por Don José María Almada como salario a cada uno de los presidiarios, se le entregarán dos, reservando el otro para el pago de la tropa que hubiere de custodiarlos".

"Dado en Arizpe el 26 de octubre de 1833. El Gobernador, Manuel Escalante y Arvizu" .

Desde la creación del Estado Interno de Occidente, en el año de 1824, se manifestaron intereses encontrados en cuanto a la unión y separación de las provincias de Sonora y Sinaloa que lo integraron. De 1826 a 1831, las fuerzas políticas lucharon con mayor frecuencia a intensidad, hasta lograr la división, mediante decreto de las Cámaras Generales del 13 de octubre de 1830.

Meses antes, el 4 de abril de aquel mismo año de 1830, se reunieron el Ayuntamiento y los principales vecinos de la ciudad de Alamos, con el fin de manifestar al Gobierno del Estado sus deseos de formar parte del Estado de Sonora cuando se separara de Sinaloa.

Después de exponer amplias consideraciones, los habitantes de Alamos
patentizaron:
"...Alamos quiere pertenecer a Sonora, porque sus costumbres, intereses, genios y preocupaciones se identifican mejor que con Sinaloa. Alamos quiere pertenecer a Sonora, porque a corta distancia le queda el puerto de Guaymas, uno de los mejores de la República. Alamos quiere pertenecer a Sonora, porque a sus puertas tiene a los ríos Yaqui y Mayo, siendo de advertir que algún día sus proyectos llamarán la atención del mundo entero. Alamos quiere pertenecer a Sonora, para tener siempre segura su existencia. Alamos quiere pertenecer a Sonora, porque sabe que no le hace falta a Sinaloa. Alamos, en fin, quiere pertenecer a Sonora, porque como pueblo libre manifiesta lo que le es más conveniente."

Este documento fue suscrito por el Presidente Municipal, José María Retes; el Alcalde Primero en turno, Juan Salvador Esquer; Regidor, Juan José Palacios; Regidor, Ignacio Gómez; Síndico, Miguel Véjar; Secretario, Felipe Gil. Vecinos: N. Luceros, Ignacio Almada, José Juan Almada., Pascual Gómez De La Madrid, Ramón José Salido, J. Anastasio Peyro, Manuel Retes, Máximo Peyro, Luis Urrutia, Pedro Mazón, Rafael Ceballos, Ignacio Güereña, Juan José Miranda, Jesús Véjar, Juan Francisco Palomares, Francisco Antonio Tellechea, Vicente Bonilla, Ildefonso Ceballos, Bruno Esquer, Manuel Salazar, José Antonio Feirá, Antonio Gil, Francisco Torres, Bartolomé Miguel Salido, Miguel de Rivera, Gregorio García, Francisco Gutiérrez, Manuel Palomares, Mauricio Echegaray, Francisco Avilés, José María Valdez, Isidro Rodríguez, Saturnino Rodríguez.

Con fecha 30 de septiembre de 1830, la legislatura del Estado de Occidente expidió la Ley No. 169, mediante la cual el Partido de Alamos se segregaba del Departamento de El Fuerte y se anexaba al de Horcasitas y como el Decreto General de 14 de octubre del mismo año, complementaria al del día 13, que dividió al Estado de Occidente, dispuso que el Estado de Sonora se formara por los Departamentos de Arizpe y Horcasitas y el de Sinaloa con los de El Fuerte, Culiacán y San Sebastián (Concordia) por ello, desde entonces, el Partido de Alamos tomó parte de Estado de Sonora .

Existe una obra muy citada por autores extranjeros que visitaron Sonora en el siglo XIX. Esta obra fue escrita por Juan Miguel Riesgo y Antonio J. Valdés e impresa en Guadalajara en 1828 con el título: Memoria Estadística del Estado de Occidente.

Riesgo y Valdés describen a la ciudad de Alamos diciendo:

"...Este pueblo se conocía hasta fines de 1827, con el distintivo de mineral; pero la H. Legislatura del Estado (de Occidente) le ha distinguido con el título de ciudad y el rango de capital del Estado, con residencia de los Poderes Supremos".

"El terreno en que está ubicada esta ciudad es monótono en su aridez, cercado de cerros y sin un río que bañe sus inmediaciones; la vista se fatiga en vano en buscar árboles que le deleiten la imaginación; sólo el incentivo poderoso de las minas pudo inducir a los hombres a reunirse en este lugar...El área de la ciudad es tan reducida, a causa de los cerros, que las casas no están separadas, formando el centro lo principal...y aunque las calles son irregulares, las casas están adornadas con portales, que contribuyen a su bella apariencia, frescura y comodidad" .

"La plaza es de regular extensión y la iglesia es la mejor del Estado...Algunas de las canes están empedradas y a un extremo de la ciudad hay una alameda formada por dos hileras de álamos..."

"...El comercio crece visiblemente,...Hay porción de vecinos acaudalados con sus empresas de minas; la población progresa y lo que es muy laudable, que prevalece cierta tendencia a la unión y civilización".

"Antes de la última revolución de los yaquis (1823-1827), el vecindario de esta Jurisdicción comprendía más de cincuenta haciendas y ranchos, pero gran parte de estas posesiones fueron arrimadas y se van reponiendo progresivamente".

"Alamos es susceptible de mucho adelanto por la suma riqueza de sus minerales y por su temperamento por lo general sano" .

En Notas sobre el Estado de Sonora y Sinaloa, escrita por el Coronel Bourne, se refiere a Alamos como:

"...Un magnífico pueblo, entre los ríos Mayo y Fuerte...Tiene algunas minas famosas...de varios propietarios, siendo los principales los de la familia Almada, cuatro hermanos que se dice que cada uno posee cuando menos medio millón. El mayor, José María, tiene en su casa más de 500 barras de plata. Las minas de Alamos,...con vetas de entre seis y ocho varas de anchura y minerales de 14 a 30 marcos de plata por montón, generalmente beneficiados por amalgamación. Las minas y labores de beneficio están a 5 leguas al norte de la población y otras al sureste. Algunas calles están bien pavimentadas y las casas construidas de piedra o de ladrillo con estuco blanco. Las que rodean la plaza son de arquitectura moderna y pertenecen a los principales mineros y comerciantes. En Alamos hay muchos capitalistas con 200 a 400 mil "dólares" en plata y oro y se me a informado que los comerciantes y mineros tienen por lo menos 6 millones de dólares en numerario y barras. Las provisiones son excesivamente caras...
Se recibe trigo y maíz des Ures, Dolores y Oposura. Los habitantes de Alamos viven suntuosamente. Su carácter difiere de los de la Alta Sonora, ya que son orgullosos, reservados a insociables y no tienen más diversión que el juego de naipes. La iglesia es un edificio muy elegante y apenas fue terminada en 1826. La Alameda es un paseo agradable, con bancas de piedra. La milicia la componen dos compañías de voluntarios, con cerca de 200 hombres, al mando de Don Francisco Almada. Su población se estima en 6 mil almas y de 3 a 4 mil trabajan en las minas. Alamos es famoso porque allí vive la mujer más bella de la República Mexicana, hija de un respetable comerciante" .

De 1864 a 1896 funcionó en Alamos una Casa de Moneda, donde se acuñaron de 1872 a 1890, 471 mil 271 pesos en oro y 15 millones 289 mil 451 en plata.

Cuentan las crónicas que del 15 al 18 de octubre de 1868 llovió tanto en esta región, que las partes bajas de la población se inundaron, desplomándose más de cien casas y parecieron cincuenta personas.

En la última década del siglo XIX, Alamos era después de Hermosillo y Guaymas, la ciudad más próspera del Estado. Contaba con un hospital civil, escuelas primarias y secundarias, un mercado municipal y servicio de agua potable. El Palacio Municipal fue edificado durante la administración de don Ignacio L. Almada, inaugurado el 5 de mayo de 1899 por Don Ramón Corral, entonces gobernador del Estado.

La actividad ganadera ha. sido importante en Alamos desde sus primeros
tiempos, tanto en la alimentación de sus habitantes, como en el trabajo de las minas, la topografía de la región sólo ha permitido el desarrollo de la agricultura en pequeña escala, pero el comercio y la arriería tuvieron auge en los tiempos de gran explotación minera.

Al iniciarse el siglo que está por terminar, las minas de Alamos decayeron y muchos de sus pobladores emigraron, particularmente a las comunidades de los valles agrícolas del mayo y del yaqui.

Serniabandonado Alamos, a la. mitad del siglo inició su resurgimiento, siendo notable la afluencia de inmigrantes angloamericanos.

Entre las muchas personas connotadas, originarias de Alamos, sólo nombraremos al humanista y científico jesuita, José Rafael Campoy (1723-1777); la filántropa Justina Almada de Urrea (1815-1892); Bartolomé E. Almada, político republicano (1.817-1889); José María Tranquilino Almada, Prefecto Imperial 1865 (1822-1866), Gregorio Almada, educador y militar conservador (1819-¿?), José María Almada y Alvarado, gobernador del Estado de Occidente (1791-1866); Margarita Almada, poetisa (1860-1943), Félix María Zuloaga, Presidente Interino de la República 5859 (1813-1898), Dr. Alfonso Ortiz Tirado, médico y cantante (1894-1960); María de Los Angeles Félix Güereña, actriz nacida. el 8 de abril de 1914.

Alamos, es la ciudad más bella de Sonora. Aquí se respiran los aires más puros de nuestro pasado colonial, de .nuestro mestizaje cultural, de nuestra, identidad. Hoy, en Alamos ha desaparecido la riqueza minera de otras épocas, pero el Alamos de hoy ha sabido conservar otra riqueza, más estable, más firme, imperecedera, la riqueza de los valores humanos de su gente.

1. Manuel Santiago Corbalá Acuña. Alamos de Sonora. Edición particular. Méxiec7, D.F. 1968. Pág. 23.
2. Ibid
3. Francisco R. Almada. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorense. Ed. del I.S.C Hermosillo, Son., 1990. Pág.19.
4. Ibid. Pág.603
5. Títulos de terrenos correspondientes a Sonora y Sinaloa. Imprenta del Gobierno de Sonora. 1889. A.H.G.E.S.
6. Apuntes sobre Minería en Sonora. 1821-1841. Armando Quijada Hernández. Ponencia X Simposio de Historia de la S.S.H. Hermosillo, Noviembre de 1997.
7. Sonora: Génesis de su soberanía. Armando Quijada H. Ed. Gob. de Sonora. Hermosillo, 1981. Pág. 78.
8. Francisco R. Almada. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorense. 3a. Ed. I.S.C. Hermosillo, 1990. Pág. 464
9. Francisco R. Almada. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorense. 3a. Ed. I.S.C. Hermosillo, 1990. Pág. 464
10. México en 1827. Henry George Ward. F.C.E. 1981. Pá8. 753-778

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SONORA CUATRO SIGLOS DE MINERIA

Dr. Juan Manuel Romero Gil
Universidad de Sonora
Sociedad Sonorense de Historia A.C.

Al Ing. Francisco Pliego Galicia.

El libro Sonora cuatro siglos de minería, que recoge en ochocientas ochenta y ocho paginas los cincuenta trabajos presentados en el X Simposio de Historia Regional, evento coordinado por la Sociedad Sonorense de Historia, tiene, a nuestro juicio, un muy aceptable calidad editorial. El formato y las fotografías que lo ilustran hacen mas fácil el viaje del lector por las diferentes temáticas que arrojan cuatro centurias de actividades y producción minera. Vale asimismo resaltar su amplio contenido bibliográfico lo que, sin duda, contribuye a incrementar el interés por continuar desentrañando los secretos de la minería regional.

Los dos volúmenes de la obra que ahora comentamos, son un caleidoscopio temático, a saber: tecnología, mercado, fuerza de trabajo, producción políticas de fomento, legislación vida cotidiana, educación, mitos y leyendas. Alrededor de estas temáticas se conjuntó el trabajo de disciplinas, profesionales y enfoques diversos. Participaron en esta tarea de exhumación del pasado y prospectiva del futuro de la minería sonorense, estudios y ensayos de: historiadores, antropólogos, abogados, agrónomos, arqueólogos, normalistas, ingenieros, geólogos, mineros y maestros y maestras de la vida.

Igualmente, en la explicación del desarrollo histórico de la minería y de su deber se dieron la mano rudos y técnicos de la historia local, es decir, hubo una fusión de investigadores, estudiosos y cronistas. Por los temas que se abordaron y las fuentes que se utilizan, ahora publicados, se trata de una coexistencia pacifica y de fronteras porosas.

Vale decir, además, que en los cincuenta trabajos existen hilos conductores, en temas y temporalidad, que le proporcionan unidad a la obra. Así, vale comentar que los ejes que articulan las flexiones y explicaciones sobre la minería sonorense son:

· La idea de que la colonización tardía del Noroeste de México, siglo XVII, se explica a partir de la búsqueda de metales preciosos por parte de exploradores españoles, lo que dio lugar a la formación de reales de minas, algunos de efímera existencia y otra de vida secular como Alamos.

· La aceptación de que la minería fue la columna vertebral para muchas áreas, zonas y regiones de Sonora, pues puso en movimiento capitales, población, mercancías y una infraestructura de comunicaciones y transportes.

· La hipótesis de que la explotación de recursos minerales, particularmente oro, plata y cobre, resultó en los tres momentos de modernidad que ha experimentado la región, a saber, época borbónica, porfiriato y ultimas décadas del siglo XX, el catalizador de grandes cambios económicos, sociales y tecnológicos.

· Señalar que la minería como fuente inagotable de riqueza, cuya existencia estaba a flor de piel en cualquier cerro o promontorio de la vasta y dilatada geografía de Sonora, dio pie a utopías coloniales e imperiales, y a venturas y desventuras empresariales. La realidad terminaba por derrotar sueños y quimeras.

· El trabajo minero, especialmente en la veta serrana, contribuyó a sedimentar la cultura regional bajo diversas maneras: sea en la habla popular, en festividades religiosas y mudanzas, en la literatura y en las leyendas y mitos que procede el imaginario colectivo.

· En el desarrollo histórico de la minería, un hilo en los trabajadores de esta obra, mas invisible que los otros, es la coexistencia de dos mundos en apariencia opuestos: el tradicional y el moderno; esto explica, que en una época como la actual de sofisticada modernidad cibernética en la búsqueda de yacimientos minerales, se reconozca también la experiencia y el conocimiento del gambusino, personaje que encarna la tradición y la sabiduría popular.

· El carácter pendular de la actividad minera, aspecto que le venía de sus estrechos vínculos con el mercado internacional. Así las crisis que se originaban en los principales centros financieros del obre provocaban un efecto de dominio que arrastraba a los centros mineros y áreas adyacentes, como rancherías y zonas de mercado, llevando a la economía de Sonora a una situación de bancarrota con sus consecuentes problemas sociales: hambre, robo y violencia.

· El estudio de la minería sonorense permite contrarrestar dos mitos de la histografía: el del aislamiento y de una sociedad precaria. Varios de los trabajos publicados dan cuenta de los momentos de bonanzas en la producción mineral.

Ahora bien, encontramos que todo este conjunto de ideas e hipótesis sobre el desarrollo de nuestra minería se ubica en los grandes periodos de nuestra historia: Colonial, México siglo XIX y siglo XX; en éstos periodos los trabajos se cargan más a los últimos años del régimen novohispano, al porfiriato y a los años más recientes 1970-2000, particularmente a las grandes compañías cupríferas de Cananea y Nacozari. No obstante, se inicia una explicación sobre los claroscuros de la historia regional, especialmente la que tiene que ver con el siglo XIX.

Así, la obra contiene trabajos -ensayos de explicación - acerca de la situación que privó en la minería en los años posindependencia; otros estudios novedosos intentan explicar las consecuencias, dentro y fuera de Sonora, de la fiebre de oro californiana, momento parteaguas para la economía del Noroeste. Igualmente, en otro ensayo se propone una explicación sobre los años más perdidos del decimonónico, desde un punto de vista económico, los que van de 1850 a 1880, momento embrionario para el despegue y modernización que experimentara este sector en las ultimas décadas del siglo.

A propósito de claroscuros, cabe señalar que es notoria la ausencia de trabajos que borden sobre los años setenta del siglo XX, periodo muy rico en temas, pues experimentamos dos guerras mundiales, la devastadora crisis del 29, el surgimiento del sindicalismo minero, los cambios en el trabajo que pasa del socavón al cielo abierto, la mexicanización de la minería, entre otros temas.

En un sentido más particular sobre los trabajos que contiene los dos volúmenes, a guisa de ejemplo señalo que el lector encontrará lo siguiente: comprenderá que la actividad minera en mano de los españoles se fecha hacia 1646 con el registro de los primeros reales de minas, en particular el de Nacozari; asimismo conocerá que en algunas zonas mineras hubo necesidad de traer esclavos negros y en otras se incorporo a los indios en un rudo sistema laboral. Se entenderá del fracaso de José de Gálvez en su intento por formar una compañía de fomento minero.

En este recorrido, comprenderá la grandeza y tentación de los placeres de oro, como fue el caso del "Real de la Cieneguilla", que en su vorágine alcanzó una población de 17 mil gentes, que incluía aparte de gambusinos a varilleros, religiosos y prostitutas. El lector podrá enterarse del contrabando como una practica funcional a la economía minera de Sonora, pues era una respuesta a los pesados gravámenes de ensaye, quinto y amonedación. Iniciada la segunda mitad del siglo XIX, se rescata la mirada de los viajeros sobre Sonora. Es el caso del geógrafo francés Malte-Brun, que no obstante que nunca pisa tierra sonorense ofreció datos muy cercanos a la realidad que privaba en la minería de aquel tiempo.

En una obra como la que estamos comentando es importante el rescate de fuentes y archivos familiares. Los trabajos sobre P. Chisem y Juan Pedrazzini, extranjeros avecindados en Sonora, dueño el primero de la talabartería Excelsior de Guaymas, mientras que el segundo de la Pedrazzini Gold Silver Co. De Arizpe. Con base en diarios y cartas de ambos, utilizados por sus descendientes, es posible comprender las vicisitudes de los empresarios mineros de fines de siglo XIX. Colateralmente obtener una visión sobre el problema de los apaches. Que, como se sabe, impedirán el aprovechamiento de dos tercios del suelo sonorense.

En estas visiones no podían faltar los estudios que escudriñan la vida cotidiana, es decir, buscar el lado humano de la actividad minera. Con este lente del historiador híbrido, entre rudo y técnico, se publica un trabajo que nos aproxima al ambiente social en que se debatía la vida del minero afines del régimen colonial y primeros años del México independiente; su estudio nos ayuda a conocer sobre el vestido, sus cuitas y sus penas, curadas con una dama Juana de mezcal y una buena compañía femenina. También, para los amantes de los estudios de géneros, rescata amazonas que laboran en los placeres por rumbo del Altar.

Estos son algunos de los muchos temas que contiene la obra Sonora cuatro siglos de minería, la intención de mi parte fue ofrecer algunas pistas con relación a su contenido. Queda a ustedes identificar a sus autores. No me queda más que agradecer a Virgilio López y a César Quijada, no que me hayan invitado de comentarista, sino por su labor editorial que nos parece bien lograda.




Presidente
ARQLGO. CÉSAR QUIJADA

Vicepresidente
PROFR. ANGEL ENCINAS BLANCO

Tesorero
DR. HUGO PENNOCK BRAVO

Secretario
PSIC. EDUC. SARA OSUNA

Vocales
MTRO. MARIO CUEVAS ARÁMBURO
MTRO. JUAN JOSÉ GRACIDA ROMO
MTRO. NICOLÁS PINEDA PABLOS
ANTROP. JOSÉ RENÉ CÓRDOVA RASCÓN

BOLETÍN DE LA S.S.H.
ÓRGANO OFICIAL DE LA SOCIEDAD SONOREN-SE DE HISTORIA, A.C. APARECE TRIMESTRALMENTE

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